
Despistes en el camino de la parodia
Matar o morir ( Shoot ´Em Up , EE.UU./2007, color; hablada en inglés). Dirección: Michael Davis. Con Clive Owen, Paul Giamatti, Monica Bellucci, Stephen McHattie, Greg Bryk. Guión: Michael Davis. Fotografía: Peter Pau. Música: Paul Haslinger. Edición: Peter Amundson. Presentada por Distribution Company. Duración: 86 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: regular
No han pasado cinco minutos de proyección y ya está clara cuál es la intención del guionista y director Michael Davis: exagerar hasta el exceso y el disparate todos los componentes del film de acción partiendo del vértigo de los videojuegos, poniendo un ojo en las hipérboles de Sergio Leone y otro en la violencia hiperrealista de John Woo y multiplicando las dosis de sadismo y de presunto humor negro; todo con el hipotético propósito de remedar satíricamente al género, o mejor, parodiarlo del modo más fácil e irreflexivo para darles el gusto a plateas varoniles más bien adolescentes. En otras palabras: una sucesión interminable de tiroteos y enfrentamientos de todo carácter entre un héroe hipercool (Clive Owen) y un ejército de asesinos disciplinados que siguen tan al pie de la letra las órdenes de su lunático y sanguinario jefe (Paul Giamatti) que apenas tienen tiempo de hacer un par de disparos antes de convertirse, también ellos, en cadáveres.
A bala limpia
Debe imaginarse que detrás de todo este ruidoso e incesante festival de tiros, brutalidad, sangre, sadismo y gratuitas referencias al cine de acción y a Bugs Bunny, entre otros cartoons (el protagonista ha reemplazado el cigarrillo por la zanahoria, hortaliza que llegado el caso también emplea como arma), existe alguna trama argumental. Es algo así: el duro protagonista debe proteger a una mujer embarazada perseguida por los malhechores, asistirla (a bala limpia) en el parto, hacerse cargo del bebe, contratar a una prostituta como nodriza y seguir respondiendo a los ataques de los malvados, empeñados ahora en matar al nene, cuya congénita afición por el heavy metal atiende generosamente la banda sonora.
El porqué de ese empecinamiento importa todavía menos a esas alturas del disparate: tiene que ver con una conspiración en la que se mezclan la política, los trasplantes, los recién nacidos y el negocio de la venta de armas.
El film es tan violento como sórdido y amoral, pero, además, más allá de su cuidado lenguaje visual y su ritmo sostenido a fuerza de balas, incurre en varios despistes, algunos por superficialidad o irresponsabilidad, como sus gags sádicos y su exaltación de la crueldad; otros por torpeza, como el repetido chiste de las llamadas telefónicas del villano o la desdichada elección de una embarazada y un bebe como blanco de los ataques. Resulta así una parodia fallida, que se hace larga a pesar de sus 86 minutos y que -quizá, su peor pifia- se cree mucho más ingeniosa, atrevida y ocurrente de lo que es.






