
Despliegue visual en el regreso de Puenzo
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"La puta y la ballena" (Argentina-España/2003). Dirección: Luis Puenzo. Con Aitana Sánchez Gijón, Leonardo Sbaraglia, Miguel Angel Solá, Mercé Llorens, Lydia Lamaison, Eduard Nutkiewicz, Belén Blanco y otros. Guión: Luis Puenzo, Lucía Puenzo y Angeles González-Sinde. Fotografía: José Luis Alcaine. Música: Daniel Tarrab y Andrés Goldstein. Dirección de arte: Mercedes Alfonsín. Presentada por Buena Vista International. Duración: 130 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
Con una crisis matrimonial a cuestas, el temor a un cáncer y la posibilidad de escribir un libro con unas fotografías registradas por un argentino muerto en la Guerra Civil Española, Vera se halla en un punto de inflexión en su existencia. De su Madrid natal ella viaja a Buenos Aires aferrada a la esperanza de desentrañar el secreto de una ballena que se varó en la playa y de una corista catalana que llegó a tierras patagónicas muchos años antes de este presente que, para Vera, significa el acercamiento a la muerte y la imperiosa necesidad de escribir ese libro que, cada vez con más asombro, podrá contener una lejana historia que se emparienta con su dolor de hoy.
En las desoladas tierras de la Patagonia el pasado se entronca con este devenir actual de Vera, signado por la soledad y el desamparo. ¿Qué le deparará a Vera esta minuciosa pesquisa en torno de aquella ballena y de aquella corista que, décadas atrás, se convirtieron en tragedia? ¿De qué manera la escritora irá descubriendo que su existencia se avecina cada vez más con la de Lola, esa joven prostituta para quien no existieron a límites a sus deseos? El guión recorre estas dos historias paralelas, nunca subordinadas una a la otra ni relatadas por sus personajes, y que estallan en la pantalla con una gran fuerza creativa, a veces convertidas en un preciosismo demasiado desbordado, inmersas en los recuerdos, el dolor y la proximidad de la muerte.
Luis Puenzo se jugó una difícil carta con esta trama que le pertenece en colaboración con Lucía Puenzo y Angeles González-Sinde. Recientemente, el director dijo: "Este relato no puede expresarse sin lo visual". Nada más acertado. "La puta y la ballena" es pura visualidad en la que se apoya con notables trabajos de Mercedes Alfonsín en la dirección de arte y de José Luis Alcaine en la fotografía. Pero el realizador de "La historia oficial" se dejó tentar en demasía por ese brillo que emana de cada escena y de la perfección del montaje y descuidó en parte el relato, que cae en el pecado de la grandilocuencia y de un metraje que pedía mayor concisión.
Film singular y esforzado
A pesar de estos desniveles, "La puta y la ballena" no se debe descartar como un film tan singular como esforzado. Todo en él relumbra por su apego a la superproducción -receta más que conocida en la obra de Puenzo-, y permite adherirse a su siempre tenaz sociedad con la más desbordada imaginación. Si se pretende resumir el contenido argumental de esta película, deberá caerse en la simple frase de que se trata de una historia de amor. Y a partir de ella juega el pasado con el presente y la amargura de lo cotidiano con los entretelones de un ayer poblado de preguntas que se ovillan entre la desolación, los celos y ciertos resquicios de misterio.
"La puta y la ballena" se distingue también por las excelentes labores actorales. Aitana Sánchez Gijón da vida y pasión a esa Vera en la que conviven el miedo y la férrea voluntad de enfrentar el presente. Leonardo Sbaraglia aporta su sólido oficio a un fotógrafo que declama el amor sin ataduras, en tanto que Miguel Angel Solá compone con íntima convicción a un bandoneonista que desarrolló su olfato y su tacto en contraposición a unos ojos que apenas ven luces y sombras. En un breve personaje, Lydia Lamaison vuelve a demostrar su auténtica calidez. De este reparto sin fisuras sobresale, sin embargo, Mercé Llorens como esa prostituta necesitada de comprensión y de ternura en medio de un clima prostibulario en el que el tango y el patetismo rodean un ayer poblado de incertidumbres y de desconsuelo.
Con este film Puenzo demuestra, una vez más, que sabe desconectarse de lo banal para insertarse en tramas que hablan de dolor y de amarguras. "La puta y la ballena" posee elementos para la controversia, pero no hay duda de que hay en la nueva producción de Puenzo el necesario y visceral deseo de llevar al cine historias que sacudan y permitan la reflexión del espectador. Lo que no es poco en la ascendente cinematografía nacional.



