Diego, un personaje de película
Maradona-La mano de Dios es una versión aligerada de la vida del futbolista
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ROMA.- Cinco de la tarde de un viernes gris. Frente al cine Adriano de la plaza Cavour, en el centro de Roma, un periodista y un camarógrafo de la RAI están al acecho. Esperan que salgan los primeros espectadores del apenas estrenado Maradona-La mano de Dios , del cineasta Marco Risi (hijo de Dino Risi), film sobre "un genio condenado a no tener una vida normal".
Al margen de que Diego Maradona es y será siempre un mito, su última caída -la internación en Buenos Aires-, vuelve a despertar un voraz interés mediático. Aunque son pocos los que han visto la película -la primera función ha sido a las 15.10 de ayer, y como es común a esa hora de un día de semana, la sala estaba medio vacía-, un sentimiento común parece unir a esos desconocidos. Todos coinciden en que no les gustó demasiado la película, y todos son fanáticos de Maradona -"el mejor", dicen-, más allá de los terribles dramas personales vividos, su adicción, sus caídas en el infierno, que durante la película se entremezclan con la epopeya futbolística de alguien irrepetible.
"Yo soy fan de Maradona; soy argentina. Nací el 30 de octubre, como él, pero no me gustó mucho la película", dice a LA NACION Cristiana Dolce, una porteña de 36 años que vive y trabaja en Roma. "No me gustó cómo está contada la historia, con demasiados flash-backs... Me hubiera gustado algo más lineal", agrega.
"Pero estoy contenta de que hayan hecho una película sobre él porque es un ícono, y no hay nada que se le parezca. Lamentablemente, él no estaba preparado para manejar todo el dinero y el poder, y tiene una personalidad adictiva. Pero bien o mal, es una persona que nos representó a todos los argentinos en el mundo, y de eso estoy orgullosa", concluye Cristiana, que admite que sí, durante la película, en varios momentos se emocionó.
Hundidos en las cómodas butacas del Adriano, en la penumbra hubo varios que, en momentos dramáticos -como cuando en pleno Mundial del 94 en los Estados Unidos, a Diego, que buscaba ahí su gran rescate, le encuentran efedrina-, soltaron una que otra lágrima. "Me cortaron las piernas", dice una y otra vez un destrozado Maradona, interpretado a la perfección por el actor italiano Marco Leonardi (el que había saltado a la fama de chico actuando en Cinema Paradiso ).
"Sí, la verdad es que por momentos me hizo llorar la película, pero no me gustó. No sé; no me preguntes por qué; tendría que verla dos veces más, pero no sé... No me llenó", dice a LA NACION Rubén Bolos, otro porteño de 57 años, que vive desde hace seis años en Italia.
"Esperaba algo mejor de la primera película que se hace sobre Maradona... Ojo: es una historia que todos conocemos. El pibe hizo todo demasiado rápido y la plata lo mareó, pero le falta algo; está demasiado inflada", agrega.
La película, que dura 113 minutos (por lo que se hace un poco larga y tiene momentos quizás un poco telenovelescos), tiene un casting casi totalmente argentino. Fue filmada durante nueve semanas en Buenos Aires y una en Nápoles, y se desarrolla a partir de un flashback. Es la noche de Año Nuevo de 1999, cuando en una fastuosa casona de Punta del Este el protagonista tiene un paro cardíaco después de excederse con la cocaína. Enseguida, el astro es socorrido por Guillermo Coppola (Juan Leyrado) y Claudia Villafañe (Julieta Díaz). Una vez internado y entubado, Maradona recorre su vida, empezando por la pobreza de Villa Fiorito, donde de pequeño se enamora de un objeto que lo vuelve un ídolo: la pelota de fútbol. Juega con los Cebollitas. Jamás se olvida de su amada familia -Norma Argentina y Roly Serrano interpretan a doña Tota y don Diego-, y gracias a su temperamento e inmensa pasión, rápidamente alcanza la fama mundial, que junto con el dinero y las malas compañías terminarán arruinándolo.
Entre las mejores escenas del film, en el cual se destaca el simpático Gonzalo Alarcón, que interpreta a Diego niño, está la que registra el adiós de la familia Maradona a su más que humilde casa de madera y chapas de Villa Fiorito, y la llegada al lujo del chalet de Devoto, donde el padre no puede creer que de la ducha salga agua caliente.
En el film, que privilegia la atormentada relación entre Diego y Claudia -la mujer que siempre está, pese a las traiciones y las fiestas-, y la dependencia de la droga, hay muchas lágrimas y pocos goles. Marco Risi, además, elimina algunos elementos fundamentales en la vida de Maradona: por ejemplo, el hijo que tuvo con la italiana Cristiana Sinagra, los dos scudetti ganados en Nápoles, y la semifinal por penales en el Mundial de Italia 90.
Esto fue así porque el objetivo de Maradona-La mano de Dios -película en la que obviamente sí está la famosa escena del gol realizado en el 86 en el legendario partido contra los ingleses-, fue mostrar al Maradona hombre, una persona que logró el triunfo tan soñado, pero que finalmente fue víctima de sí mismo.
"No quería convertir a Maradona en un héroe, pero es un hombre que me cae simpático. Alguien que toma cocaína nos puede dejar algo perplejos, pero él al menos no tenía cargos gubernamentales, y sólo se hizo mal a sí mismo", dijo Marco Risi a la prensa. "Cuando lo conocí, me encontré frente a mí con una persona inteligente, curiosa, rápida. Pero me dio la impresión de un hombre un poco solo, pese a estar rodeado de tanta gente. De todos modos, Maradona me gusta también porque siempre dice lo que piensa, en tiempos en los que todos dicen las cosas que los demás quieren oír", agregó.
La película termina con una dedicatoria que informa que Diego hoy está bien (algo que la casualidad del destino hizo que no fuera cierto).


