
Director y actriz unidos por el mismo deseo
Pablo Trapero, Martina Gusman y los desafíos
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Pablo Trapero, director, y Martina Gusman, actriz y productora ejecutiva, matrimonio en la vida real, viven el desafío de esta nueva aventura.
-¿Se consolidan los cambios que ya mostraste en Leonera ?
Pablo Trapero: -Más o menos. Digamos que no tengo mucha distancia para decir si hubo algún cambio. Lo que puedo decir de mis películas es lo que iba sintiendo mientras las hacía. En cuanto a proceso, creo que todas son muy similares, pero, aun así, todas muy distintas. En lo que coinciden es en personajes con desafíos muy fuertes. Siempre me gustó trabajar con géneros distintos, y en estas dos últimas ese diálogo de género está más claro.
-¿Cómo fue construir a Luján?
Martina Gusman: -El período de investigación para construir esta médica de emergencias que mete las manos en la sangre de los accidentes callejeros fue enriquecedor. Lo que ella pretende es salvar vidas de personas que para él son sólo clientes, y se convertirá en el motor que él necesita para redimirse.
-¿Dos personajes en fuga?
Martina Gusman: -Sí, puro presente. De ninguno de ellos sabemos cosas de su pasado ni interesa demasiado. Por un lado, quería tener en claro cómo era Luján, para poder jugar libremente su vida personal, su aventura de amor y fuga, con Sosa. Las referencias que tenía de médicos eran esquemáticas, y yo quería trascender el lugar trillado del médico.
-¿Y cómo lo lograste?
Martina Gusmán: -Compartiendo guardias médicas durante seis meses en el hospital Simplemente Evita, de González Catán. Planteé mi necesidad a las autoridades del lugar y aceptaron ponerme como practicante del emergentólogo de guardia. "Tenés que traer ropa de médico, un estetoscopio, un tensiómetro", me dijeron, y yo anotaba. Estuve haciendo con ellos guardias de 24 horas durante seis meses. Me impactó mucho el grupo humano, una especie de familia. Al principio, yo era la actriz, pero en poco tiempo fui una más, que se encargaba de juntar la plata para la cena y del "traeme el suero", y aprendí a ponerme los guantes, a cargar una jeringa, y hasta a cómo interrogar a un paciente. ¡Ah, y el humor negro de los médicos para poder soportar todo lo que viven allí! Me cambió por completo el concepto de la vida y de la muerte.
-¿Y cómo llegan a la historia de amor?
Martina Gusman: -Hubo mucho trabajo de mesa con Ricardo y Pablo. Para mí, la película tiene más el punto de vista de Luján, que observa a Sosa, aunque el relato de alguna forma comience con él. Fue un verdadero trabajo en equipo.
Pablo Trapero: -El punto de partida del guión era trabajar una historia de amor en este universo tan intenso con personajes de los que generalmente se tienen muchos preconceptos. La película supera los estereotipos: intenta construir personajes fuertes en una historia de amor. Ella no está haciendo lo que quiere y él nunca pudo hacer lo que quiere: ese es su punto en común. Por un lado, un exterior intenso y violento, y por el otro, un interior en calma, sumido en la tensión. En eso hay una extrañeza en la que me gustaba ahondar. Es una película muy física. Quiero que el espectador se relacione por ese lado, que la gente se aferre a la butaca, que viva la misma tensión de Luján y Sosa en la historia. Todo un desafío.

