
Dormir al sol: en el nombre de Bioy
Tras varios años de trabajo, el director Alejandro Chomski terminó el film que había iniciado con el visto bueno del escritor
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Alejandro Chomski recorrió un largo camino hasta llegar al estreno de Dormir al sol , su versión de la novela homónima de Adolfo Bioy Casares, cuyo elenco encabezan Luis Machín, Esther Goris, Carlos Belloso y Florencia Peña. Mucho antes de este film, y gracias a otro, también inspirado en una obra del mismo autor (ver recuadro), el entonces veinteañero realizador conoció al escritor, de quien tuvo el visto bueno para llevar al cine la historia de Lucio Bordenave, un empleado cesante, dedicado al oficio de relojero, cuya gris existencia cambia drásticamente cuando internan a su esposa en un instituto psiquiátrico, y los límites entre lo real e imaginado se vuelven difusos.
"Recuerdo hasta el día de hoy la mano de Bioy en mi hombro, diciéndome «tenés que hacer Dormir al sol »", evoca el director durante la entrevista con La Nacion, acompañado por Esther Goris, quien en la película compone a Diana, la esposa de Bordenave, personaje interpretado por Machín. "Después de muchos años -agrega Chomski-, pude obtener finalmente los derechos de la novela y comencé a escribir el guión, que pasó por muchas etapas: fue finalista en Sundance y estuvo en los talleres Equinox. Hasta que pudimos conseguir la financiación y hacer la película, en 2009. Filmamos la versión 17 del guión."
-¿Cuál fue el punto de inflexión en el proceso de reescritura?
-El gran salto fue a partir de los talleres Equinox, donde los proyectos elegidos se trabajan con guionistas y productores de todo el mundo. Llegué con un poco de autosuficiencia, sintiendo que el guión estaba listo y volví con muchas notas, las colgué en un panel y comencé a reescribir. Pasé un año más reformulando el guión.
Esther Goris: -Siempre que hay un guión sobre una novela, hay un temor muy grande, por lo menos de mi parte, en el resultado. Pero este fue uno de los mejores guiones que llegó a mis manos en los últimos años.
-En la literatura de Bioy Casares, las situaciones de carácter fantástico son frecuentes y envuelven a gente común. ¿Ese aspecto es atractivo y a la vez, difícil de recrear en cine?
Chomski : -Sí. Había que encontrar un tono y una manera de encuadrar. Como si el cine fuera una puerta que se abre y entramos a un mundo nuevo, que es lo que le pasa al personaje de Bordenave cuando la mujer desaparece. La idea era tratar de entrar con él a ese mundo que ni él ni la audiencia conocen. Había que tratar todo el tiempo, en las actuaciones, de evitar el melodrama, el exceso de comedia o la actuación solemne.
-Bordenave es capaz de una gran entrega.
-Es un tipo gris, pero con la luz de tener un gran amor supremo por Diana, una mujer a la que considera imperfecta, pero ama sus imperfecciones. Lo que más me atrajo de la historia es esta voluntad del amor, de la cual Bioy Casares se ríe irónicamente, pero al mismo tiempo construye personajes que están muy enamorados. En ese sentido, aunque Bordenave sea un hombrecito, es un gran héroe.
-¿Sintió el peso de la figura de Bioy Casares?
-Hubo un momento en que fue como si le sacara toda la magia y el glamour que Bioy Casares tiene alrededor. Había que encarar la película con las leyes de la estructura dramática de un guión. Alejarse de la novela para hacer una película, con todo el amor, el respeto e inspiración que me da esa novela. Porque son dos lenguajes diferentes.
-¿Cómo define a su personaje, la esposa del protagonista?
Goris: -Lo que puedo contar es que por primera vez hice un personaje que hace lo que yo soñé siempre hacer: tomarme vacaciones de mí misma (sonríe). Esta película fue un gran desafío. Por lo pronto, me tocó hacer dos personajes. Y hay un misterio, cierta intriga que debíamos mantener, para que sea una historia disfrutable.
Chomski : -Los personajes en la película no son decididamente buenos o malos. Se mueven por sentimientos. Eso me parecía muy interesante de explorar.
-¿Cómo fue la reacción del público en los festivales en los que participó el film?
-Se reían en los mismos momentos los coreanos, los hindúes, los americanos, los brasileños, los cubanos, el público de Pantalla Pinamar. Eso me dio la pauta de que estaba funcionando. Por otro lado, se generaron distintas miradas: en Goa, por ejemplo, me preguntaron sobre la reencarnación; y en Estados Unidos me hablaban de una metáfora sobre los sistemas totalitarios que padecimos en Sudamérica; mientras que en Karlovy Vary surgió el tema de Kafka.
-También trabajó con Paul Auster para adaptar El país de las últimas cosas . ¿Cómo resultó la experiencia?
-Ahí es difícil alejarse de la novela, porque él no te deja. Y es totalmente entendible. Lo que pasa es que allí hubo un trabajo totalmente diferente. Porque Bioy desgraciadamente, no llegó a leer ningún guión de Dormir al sol . Pero hay que ver qué hubiera pensado? Sobre lo que sí habíamos charlado, y lo primero que tuvimos en claro, fue que había que buscar un tono buñuelesco para Dormir al sol . Un tono de comedia negra, que es el que tiene la película.
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