Dramática historia de amor y ternura
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Mi dulce Jinjiimaa (Mongolia/2002-2005). Dirección y guión: Ochir Mashbat. Con Natsagdorj Battsetseg, Purevdorj Tserendagva, Dorjotov Gantsetseg, U. Batbaatar y otros. Fotografía: Geserjav Mash. Música: Lhagvadorj Balkhjav. Presentada en DVD por Artkino. Hablada en mongol. Duración: 80 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
El cine de Mongolia, pese a su cuantiosa filmografía, es casi desconocido en la Argentina. Mi dulce Jinjiimaa viene, en parte, a reparar este olvido de los exhibidores locales a través de una dramática historia de amor y de ternura. Jinjiimaa, la protagonista de la anécdota, perdió el habla y la audición siendo una niña, tras ser violada por el presidente del partido político local, a quien ella mata para vengar el ultraje. Sukhee, un amigo de la muchacha, se declara culpable de ese asesinato y deberá cumplir una sentencia de seis años de prisión.
Tras quedar libre, Sukhee retorna a su granja y se reencuentra con Jinjiimaa y con su pequeña hija, víctima de la violación, y los tres vivirán en ese gélido ambiente hasta que el hombre, decidido a que ella pueda recobrar el habla y la audición, vende su ganado para costear la operación que necesita esa mujer para reconquistar, en parte, su felicidad perdida. Pero el destino es severo con estos tres seres silenciosos y deberán transitar una serie de desventuras que alejarán a Jinjiimaa tanto del hombre que la ama en silencio como de su hija, que crece amparada por el granjero.
Muchas son las aventuras, las desventuras y los desgarros emocionales de este trío que desea volver a unirse y reconquistar una dicha que le fue negada, y así, entre el paso del tiempo y las humillaciones que soportan tanto Sukhee como la hija de esa mujer perdida en el tiempo, el destino los volverá a unir en un trágico momento de sus vidas. El film recrea con emoción el paso del tiempo, recala en la bondad del granjero y en su empeño en hallar a la madre de la ahora adolescente muchacha y muestra la bondad de esos personajes que habitan un gélido clima que se une a las aventuras y desventuras de esos seres sedientos de cariño y de comprensión.
El director Ochir Mashbat logró acertar en la pintura de esta trama que habla de un amor que busca su atracción en ese nudo cálido y, por momentos sombrío, en el que el trío protagónico deberá resolver sus problemas afectivos a través del más emocionado camino de pudor y de ternura. Mi dulce Jinjiimaa queda, pues, como uno de esos relatos sinceros a los que son tan afectos los cineastas de Mongolia. Retratos, sin duda, dotados de una simplicidad que busca y halla la suficiente emoción del público, muchas veces alejado de una cinematografía que merece ser más conocida en la Argentina.


