
El cine inclasificable de Loza vuelve a resurgir con Malambo
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El inclasificable y multifacético (cine, teatro, literatura, televisión) Santiago Loza acaba de estrenar su más reciente largometraje, Malambo: el hombre bueno, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (que permanece inhabilitada por problemas de filtraciones de agua debido a las lluvias) y en el Malba (todos los sábados, a las 18). Tras su exhibición en el Festival de Berlín y en el reciente Bafici, Loza presenta en ambas salas (luego lo hará también en el Gaumont) esta película de ficción con impronta documental ambientada en el mundo del malambo profesional, es decir, con clases, ensayos y competencias.
El realizador de Extraño, Los labios y La Paz narra en blanco y negro la historia de Gaspar Jofré, un hombre que lucha contra sus problemas físicos (una persistente y dolorosa hernia), mientras se gana la vida con unos shows para turistas en cruceros y dando clases a niños y jóvenes (la transmisión de la tradición del zapateo de una generación a otra es uno de los ejes del film) con el objetivo de volver a los duelos en esa meca de la especialidad que son las competencias en la ciudad de Laborde.
Sin caer en el costumbrismo subrayado, el pintoresquismo, el patetismo o la mirada cínica y sobradora. Loza (re)construye un universo propio con relaciones humanas, elementos tragicómicos y, claro, vistosas coreografías de zapateo, bombo y guitarra.
"Lo primero que me generó este proyecto fue las ganas de confrontarme a mis prejuicios, ya que no tengo contacto con el folklore. Un malambista me resultaba tan lejano como un astronauta. Entonces comencé a investigar, fui a ver clases, me informé sobre la competencia en Laborde, leí el libro de Leila Guerriero, que es una maravilla, y luego surgió la idea de armar una ficción. Conocí a Gaspar, que se animó a actuar, y construí un guion que contenía el trayecto del relato, sabiendo que, como en otras películas, sería modificado por lo que sucediera en el rodaje. La elección fue contar la vida de Gaspar, más allá de la competencia. Una vida inventada, que tiene algunos puntos en contacto con la suya", dice Loza en diálogo con la nacion.
Con respecto a la elección estética, el prolífico realizador cordobés asegura: "Siempre vi la película en blanco y negro, tal vez para alejarme de cierto pintoresquismo que pudiera aparecer. Sentía que esa imagen era más austera, sintética y tenía cierto anacronismo. La película es una especie de cuento que va más allá del malambo y esas imágenes tienen por momentos algo irreal. También es el ingreso a un mundo que no conozco, entonces hay extrañeza y asombro".
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