
El film más superficial y divertido de los Coen
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"El amor cuesta caro" ("Intolerable Cruelty", Estados Unidos/2003). Dirección: Joel Coen. Con George Clooney, Catherine Zeta-Jones, Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer, Edward Herrmann, Paul Adelstein, Richard Jenkins, Billy Bob Thornton, Julia Duffy y Jonathan Hadary. Guión: Joel Coen, Ethan Coen, Robert Ramsey y Matthew Stone. Fotografía: Roger Deakins. Música: Carter Burwell. Edición: Joel y Ethan Coen. Diseño de producción: Leslie McDonald. Presentada por UIP. Duración: 100 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena
"El amor cuesta caro" es probablemente la película más superficial y accesible, la menos pretenciosa y personal de los audaces y talentosos hermanos Joel y Ethan Coen, pero al mismo tiempo es una de las más divertidas y disfrutables de su notable filmografía.
Con un presupuesto de 60 millones de dólares (una fortuna si se tiene en cuenta el origen independiente de sus carreras) y una pareja de estrellas como George Clooney y Catherine Zeta-Jones, "El amor cuesta caro" (insólito título local para una historia cuya traducción literal sería "Crueldad intolerable") es una comedia disparatada, casi grotesca, pero que conserva la impiadosa inteligencia para desvelar las miserias contemporáneas, el brillo formal, el ritmo justo para la construcción de cada gag y la calidad de los diálogos que -en su conjunto- constituyen el sello de estos verdaderos autores que sobreviven dentro de la impersonal maquinaria hollywoodense.
Comedia de enredos
No es difícil emparentar "El amor cuesta caro" con las elegantes y arrasadoras comedias de enredos que, a partir de los años 30, hicieron directores geniales como Ernst Lubitsch, Preston Sturges, Howard Hawks, Mitchell Leisen o Billy Wilder, pero este décimo largometraje de los Coen no se queda en el homenaje y, aun basándose en un guión original que no les pertenece, resulta absolutamente coherente con films como "Fargo", "El gran salto", "Educando a Arizona" o "El gran Lebowski" en su mirada irónica, por momentos despiadada, a una sociedad resquebrajada por sus propias miserias y sus decadentes valores (léase consumismo exacerbado, obtención del éxito a cualquier precio, oportunismo e impunidad).
Mucho se ha debatido a la hora de analizar el cine de los Coen respecto de su extremo cinismo que les ha valido (a veces injustamente) demasiados detractores. Es cierto que este osado dúo se regodea muchas veces con su exaltación del patetismo y la amoralidad de sus personajes, descartando así cualquier tipo de empatía con ellos.
Pero, en este caso, las acusaciones y los reproches no encuentran demasiado fundamento, ya que "El amor cuesta caro" es, directamente, un ensayo sobre el cinismo que impregna hasta a los matrimonios desde el momento en que existen contratos prenupciales que sirven para defender a una de las partes de los abusos y manipulaciones de la otra.
"El amor cuesta caro" es una sátira sobre el mundo de los millonarios mujeriegos de Beverly Hills que son "atrapados" por codiciosas seductoras que sólo quieren arrebatarles la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible y, en el medio, abogados tan hábiles e inescrupulosos que son capaces de defender lo indefendible, demostrar lo indemostrable en medio de un sistema judicial en el que abundan las pequeñas corrupciones y los grandes negocios.
En este universo exagerado que fabrican los Coen conviven esposas con sus rostros inflados por el Botox que reciben las visitas de esbeltos encargados de mantener piscinas en casas que... no tienen piscinas, con detectives expertos en cazar adúlteros in fraganti y, por supuesto, abogados como Miles Massey (Clooney), que encontrará en la ambiciosa y sensual Marylin (Zeta-Jones) una adversaria y una amante a su medida.
Como Grant y Kerr
Clooney y Zeta-Jones, que bien podrían ser Cary Grant y Deborah Kerr, reviven una vez más la tan mentada guerra de los sexos, un intrincado juego de engaños y seducciones, marchas y contramarchas que los Coen manejan con una habilidad maradoniana.
En "El amor cuesta caro" hay múltiples motivos para el regocijo, desde los caricaturescos antihéroes (parecen salidos de un comic) que componen en impagables personajes secundarios Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer y Billy Bob Thornton hasta una hilarante incursión por Las Vegas que incluye desde un típico casamiento a las apuradas hasta un risible discurso sobre la naturaleza del amor que hace emocionar hasta a los desalmados abogados que asisten a una convención.
Así, con sus desniveles (que los tiene) y con sus siempre discutido punto de vista, los Coen redondean un film liviano, pero tan entretenido y gracioso que resulta recomendable para todo tipo de público. Salvo, claro, para los abogados.


