El nuevo talento francés
François Ozon, de 33 años, es ya un realizador consagrado
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En su país, el francés François Ozon, de 33 años, es considerado poco menos que un cineasta superdotado. Su filmografía está compuesta por decenas de notables cortos y por cuatro destacados largometrajes. Y lo más curioso es que cada una de sus películas parece estar precedida por una exploración diferente.
Por el momento, la predilección temática de este joven realizador tan aplaudido como criticado se reparte entre retratos sobre la transgresión y la sexualidad en general, la felicidad banal y aparente, la violencia social y la monstruosidad de la muerte en diferentes circunstancias.
Así es como Ozon ya ha filmado dos satíricos thrillers como "Sitcom" y "Les amants criminels"; un homenaje teatral a otro "enfant terrible" como Fassbinder en la adaptación de su obra desconocida "Gotas que caen sobre piedras calientes" (que se estrena mañana), y con una simpleza increíble, el duelo de una mujer desconcertada ante la desaparición de su marido en "Bajo la arena" (prevista para el 6 de julio), protagonizada por Charlotte Rampling.
El viernes último este director "bulímico a la vez que vago"-como se define en cuanto a su energía para con el trabajo- terminó de rodar "Huit femmes" (Ocho mujeres), basado en un policial de Agatha Christie, en el que reunió a Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Isabelle Huppert y Virginie Ledoyen, entre otras.
En ocasiones, Ozon ha sido criticado por misógino, también tildado de manipulador y hasta envidiado por su conciencia de ser demasiado consciente de lo que hace, de lo que quiere introducir en sus películas, de dejar a la vista el control de las cosas y sus cálculos, aun cuando él preconiza la experimentación. De todos modos, nadie parece disputarle el lugar que él mismo se creó en el cine francés, a la vez que las expectativas ante su futuro despierta tantas esperanzas como fastidios.
Comicidad terrorífica
En "Gotas que caen sobre piedras calientes", ganadora del Oso de Plata a la mejor película en el Festival de Berlín, Ozon adapta para el cine un claustrofóbico juego de dominación y sumisión entre cuatro personajes imaginado, a los 19 años, por el director alemán Reiner Werner Fassbinder. "Es el único cineasta que admiro verdaderamente, y como tenía ganas de contar una historia sobre la dificultad de vivir de a dos y de sobrellevar la vida cotidiana, quise rendirle homenaje -dijo el realizador francés en una declaración a Cahiers du Cinéma-. Fassbinder ha sido olvidado entre los cineastas franceses. Si comparamos sus obras de los años setenta con las películas "sociales" que se realizan hoy nos daremos cuenta de que él ya había dicho todo." En esta obra temprana y desconocida del escritor y director alemán que dijo: "El amor no existe, sólo la posibilidad del amor", se hace presente su pesimista visión del mundo y de las relaciones humanas.
Dividida en varios actos, la adaptación respetuosa de Ozon vuelve a situar la acción en la Alemania de los años setenta, en los límites de un departamento habitado por Léopold (Bernard Giraudeau), un comerciante de seguros cincuentón, apuesto y amable, que seduce a Frank (Malik Zidi), un joven de 19 años que antes de conocerlo planeaba irse a vivir con su novia, aunque finalmente lo hace con él. Pero a los seis meses el entusiasmo de Léopold se esfuma como gotas de agua sobre piedras calientes. Así su seducción se vuelve despótica ante Frank, que ya ha perdido su identidad frente a los deseos de aquel a quien admira. Y a este cuadro se suman las parejas de ambos: una transexual (Anna Thompson) que confiesa haber cambiado de sexo para complacer a Léopold, y la noviecita quisquillosa de Frank (Ludivine Sagnier).
"Fassbinder solía decir que la marginalidad no existía -cuenta Ozon desde su propio sitio en Internet-, que la gente vive por fuera de la norma social, y que cada vez más se apropia de los esquemas dominantes de las relaciones humanas. Me gusta mucho esta manera mecánica, organizada de mostrarnos que no dejamos de reproducir el sistema del derecho del más fuerte. Franz quiere reproducir sobre Anna lo que él mismo ha aprendido de Léopold."
Se cree que Fassbinder -que falleció en 1982, a los 36 años- nunca teatralizó o filmó esta obra por haberla considerado demasiado personal. Cuando Ozon presentó la película en Berlín, miembros del círculo de Fassbinder le dijeron que el realizador alemán se parecía a Frank en su juventud, pero que en su adultez era el retrato de Léopold.
Para Ozon, la mirada trivial de Fassbinder en esta película revela la verdad de sus personajes y también los hace más emotivos. "Por ejemplo, las disputas sobre los problemas cotidianos y los abandonos a priori anodinos provocan en el espectador cierta complicidad que destapa instantáneamente cosas divertidas y terroríficas."
"Viendo la obra de Fassbinder en el teatro me sorprendí al constatar que yo era casi el único que reía, como también me pasó con sus películas -agrega Ozon-. Se tiende a tomar muy seriamente y de manera dramática su obra porque es profundamente pesimista. Me parece que, sin embargo, esa oscuridad desprende una vitalidad, una fuerza y una capacidad de distancia que hace reír. Yo también he querido apoyarme sobre situaciones cómicas, precisamente en la crueldad natural de Léopold sobre Franz y Vera, pero también creando un momento de locura donde bruscamente los personajes se expresan de manera grotesca y emocionante."
La mirada familiar
Ozon suele bromear al decir que desde que "mató" a sus padres ya no sufre mayores tormentos. Y cuenta que justamente su deseo cinéfilo nació del "castigo", de alguna prohibición para ver determinada película en televisión en su infancia. Así fue como este hijo de intelectuales franceses realizó entre los 18 y los 22 años una treintena de cortos en Súper 8. "Mi papá hacía películas caseras con nuestras vacaciones o sus viajes a la India. Me marcó tanto que rápidamente comprendí que se necesitaba poco material para hacer cine, contar una historia, transmitir sensaciones. Así me apropié de su cámara y tomé la posta", contó quien desde que egresó de la prestigiosa escuela de cine Femis, en París, nunca dejó de filmar. Y sus cortos integraron los programas de importantes festivales, entre ellos se destaca el terrorífico retrato psicológico de una madre en "Regarde la mer".
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