
El repentino adiós a Marie-France Pisier
"François Truffaut busca novia para Jean-Pierre Léaud y para El amor a los 20 años" , decía un aviso de Cinémonde a fines de 1961. Añadía algunas especificaciones -una chica normal, no una Lolita; simple, alegre, de buen nivel cultural-, y una recomendación: "Las muy sexies, abstenerse". Inmediatamente, recibió una nota de un periodista de Nice- Matin y una foto: "Es una joven actriz de un elenco amateur de Niza: me impresionó. Se llama Marie-France Pisier". Una entrevista en Saint-Paul de Vence fue suficiente, pero Truffaut, romántico incorregible, la citó otra vez para el día siguiente, señal de que veía venir otro romance (aunque la chica tenía 17 años y él, casado y con dos hijas, estaba por cumplir 30). Hubo film (en realidad, un corto que seguía la historia de Antoine Doinel, el personaje de Los 400 golpes, y formaba parte de la citada película en episodios, y hubo también romance, tan fogoso como para hacer tambalear el matrimonio del cineasta. Tras la crisis final, la reconciliación con su mujer se selló con un viaje al Festival de Mar del Plata, donde fue premiado como director de Jules et Jim .
Pero es la hora triste de hablar de la bella Marie-France, ya que la actriz, de 66 años, fue encontrada muerta en la piscina de su casa del sur francés, anteayer a la madrugada. Se desconocen las causas del deceso, pero se sabe que su cuerpo no registraba rastros de violencia. Hay una investigación (no criminal) en marcha y una autopsia prevista para hoy.
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Grandes ojos verdes; un dejo de ironía en su sonrisa luminosa; voz algo ahogada, inconfundible: el tipo exacto para encarnar a las heroínas del cine de autor de los sesenta y setenta; el oficio sólido para asumir cualquier tipo de papeles en el cine, el teatro o la televisión. Así era la personal actriz a quien Belmondo llamaba "la estrella de la Cinemateca". Después de su Colette inicial -personaje que retomaría, ya para pasar fugazmente por La hora del amor , ya para reaparecer en la vida de Doinel en El amor en fuga -, hizo algunos films de género con Robert Hossein, sin abandonar los estudios de abogacía y ciencias políticas, lo que conduce a otro aspecto conocido de su personalidad: su abierto compromiso político con la izquierda y el feminismo. En 1967, Alain Robbe-Grillet la convocó para Trans-Europa Express e inició su colaboración con cineastas de prestigio: Buñuel ( El fantasma de la libertad ), Jacques Rivette ( Cé line et Julie vont en bateau), André Delvaux ( Opus nigrum ) y, sobre todo, André Téchiné ( Souvenirs d'en France, Barocco, Las hermanas Brontë ). También actuó en films populares junto a Belmondo ( As de ases ), en Primo prima , que le dio un César y una invitación para rodar en Hollywood, y más cerca en el tiempo fue una inolvidable Madame Verdurin en El tiempo recobrado , de Raúl Ruiz. Se la recordará.
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