El rostro
El rostro (Argentina/2013)/ Guión y dirección: Gustavo Fontán/ Fotografía: Luis Cámara/ Edición: Mario Bocchicchio/ Elenco: Gustavo Hennekens, María Del Huerto Ghiggi, Héctor Maldonado y Pedro Gabas/ Duración: 64 minutos/ En el Malba (Figueroa Alcorta 3415), los domingos de julio, a las 18.
Nuestra opinión: muy buena
Ficción, documental y cine experimental se vuelven a combinar en esta nueva película de Gustavo Fontán, uno de los pocos directores argentinos a los que términos como poesía o lirismo no le quedan exagerados, caprichosos o antojadizos.
Su filmografía, claro, no es de consumo masivo (de hecho, El rostro se estrena sólo en el auditorio de un museo como el del Malba), pero con los años el director de El árbol, La madre, La casa y Elegía de abril se ha ido ganando una creciente legión de seguidores dispuestos a conectar con un cine no narrativo (o que no sigue las fórmulas de la narración clásica), en el que se permite construir un universo inasible, conformado por climas, atmósferas, estados de ánimo, sentimientos y, por qué no, elementos fantasmales (el tema de la muerte está muy presente en su obra y, sobre todo, en El rostro).
Un hombre llega navegando a una isla cerca de la ciudad de Paraná y, ya en ese destino, comenzará a relacionarse con otros personajes (pescadores de rostros curtidos, mujeres y niños) y, también, con esa naturaleza avasallante de la zona (animales, árboles y, por sobre todo, el majestuoso río).
Fontán -ganador del premio al mejor director de la Competencia Argentina del último Bafici por este film- es un verdadero artesano e investigador del cine y, para esta nueva y siempre melancólica apuesta, trabaja por primera vez con imágenes en blanco y negro en diferentes formatos de registro (desde el Súper 8 hasta el 16 mm, muchas veces apelando incluso a película virgen vencida), sin diálogos y con un sonido asincrónico, que rompen con lo cronológico (el realizador habló de "remolino temporal") y generan extrañas sensaciones a la hora de explorar el pasado y el presente de unos personajes y de su lugar en el mundo.
Una experiencia única, de múltiples capas, facetas, matices y texturas, que no se parece en nada a lo que suelen proponer los estrenos habituales que llegan a la cartelera. Vale la pena, entonces, arriesgarse con un cine distinto y disfrutarlo en toda su dimensión.



