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Una de las razones por las cuales sorprende, todavía hoy, la adaptación fílmica de Peter Jackson de El señor de los anillos consiste en que, tras 25 años de perfeccionamiento de los efectos especiales, todavía funciona. Nadie dice: “Oh, qué mal esa imagen digital de ahí”, sino que incluso los nuevos espectadores se conmueven en los mismos lugares que aquellos inaugurales.




