Con Nia DaCosta en la dirección, la trama se concentra esta vez en una batalla metafísica de connotaciones y ritos sangrientos
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Exterminio: El templo de huesos (28 Years Later: The Bone Temple, Estados Unidos-Reino Unido/2026). Dirección: Nia DaCosta. Guión: Alex Garland. Fotografía: Sean Bobbitt. Música: Hildur Guonadóttir. Edición: Jake Roberts. Elenco: Ralph Fiennes, Jack O’Connell, Alfie Williams, Emma Laird, Chi Lewis-Parry. Distribuidora: UIP/Sony. Duración: 109 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: buena.
El cuarto capítulo de uno de los más exitosos relatos post-apocalípticos concebidos por el cine en las últimas décadas es el que menos tiene que ver con el origen de la historia. El templo de los huesos funciona en los hechos como una pausa en el largo recorrido de Exterminio, la serie iniciada con la película original de 2002, cuando la liberación accidental del virus de la rabia fulminó en poco tiempo a casi toda la población de las islas británicas, convertidas desde allí en un territorio en estricta cuarentena.
Todo lo que pasa aquí transcurre inmediatamente después del cierre del episodio previo (La evolución), estrenado hace apenas siete meses. Ese final sorprendió a Spike (Alfie Williams), el chico de 12 años que tras un ritual de iniciación no pudo regresar a la comunidad de sobrevivientes británicos que lo protegía, escapando de los depredadores infectados (seres humanos “animalizados” con un inagotable apetito de carne humana) y encontrándose con el grupo liderado por el histriónico Jimmy (Jack O’Connell).
La huida se detiene cuando Spike se ve obligado a convivir con esa pequeña cuadrilla, unida alrededor de un extraño culto asesino que se dedica a despellejar vivos a los sobrevivientes con los que se cruza. En el final del capítulo anterior, Spike había adquirido a la fuerza habilidades para sobrevivir, ya sin sus padres cerca, y enfrentarse a los horribles y deformes depredadores que buscan humanos no infectados para devorarlos.
En la última imagen que tuvimos de él en La evolución era todavía un chico, pero al mismo tiempo bastante consciente de su destino y con todos los sentidos alerta. Aquí, en cambio, luce extrañamente apocado.
Todo este nuevo capítulo aparece envuelto en una atmósfera que quiere representar, a veces de un modo bastante pretencioso, un cruce entre la metafísica y el gore tal vez pensado para confirmar, ahora desde otra perspectiva, la mirada pesimista sobre el destino del mundo que tiene Alex Garland, el autor de casi toda la saga.
Las ínfulas religiosas (en clave invertida, es decir satánica) de la liturgia invocada por Jimmy y sus acólitos no tardarán en encontrar su némesis en el enigmático doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes), a quien también conocimos en la película anterior. Kelson, baluarte del sanitarismo público en la vida previa al virus, quiere saber más sobre los infectados caníbales que corren desnudos por los bosques y logra pacientemente establecer un vínculo de mutua comprensión con un gigantesco “alfa” (el ex luchador profesional Chi Lewis-Parry).

Esa relación nos proporciona una serie de flashbacks bastante pueriles sobre cómo era el mundo anterior al apocalipsis. Entre los innecesarios soliloquios de Kelson, los recuerdos de “Alfa” y bailes al compás de los hits de Duran Duran, el misterio del médico que levanta en medio de la nada una suerte de memorial para los muertos hecho de calaveras y postes empieza a desvanecerse. Lo mismo pasa con Spike, que de manera inexplicable resigna participación en la trama hasta la invisibilidad casi completa, salvo al comienzo y al final.
De a poco, todo se concentra en el enfrentamiento mano a mano entre Jimmy y Kelson. Un desafío entre la fe y la maldad planteado en medio de rituales de fuego, estética de videoclip y la apropiada música de fondo de “The Number of the Beast”, clásico de Iron Maiden. No le falta a DaCosta creatividad visual para poner en escena esta confrontación, pero en esa búsqueda termina sacrificando la dinámica y la energía que había alcanzado Boyle en las entregas previas.
El templo de huesos es una pausa distante y considerablemente ajena al espíritu original de la saga Exterminio, concebida más que nada como una historia de terror puro y duro, a la que no le faltan escenas de sangre, crueldad y sadismo extremos. Al final, de la mano de una sorpresa que conviene no revelar, la trama parece encaminarse hacia lo que será el capítulo final, con la esperada vuelta a los orígenes y el regreso de Boyle a la dirección. El templo de huesos es solo una terrorífica y momentánea parada en medio de ese viaje.
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