
El tiempo le sienta bien a Willis
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Duro de matar 4.0 ( Live Free or Die Hard, Estados Unidos/2007). Dirección: Len Wiseman. Con Bruce Willis, Timothy Olyphant, Justin Long, Maggie Q, Cliff Curtis, Jonathan Sadowski, Kevin Smith y Mary Elizabeth Winstead. Guión: Mark Bomback. Fotografía: Simon Duggan. Música: Marco Beltrami. Edición: Nicolas De Toth. Diseño de producción: Patrick Tatopoulos. Distribuidora: 20th. Century Fox. Duración: 129 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena
Entre los varios méritos que ostenta Duro de matar 4.0 hay uno que sobresale particularmente en medio de la cada vez más extendida tendencia de los estudios de Hollywood a producir una secuela tras otra: esta cuarta entrega de la popular y muy eficaz serie de acción encabezada desde 1988 por Bruce Willis está a la altura de las tres anteriores. Y este simple logro, que debería ser la norma, alcanza casi la dimensión de proeza entre tantas continuaciones que parecen concebidas con desgano, como si fueran conducidas en piloto automático.
Algunos podrán cuestionarle a este muy meritorio trabajo de Len Wiseman (un director que apenas tenía en su filmografía dos entregas de la mediocre saga vampírica Inframundo ) algunas mínimas concesiones o podrán reivindicar con mayor énfasis los hallazgos de las tres primeras partes dirigidas por el talentoso John McTiernan y por Renny Harlin, pero Duro de matar 4.0 tiene todo lo que un producto de estas características necesita para (re)conquistar a un público exigente y a estas alturas muy curtido en estas lides: ritmo trepidante, solidez en el manejo de la tensión y el suspenso, escenas espectaculares y, por supuesto, un héroe de acción como Willis, que, a los 52 años, sigue siendo capaz de sostener con simpatía, credibilidad, potencia física y humor a su ya mítico detective John McClane.
Como ocurre hoy con Clint Eastwood o con Harrison Ford y, hasta hace poco, con el ahora líder político Arnold Schwarzenegger, la veteranía de Willis no sólo no es una carencia, sino que constituye un plus humorístico para su papel, ya que la autoparodia y la ironía se convierten en aliados del experimentado McClane.
Tras su excelente trabajo en el policial 16 calles junto con el actor negro Mos Def, Willis recupera en Duro de matar 4.0 el concepto de la buddy-movie , o sea, las desventuras de dos seres absolutamente opuestos entre sí, pero que terminan no sólo entendiéndose, sino también complementándose.
En este caso, la contraparte de McClane es Matthew (Justin Long), un joven hacker que debe ayudarlo a combatir a una poderosa (y despiadada) organización de expertos en nuevas tecnologías capaz de jaquear la seguridad de los Estados Unidos y sembrar el caos infiltrando los sitios del FBI, del control de tránsito, de las redes de transporte de energía, de las corporaciones mediáticas, de los holdings de comunicación, del sistema financiero, etc.
A nivel formal, la película ofrece un look clásico, que a estas alturas quiere decir casi old-fashioned , sustentándose más en el trabajo prodigioso de los dobles de riesgo y no tanto en la pirotecnia de los efectos generados por computadora, que aquí, a contramano de la tendencia actual que propugna un despliegue incesante y casi obsceno de alardes técnicos, tienen un uso cuidado, limitado y funcional.
Duro de matar 4.0 es una película contundente y efímera, que quizá no deje demasiado sedimento más allá de la adrenalina que propone y de esa satisfacción primaria e inmediata que ofrece. Pero lo hace con los recursos nobles y genuinos del buen cine de acción y con el carisma incombustible de un Bruce Willis al que -como ocurre con los verdaderamente grandes- el paso del tiempo le sienta muy bien.
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