
En busca de la identidad arrebatada
Se estrena el documental de Pablo Ratto
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Córdoba, 1976. En la morgue judicial, se empiezan a amontonar los cadáveres que dejaba la dictadura militar. Había que hacerlos desaparecer; borrarles la identidad.
Febrero de 2003. Ciento veinte esqueletos aparecen apilados en una fosa común en el cementerio de San Vicente, en Córdoba. Sólo cuatro de ellos son identificados y devueltos a sus familiares. Esta es la historia que cuenta "El último confín", el documental que se estrena el jueves en las salas.
Pablo Ratto, su director, descendió hasta esa fosa común para registrar el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), encargado de la exhumación e identificación de los restos.
"Fue conmovedor el descenso", describe Ratto a LA NACION. Pero una cosa era estar en vivo y en directo frente a esos esqueletos amontonados y otra distinta era verlo a través del filtro de la cámara. "La gente está acostumbrada a ver el horror", explica el documentalista. Por eso, decidió que había que contextualizar la situación y empezó a entrevistar a los familiares que habían buscado durante años a sus muertos.
En ese recorrido encontró a Sara Solarz de Osatinsky, madre de Mario, un joven de 18 años que desapareció en 1976 y que fue el primer cadáver encontrado en la fosa, y que recuperó su identidad. Sara se había exiliado en Ginebra y había prometido no volver a la Argentina, en la que perdió a su marido y a sus dos hijos durante la última dictadura.
En la película, además del caso de Sara, se cuenta el de tres familiares que recuperaron los restos de sus seres queridos y también la de los que todavía no pueden encontrarlos. "No es un documental periodístico porque el eje no pasa principalmente por los datos, sino por mostrar la emoción de los familiares", cuenta Ratto.
Recuperar el nombre
En el comienzo del documental, los allegados a las víctimas hablan a la cámara sin ser identificados. "Los entrevistados no son importantes por quiénes son, sino por lo que tienen para decir y por lo que han padecido. Por eso, no quería identificarlos al principio", explica. Sólo el espectador sabrá quiénes son esas personas que hablan cuando estén por recuperar el cuerpo de sus seres queridos.
"El último confín" es la opera prima de Ratto, y lo fue casi sin planteárselo. El EAAF lo contrató sólo para registrar la exhumación de los cadáveres. Pero cuando vio los 120 esqueletos que estaban a cinco metros de profundidad, comprendió que ése iba a ser el tema de su primer film. "Cuando ingresé en la fosa, sentí que era la oportunidad para colaborar en la recuperación de la dignidad de esas personas", dice. Y desde ese momento, empezó un trabajo que le demandó más de dos años y 150 mil pesos. Aunque la primera parte de la película se financió con una porción del subsidio que el gobierno de Holanda había otorgado al EAAF, el dinero pronto escaseó. "Es una película hecha a pulmón", indica.
El documental ya participó en festivales como el del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en el que obtuvo una mención especial del jurado y en el último Bafici.
El jueves, en las pantallas del Malba y del complejo Tita Merello, donde se estrenará la película, se podrá ver ese viaje en busca de la identidad, a cinco metros de profundidad.




