
En Cerdeña, la única salvación está en el fútbol
El film ítalo-argentino El árbitro narra las pasiones desatadas de dos equipos amateur que batallan en medio de la crisis
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Como para reanudar la añeja (y sana) práctica de coproducir con el cine italiano, la firma local BD (Burman-Dubcovsky) se unió a su par italiano Amedeo Pagani para el film El árbitro que, como rasgo distintivo, instala la acción en la isla de Cerdeña y tras algunas postergaciones, se estrena en nuestro país en medio de la Copa del Mundo. Todo "lo sardo" conforma fenómenos no siempre compatibles con lo que conocemos genéricamente como cultura peninsular: "Más que una isla, ¡es un continente aparte!", exclama, convencido, el realizador debutante Paolo Zucca, nacido él mismo en Cerdeña hace 40 años, como para adelantar algo del carácter bizarro de un producto gestado en esa isla. La comedia se presentó auspiciosamente el año pasado en las Jornadas de Autor de la Mostra de Venecia.

Zucca, acompañado por dos de los actores de su inusual comedia, vino a la Argentina para inaugurar la reciente muestra Cinema Made in Italy. En un encuentro con la nacion, teniendo en cuenta que su film trata sobre fútbol, se presentó de entrada como inexorable hincha del Cagliari, la squadra sarda que juega en la Serie A del calcio italiano, con la salvedad de que la trama de El ábitro pasa por la rivalidad de dos equipos de aficionados de la "C".
"En la película -advierte Zucca- no hay casi nada que debería tomarse en serio, a no ser por el paisaje de fondo: tierras poco fértiles, una productividad que no llega a ser agropecuaria porque todavía es pastoril y una realidad (el récord de desocupación) que, si bien transmitida con rasgos grotescos, no es algo de lo que uno pueda reírse mucho." Algo serio, también, es el rigor del personaje epónimo: "Dio perdona, l'arbitro no", se dice de él. Vaya si es cierto.
Condenados al éxito
El relato de El árbitro se desarrolla en dos planos diferenciados. Uno es el de la rivalidad futbolera entre el Atlético Pabarile (último en la tabla regional) y el eficaz Montecrastu, manejado por un déspota patrón de tierras. El otro plano, también futbolístico pero profesional, transcurre en la urbe y focaliza al árbitro Cruciani, llamado "el Príncipe" por su prestigio como referí (rol asumido por una de las pocas figuras conocidas del film, Stefano Accorsi, de El último beso y El hada ignorante).
"La condena al fracaso del endeble Atlético Pabariles se revierte -cuenta el director- con una inyección de fútbol sudamericano: regresa a la isla el joven Matzuzi, cuya familia había emigrado años atrás a la Argentina. Y resulta que Matzuzi vuelve transformado casi en una réplica de Maradona: cada jugada que emprende concluye en gol, y esto sube las acciones de su equipo, con el consiguiente entusiasmo de los hinchas del pueblo."
Simultáneamente, el árbitro Cruciani cae en desgracia por una posible coima y es degradado, lo cual lo sentencia a dirigir partidos de la "C". "Todas las historias confluyen en el partido final -señala Zucca- ahí también aparecen los conflictos pastoriles, que son trágicos, con sangre y chivos expiatorios, y lo he hecho así porque me gusta cruzar los géneros, cambiar bruscamente: la comedia musical (coreografías incluidas), lo romántico, lo grotesco, lo trágico."
-La preparación de la terna arbitral en los vestuarios y su salida a la cancha son como una ceremonia. ¿Tiene algo de real lo que se ve en el film?
-No. Es como una liturgia simbólica. El film está atravesado por una metáfora de Jesucristo: el árbitro está por encima de todo (es el hijo de Dios), pero también es el chivo expiatorio. Toda esta comedia es eso: el fútbol y lo religioso.
-¿Te parece que El árbitro absorbe el legado de la vieja commedia italiana?
-Está en nuestra tradición y en nuestro carácter, sí, pero creo que hay diferencias generacionales, una fuerte reelaboración de la realidad y más simbolismo.
-La recuperación del humilde equipo de los "héroes" se produce gracias a un jugador entrenado en la Argentina. ¿Es un síntoma de la fama de la que goza en Italia nuestro fútbol?
-El prestigio argentino, en ese plano, es enorme: es el calcio prototípico de los ochenta. Yo tenía 13 años en la época de Maradona y se me grabó a fuego. Se puede decir que un jugador argentino es, para Italia, la quintaesencia del futbolista.
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