
Entre la crítica social y los lugares comunes
Ricordati di me (Idem, Italia-Francia-Gran Bretaña/2003, color; hablada en italiano). Dirección: Gabriele Muccino. Con Fabrizio Bentivoglio, Laura Morante, Monica Bellucci, Nicoletta Romanoff, Silvio Muccino. Guión: Gabriele Muccino y Heidrun Schleef. Fotografía: Marcello Montarsi. Música: Paolo Buonvino. Edición: Claudio Di Mauro. Presentada por CDI. 122 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años, con reservas.
Nuestra opinión: regular
Bienvenidos a la familia Ristuccia. Los cuatro duermen todavía mientras la cámara recorre el cómodo piso donde viven y una voz en off anticipa todo lo que puede ir sospechándose de ellos a medida que se presentan. Aquí padres e hijos, igualmente atribulados por la rutina, la frustración, la inseguridad o el descontento, andan buscándose en el espejo o en la mirada de los otros.
No importa ser, lo que importa es ser visto, ser reconocido. El padre, Carlo, enterró en la rutina matrimonial y laboral sus sueños de escritor, aunque todavía tiene por ahí un libro sin terminar. En la madre, Giulia, aún palpita la aspiración a ser actriz. La hija adolescente, Valentina, se sabe dueña de la belleza suficiente para hacerse un lugar en la TV y allá va, decidida. Su hermano, Paolo, no tiene objetivos claros ni vocación: sólo quiere ser visto por la chica que ama.
Los Ristuccia hablan poco y casi a los gritos para superar el barullo de la TV o la música constante. El vacío de sentimientos es perceptible. Se diría que la vida familiar está en piloto automático. Alguien habla por ahí de la banalidad consciente de la sociedad. Otro define: "Somos el simulacro de la pequeña burguesía". Quizá los Ristuccia son sólo eso: el simulacro de una familia real, el retrato crítico y maniqueo de una sociedad que ha perdido las ilusiones.
Si todo ese estado de ánimo, los nombres de Carlo y Giulia y el ambiente de clase acomodada suenan familiares es porque remiten a El último beso : no es desatinado suponer que Gabriele Muccino ha vuelto, sin proclamarlo, a los personajes que le dieron tanto éxito y que quizá ya prolongaban la historia de los adolescentes de Ahora o nunca . Al realizador le sobra habilidad para manejar una cámara que nunca se queda quieta, inteligencia para elegir a sus actores y extraer lo mejor de ellos (Bellucci incluida) y astucia para disfrazar de mirada penetrante y acusadora los lugares comunes que acumula.
Aquí sigue de cerca los pasos de sus cuatro personajes: Carlo, que cree vislumbrar una luz cuando se le da la posibilidad de revivir un antiguo amor; Giulia, que aun muerta de miedo se atreve a subir al escenario; Valentina, que no repara en medios para obtener su lugarcito en un grotesco show de TV, y Paolo, que apenas atina a organizar una fiesta bien provista de marihuana para recuperar la atención de su chica. Tras el previsible estallido hay un oportuno incidente que volverá las cosas a su lugar, no sin que se sugiera que todo está listo para que el ciclo se repita.
Muccino va de una historia a otra, alternando toques farsescos o satíricos, críticas no muy sutiles y muchos, muchos clímax que se suceden buscando retener la atención del espectador y apenas consiguen evocar el formato de una miniserie. La deliberada sobredosis de agitación en la cámara y de música en la banda sonora quiere sugerir el vértigo superficial que domina estas vidas, pero también puede resultar fastidiosa.
Lo mejor está en los actores -Laura Morante la primera-, que consiguen dotar de espesor humano a personajes que son apenas tipos movidos como marionetas por el autor.
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