
Eva Marie Saint, cuestión de talento
Los más jóvenes la recordarán como la madre de Cybill Shepherd en "Luz de luna", pero para los más veteranos o los más cinéfilos, el nombre de Eva Marie Saint evoca otros títulos. Ella fue Edie Doyle, la chica inocente, pero de firme carácter, que conquistaba el corazón del vulnerable ex boxeador animado por Marlon Brando en "Nido de ratas" (Elia Kazan, 1954), personajes con los cuales, además de ganar sendos Oscar, impusieron un estilo de actuación más "realista" -el del Actor s Studio- que contrastaba con los todavía vigentes estereotipos del melodrama. A partir de allí, aunque su aspecto frágil, su gesto doliente y su temperamento dramático volvieron a evidenciarse en "El ansia perversa" (1957); en "El árbol de la vida" (Edward Dmytryk, 1957), al lado de Liz Taylor y Montgomery Clift; en "Su propio infierno" (John Frankenheimer, 1962); en "Almas en conflicto" (Vincente Minnelli, 1965) o acompañando a Paul Newman en "Grand Prix" (John Frankenheimer, 1963), no abundaron en los cincuenta años de carrera de esta rubia que aún ahora, pasados los ochenta, luce esbelta y elegante, los compromisos a la altura de su talento. Se comprende que los mejor recordados sean todavía sus trabajos en "Exodo" (1960), esa introducción novelesca al nacimiento del Estado de Israel que dirigió Otto Preminger y en el que le correspondió un papel algo desteñido, y, por encima de todos, en "Intriga internacional" (1959), porque también a Eva Marie Saint le tocó ser una rubia de Hitchcock y, precisamente, en una de las obras más logradas del mago del suspenso.
* * *
Lo cierto es que por no desatender sus deberes familiares (está casada desde 1951 con el director de TV Jeffrey Hayden y crió a dos hijos), o por no haber recibido propuestas interesantes ("me siguen gustando las historias sobre gente real, no los shows de efectos especiales ni los de superpolicías y supermalvados llenos de choques y explosiones", dice), Eva Marie Saint se mantuvo durante largos períodos alejada del cine. Sin embargo, nunca perdió contacto con el público gracias a una constante presencia en la televisión, donde la frecuentación de personajes heterogéneos dio cuenta de su versatilidad y afirmó la autoridad que ahora expone en los papeles secundarios que de vez en cuando acepta.
El penúltimo (hay un trabajo posterior: es la madre adoptiva del héroe en la nueva aventura de Superman), es el que la ha traído de vuelta a las pantallas locales: el de la madre del protagonista de "La búsqueda", de Wim Wenders. Son unas pocas escenas, pero bastan para que la honorable dama provinciana conquiste con su dulce ingenuidad y su pizca de malicia. "La mentira es para los cobardes", le dice al investigador que encarna Tim Roth y que le ha preguntado por su hijo fugitivo. Ella, claro, miente: lo está albergando en su casa, pero ¿quién podría dudar de esta ama de casa solícita y laboriosa que lleva la ternura maternal a flor de piel?
Ese aire de verdad, no de estrella inalcanzable, sino de mujer de carne y hueso, tiene que ver con los aportes personales que hace a sus personajes y aun a las historias en las que interviene. "Me encanta el guión, pero no voy a hacer el film si no cambias el final", le dijo a Wenders. Lo cambiaron, y los propios autores (Wenders y el también protagonista Sam Shepard) reconocieron que el anterior era demasiado endeble. También los ayudó a comprender los motivos de su personaje, una madre que hace treinta años perdió la pista de su hijo, cuando éste dejó la casa para desarrollar una carrera como actor de westerns . "Ella previó que no volvería a comunicarse con su hijo; probablemente pensó que nunca lo volvería a ver, y así aprendió a convivir con esa ausencia; quizá por eso, cuando lo ve llegar después de treinta años, lo recibe con tanta naturalidad", explica.
* * *
Convencida de que el director es el autor del film, no ve diferencias entre el modo como se hacían películas en la década del cincuenta y el que se emplea ahora. "Cada film, independientemente de la época o el lugar donde se haga, depende de quién está detrás de la cámara; él es el capitán del barco, es quien impone el tono. Si establece un clima de quietud, el film será quieto; si es entusiasta, el film se contagiará de ese entusiasmo, y si es gritón, los demás deberán gritar más fuerte para hacerse oír."
No hace falta decir que ella nunca grita, entre otros motivos porque su modo afable y su experiencia conducen a los demás a escucharla con atención. Hay una atmósfera de admiración en torno de la actriz nacida en Nueva Jersey cuyo nombre lleva desde no hace mucho al teatro de la Bowling Green State University de Ohio, donde ella estudió. Un ejemplo: se cuenta que fueron los refunfuños de Tim Roth cuando vio que no tenía ninguna escena que compartir con ella los que llevaron a Shepard y Wenders a introducir un agregado: la escena en que la buena señora invita al investigador a probar las galletitas que acaba de hornear. Un momento delicioso.
Está visto que para los actores como Eva Marie Saint no hay papeles pequeños.




