
Falleció el director de cine Antonio Ottone
Realizador de "Los amores de Laurita"
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Con Antonio Ottone, que falleció anteanoche como consecuencia de un cáncer de colon, desaparece no sólo un director cinematográfico de sólidos recursos, sino también un hombre totalmente consustanciado con la problemática del cine nacional que él defendió tanto con su mesurada palabra como a través de su indoblegable pasión por la pantalla nacional.
Había nacido en Santa Fe, en 1941, y en su primera juventud tomó cursos en la Universidad de La Plata y, posteriormente, ya atraído por el cine, se desempeñó como director de fotografía de films pedagógicos y técnicos.
Entre 1979 y 1983 fue jefe de producción de, entre otras, las películas "El infierno tan temido", "Sentimental: réquiem para un amigo" y "El desquite", y poco después completó el rodaje de su primer largometraje como realizador, "Casi no nos dimos cuenta", que fue estrenado siete años más tarde.
En 1985 estrenó "Flores robadas en los jardines de Quilmes", que había dirigido basándose en la popular novela de Jorge Asís. Producto característico del destape de la época, al año siguiente Ottone dio un nuevo paso en el género erótico-picaresco con "Los amores de Laurita", y en 1994 fue nombrado director del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), cargo que mantuvo hasta 1995 y durante el cual elevó al Poder Legislativo una nueva ley de cine, la que tras varias postergaciones fue aprobada.
Con posterioridad a su gestión al frente del Incaa, Ottone decidió proseguir con su tarea como realizador cinematográfico. Por aquel entonces había completado el rodaje de los films infantiles "Un elefante en banda" y "Los pequeños sinvergüenzas tras el tesoro misterioso", y del policial "La garganta del diablo", que no llegaron a estrenarse.
Ottone, sin embargo, decidió embarcarse en el guión de "Un amor en Moisés Ville", una historia sentimental con elementos basados en sus recuerdos de su juventud, y dirigió esta trama que tuvo a Cipe Lincovsky como protagonista central y que llegó a las pantallas el año pasado.
Paralelamente dictó cursos en escuelas de cine y escribió un libro acerca de las enriquecedoras posibilidades del séptimo arte dentro de la cultura de nuestro tiempo. Pero más allá del cineasta apasionado y del funcionario probo, Ottone poseía un enorme caudal humano que trasuntaba de su trato caballeresco y de una humildad que siempre lo alejaron de los brillos de la farándula. Los restos de Antonio Ottone fueron cremados ayer en la Chacarita.

