
Falleció la actriz Katy Jurado
Fue una de las grandes figuras del cine mexicano y también se destacó en Hollywood
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MEXICO (AP).- La actriz Katy Jurado, que brilló como una de las más grandes estrellas del cine mexicano y también se destacó con su trabajo en Hollywood, falleció en la madrugada de anteayer, a los 78 años, en su residencia de la vecina ciudad de Cuernavaca luego de sufrir diversas dolencias.
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Cuando protagonizó "A la hora señalada" se dijo de ella que sus ojos lanzaban fuego, una de las tantas maneras de definir el toque fogoso y temperamental que convirtió a Katy Jurado en una de las bellezas más codiciadas del cine norteamericano en los años 50, por más que su piel cobriza y su acento latino le reservaban sólo esos papeles que Hollywood calificaba imprecisamente como "exóticos".
Un común denominador une a la belleza juvenil de sensualidad irresistible, a la vigorosa actriz que en su madurez no vacilaba ni siquiera en apelar a su costado farsesco para defender briosamente a sus personajes y a la figura que detrás de las cámaras no ofrecía ante cada reportaje ningún flanco vacilante: Katy Jurado fue siempre mujer de una sola palabra, resuelta hasta en el gesto más trivial. Como la respuesta que le dio a LA NACION en 1963, cuando llegó de visita para participar en el Festival de Cine de Mar del Plata y dijo que estaba dispuesta a repetir aquí su hábito de ferviente jugadora de ruleta. "Me gusta apostar a los números plenos porque la situación es bien clara: el número sale o no sale".
A Katy Jurado la mayoría de esas apuestas le resultaron favorables. A fuerza de ganar una tras otra, llegó a convertirse en una de las actrices más destacadas del cine mexicano (había nacido en Guadalajara, el 16 de enero de 1927, como María Cristina Jurado García) y, probablemente, en la estrella de cine de ese origen con mayor reconocimiento en Estados Unidos.
Hasta allí había llegado desde su país natal, donde ya era considerada una estrella indiscutida. Como todo lo que vivió, según sus propias palabras, llegar a ese lugar fue el resultado sobre todo de la lucha contra resistencias y adversidades. "Mi vida no ha sido un éxito sino un dolor continuo", dijo de sus orígenes y sobre todo de los reparos de su padre a la precoz vocación de actriz insinuada por ella. Después de que apareció por primera vez en la pantalla, a los 16 años, estuvo a punto de ser enviada a un convento, pero tres meses después su insistencia y un casamiento que no tuvo final feliz (se divorció y tuvo un hijo que falleció muy joven en un accidente de auto) la llevaron a perseverar en la carrera que había iniciado.
Llegó a Estados Unidos en 1951 para trabajar en "The Bullfighter and the Lady", de Budd Boetticher, y un año después llegó "A la hora señalada", con un personaje (la señora Ramírez, cuya pasional entrega contrastaba con la gélida belleza de Grace Kelly) que ganó repercusión a pesar de que tuvo que memorizar fonéticamente sus parlamentos, porque apenas balbuceaba en inglés.
Desde allí , siempre sobrellevando con temple y talento el riesgo del estereotipo, se afirmó encarnando expresivos y sensuales papeles fieles a su origen, sobre todo en westerns como "La flecha rota", "Los malditos de Yuma" o "El rostro impenetrable" que, de cualquier modo, fueron apenas una muestra de los más de 130 films en los que apareció.
Jurado, que trabajó junto a Spencer Tracy, Gary Cooper, Vittorio Gassman, Elvis Presley, Anthony Quinn y Grace Kelly, dijo que se negó a aceptar todos los papeles que le ofrecieron ("Sólo los que tenían dignidad", enfatizó) y siempre se negó a adoptar la ciudadanía norteamericana, por más que hasta fines de la década pasada era convocada para aparecer en el cine o la televisión.
La joven de exuberante sensualidad con el tiempo se convirtió en una intérprete que logró exitosamente trocar belleza por encanto, presencia y expresividad en títulos como "Los hijos de Sánchez", "Bajo el volcán" o, más recientemente, en "The Hi-Lo Country", el gran western de Stephen Frears. Cuando cumplió 40 años de actuación, llegó a decir: "Ahora que estoy vieja, gorda y fea puedo decir lo que quiero". Instalada en una bella finca de Cuernavaca, podía recordar con entereza el sufrido matrimonio ("fue el segundo y el último", enfatizaba) de apenas cuatro años con Ernest Borgnine y su dolor de no poder trabajar con frecuencia debido a sucesivos problemas de salud. "Es que cuando no trabajo me siento muy sola", solía decir. Fue el único rasgo de confesada debilidad de una actriz que paseó siempre con orgullo su intensa personalidad en el arte y en la vida.
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