Fallida evocación de un gran escritor
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"Marechal o la batalla de los ángeles" . Producción local en video y pantalla ancha en el Cosmos por la Fundación Leopoldo Marechal. Dirección y guión: Gustavo Fontán. Con Alicia Berdaxagar y otros. Duración: 65 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: mala
Muy amplia y muy compleja fue la vida y la literatura del poeta, narrador, dramaturgo y ensayista Leopoldo Marechal. Nacido en Buenos Aires en 1900, elaboró su obra a partir de una coherente concepción del mundo fundada en ideas estéticas, filosóficas, religiosas y sentimientos personales. Escribió y fue leído en clave del universo platónico, la interpretación de la Biblia a partir de sus significados proféticos y la visión del hombre como criatura trascendente.
En la década del 20 colaboró en el periódico Martín Fierro, viajó a Europa y en 1930, residiendo en París, comenzó a escribir "Adán Buenosayres", uno de sus libros más trascendentes, que publicó en 1948. Ya se había distinguido como poeta y a partir de 1945 se adhirió activamente y participó como funcionario del peronismo, lo que lo dejó fuera del circuito literario.
Búsqueda sin profundidad
Trasladar todo este micromundo marechiano a un film documental es un esfuerzo que necesitaba de sagacidad, de pulida síntesis y de extrema rigurosidad. Precisamente de todo ello carece "Marechal o la batalla de los ángeles". El film recrea sin vibración poética ni profundidad extrema algunos aspectos de la trayectoria del escritor. Y lo hace desde una óptica al mismo tiempo pretenciosa y simplista basada en diálogos que mantienen dos intelectuales -Claudio Pérez y Horacio González-, que sentados frente a una mesa del mítico bar Izmir se reúnen con personajes que, de una manera o de otra, tuvieron que ver con la vida personal y profesional del literato evocado.
Poco importa que por la pantalla desfilen María de los Angeles y Malena, dos de sus hijas, y algunos de sus coetáneos que perfilan monótonamente aspectos de la niñez y de la adultez del recordado escritor. Mucho menos interesa la episódica y forzada participación de Alicia Berdaxagar leyendo una carta extraída del contexto de lo que se narra. Y ya cae en lo absurdo un final en el que Jean- Pierre Reguerraz y un grupo de carnavalescos comensales evocan un capítulo de "El banquete de Severo Arcángelo".
Sin duda, el director y guionista Gustavo Fontán intentó rendir un homenaje a Marechal. Pero su propósito se vio frustrado por un relato sin matices ni emoción, a lo que se sumó un cúmulo de fallas técnicas que van desde un sonido imperfecto, pasando por una mediocre fotografía, por la quietud de una cámara lánguida y por una música que nada tiene que ver con lo que narra el documental.





