
Colin Farrell: el nuevo comienzo de un chico malo
En Noche de miedo, que se estrena mañana, el actor deja el lugar del héroe para ser el villano
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SAN DIEGO.- Habla rápido Colin Farrell. Más cerca de un agente de bolsa al borde del colapso y asistido por alguna sustancia estimulante que del actor seductor, mal hablado y fumador en cadena que un día aterrizó en Hollywood desde Dublín, Irlanda. Y enseguida fue el chico malo, la estrella en ascenso, el novato que trabajaba con Steven Spielberg y Tom Cruise en la genial Minority Report: sentencia previa , que se bancaba un raro protagónico en Enlace mortal para derrapar con El discípulo junto a Al Pacino, SWAT y el fallido Alexander de Oliver Stone. Así, en un par de años, fue el actor arruinado, una profecía de apocalipsis personal creada por los medios que él se ocupó de cumplir, ese tipo que antes de demostrar algo más que mucho carisma ya había prendido fuego a su propia carrera y hasta a su propia vida cuando una errática interpretación en la versión cinematográfica de División Miami derivó en escándalos, peleas y una internación en un centro de rehabilitación. Pero eso fue antes. Porque ahora Farrell está volviendo.
Todavía habla con un acento bastante cerrado y tan pero tan rápido que hay que concentrarse mucho para seguirlo. Pero al menos ahora, a diferencia de hace unos años, cuando era el único que fumaba y puteaba y tomaba cerveza durante la conferencia de prensa de Daredevil, el hombre sin miedo (otro proyecto fallido, otro alarde de carisma), no dice un "fuck" por segundo, y su discurso tiene la urgencia del hiperactivo pero no ya de quien camina por el precipicio sabiendo que en cualquier momento se va a caer.
El tipo ya se cayó y cuando se levantó decidió cambiar el rumbo de su carrera. Por eso está acá, frente a la prensa de todo el mundo –incluida La Nacion–, presentando Noche de miedo, el film que Disney estrena mañana en la Argentina. Una remake del clásico de culto La hora del espanto, de 1985.
"A los doce o trece años vi la película original. Era fanático de ella, en realidad. Por eso cuando me mandaron este guión para que lo leyera no quería que me gustara. De verdad que no. Porque si no me gustaba me hubiera sentido con derecho a decir «típico Hollywood, cómo se les ocurre hacer esta remake». Pero me gustó y aquí estamos", dice el actor, y sonríe esperando que alguno de los periodistas presentes le pregunte por esa otra remake que Hollywood está haciendo y que, después de mucho tiempo, lo tiene como absoluto protagonista. Se trata de El vengador del futuro, aquel film de 1990 con Arnold Schwarzenegger en el papel central que Paul Verhoeven adaptó para el cine del cuento de Philip K. Dick. Así, cuando esta nueva versión que dirige Les Wiseman (Inframundo) llegue el año próximo a los cines de todo el mundo, Farrell habrá cumplido con la penitencia autoimpuesta que lo alejó del centro de la industria para empezar a recuperarse en la periferia, bien lejos de Los Angeles y más cerca de sus orígenes. Un protagónico compartido con Ewan McGregor en una película de Woody Allen (El sueño de Cassandra), otro con Brendan Gleeson (Escondidos en Brujas) y otro más con Edward Norton (Código de familia). Después llegó un film realizado en Irlanda, Amor sin límites, con la dirección de Neil Jordan, que lo puso, una vez más, en el radar de Hollywood.
Volvé que te perdonamos
Y entonces la meca del cine industrial puso en marcha el circuito que más disfruta: darle una segunda oportunidad al mismo actor al que durante un tiempo se ocupó de hostigar hasta volverlo incontratable. Una redención que siempre huele a prefabricada. Quizá por eso Farrell optó por hacer la suya: un papel pequeño junto al gran Jeff Bridges en Loco corazón (donde se daba el lujo de cantar música country), una mínima pero graciosa participación en Quiero matar a mi jefe y ahora este villano en Noche de miedo. En la película que dirige Craig Gillispie (Lars y la chica real) el actor es Jerry, el pálido y misterioso nuevo vecino del barrio de casas idénticas y prefabricadas de las afueras de Las Vegas donde vive Charley (Anton Yelchin) junto a su mamá (Toni Colette). Un lugar donde a nadie le llama la atención que Jerry pinte sus ventanas de negro y nunca se lo vea a la luz del sol porque allí muchos trabajan de noche en los casinos o espectáculos y duermen durante el día. Igual que los vampiros como Jerry.
"Este tipo trata a las personas como juguetes a los que ama torturar. No tiene ningún impulso humano", explica Farrell, y cuando alguien lo pregunta quién ganaría en un enfrentamiento entre su chupasangre y los de Crepúsculo, agrega: "Si la pelea fuera por un pedazo de carne, humana, obvio, gana Jerry. Ahora si se trata de algo romántico, por el amor de alguna mujer, yo apostaría por Edward Cullen", contesta Farrell amable. Aunque ya debe estar un poco cansado de que le pregunten por el vampiro sensible de las novelas de Stephenie Meyer. Especialmente porque, a pesar de que él no lo diga, Jerry consigue devolverle la maldad, la carnalidad y la seducción al cine que los chupasangres aptos para consumo adolescente de Crepúsculo le quitaron.
Y nadie mejor para interpretarlo que Farrell. Siempre el chico malo, el elemento inflamable de la fórmula, el protagonista no del todo presentable y con una floja historia en la taquilla, que luego de la implosión profesional y personal afinó la puntería y empezó de nuevo. Haciendo películas de menor a mayor –presupuesto–, que le importan y que, de paso tal vez puedan demostrar que detrás del acento, la actitud y la sonrisa misteriosa hay un gran actor esperando una nueva oportunidad.




