
Film difícil, aunque de gran belleza
1 minuto de lectura'
"2046 - Los secretos del amor" ("2046", Hong Kong, China, Francia, Alemania, Italia/2004). Guión y dirección: Wong Kar-wai. Con Tony Leung, Zhang Ziyi, Gong Li, Takuya Kimura, Faye Wong, Carina Lau, Chang Chen y Maggie Cheung. Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu-fai y Kwan Pung-leung. Música: Peer Raben y Shigeru Umebayashi. Diseño de producción y edición: William Chang. Producción hablada en cantonés, mandarín y japonés con subtítulos en castellano y presentada por Alfa Films. Duración: 129 minutos. Para mayores de 13 años con reservas.
Nuestra opinión: muy buena
Grandioso y caótico, fallido y genial. Así de pendular y desconcertante es "2046", el séptimo largometraje del realizador chino, pero adalid de la nueva ola del cine hongkonés, Wong Kar-wai.
Cuatro años de rodaje marcados por enfrentamientos con el gobierno chino, por la epidemia de SARS y por desastres financieros (el presupuesto final creció hasta los 18 millones de dólares), constantes cambios en el elenco y en la historia, tres directores de fotografía y costosos efectos visuales convirtieron a la producción de este film retrofuturista en una odisea, un calvario tan épico como el propio tono de la película.
Perfeccionista, megalómano y tiránico, Wong Kar-wai construyó en "2046" otro melodrama sobre el amor loco y torturado (en verdad, sobre el deseo y la imposibilidad de su concreción) que resulta una ampliación de las búsquedas estéticas, temáticas y narrativas de su película previa, la bastante más contenida, reprimida, sublimada y redonda "Con ánimo de amar".
El título alude a una novela de ciencia ficción que escribe el protagonista, a un tren que viaja en el tiempo, a un estado mental de felicidad idílica ubicado en el futuro y al número de habitación de una pensión. "2046" es todo eso y, al mismo tiempo, una conjunción y profundización de las principales obsesiones de su director: el tiempo que todo lo atrapa y lo consume, la memoria que agobia y traiciona, la identidad que nunca se alcanza, la añoranza por lo que se amó y no se puede tener, el desprecio por aquello que se posee pero que no se es capaz de amar con la intensidad necesaria.
Tony Leung -actor fetiche de Wong Kar-wai- interpreta nuevamente al señor Chow, periodista y escritor visto en "Con ánimo de amar", mientras que la atribulada heroína que allí encarnó Maggie Cheung apenas aparece ahora en unos pocos planos y ha sido reemplazada por otras cuatro estrellas asiáticas: Zhang Ziyi ("El tigre y el dragón"), Gong Li (la musa de Zhang Yimou), Faye Wong y Carina Lau.
Sinfonía cinematográfica que repite sus movimientos, su leit-motiv, una y otra vez con sutiles variaciones, "2046" también encuentra en la ópera no sólo un fuerte sostén musical, sino incluso la fuerza espiritual que le da vida.
Wong Kar-wai se permite subvertir esos y otros tabúes del cine asiático, mientras apela también a todos los recursos visuales y narrativos a su alcance: filma por primera vez en pantalla ancha y con lentes anamórficos; utiliza aforismos, carteles, imágenes de archivo y una permanente voz en off que interactúan con los diálogos y amplifican la carga lírica y nostálgica del relato, y salta del idealizado 2046 a las decadentes habitaciones del hotel Oriental en el convulsionado Hong Kong de fines de la década de 1960, donde se producen crímenes pasionales y -ahora sí- Chow mantiene fogosos encuentros sexuales con sus diversas pretendientes. La audacia se extiende también a los diálogos: Leung habla en cantonés; Gong Li y Zhang Ziyi, en mandarín, y el astro japonés Takuya Kimura, en su idioma, incluso en las escenas en las que dialogan entre ellos.
Fascinante y misterioso estudio sobre la manipulación, los celos, la pasión, los distintos grados de compromiso en las relaciones afectivas y la imposibilidad de construir un futuro sin resolver las cuentas pendientes con el pasado, "2046" encuentra en Tony Leung a un intérprete perfecto para esta mezcla de escritor bohemio a la Charles Bukowski, intelectual proustiano, Don Juan melancólico, galán de cine clásico y voyeurista profesional.
Los rubros técnicos -como en todo el cine de Wong Kar-wai- son prodigiosos. Cada plano es una obra de arte trabajada con la obsesividad y la sensibilidad de los grandes maestros. Los tres directores de fotografía (el australiano Christopher Doyle, el hongkonés Lai Yiu-fai y el chino Kwan Pung-leung) hacen magia con la luz y las diferentes texturas de las imágenes, mientras que igual de fastuoso es el aporte de su habitual diseñador y montajista William Chang. La ecléctica banda de sonido es otro regocijo para cinéfilos-melómanos, ya que combina las evocativas composiciones originales del alemán Peer Raben (viejo compañero artístico de Rainer Werner Fassbinder) y del japonés Shigeru Umebayashi con temas de Xavier Cugat, Mel Tormé o Zbigniew Preisner y las voces de Nat King Cole, Connie Francis o Dean Martin.
El director de "Felices juntos", "La caída de los ángeles" y "Chungking Express", probablemente uno de los pocos (¿últimos?) verdaderos genios visionarios del cine contemporáneo, construye una película excesiva, imperfecta, pero al mismo tiempo sofisticada y de una belleza embriagadora. Con este film Wong Kar-wai alcanza su cumbre poética, la culminación de una búsqueda y una estilización que a estas alturas también parece al borde del agotamiento. Está en él y en su enorme talento e intuición demostrar si, una vez más, es capaz de reinventarse a sí mismo.
1- 2
De Timothée Chalamet a Jessie Buckley, cómo funcionan las campañas de desprestigio que cambian el rumbo de los premios Oscar
3“Una pesadilla”: el film basado en un héroe de los 80 que fue el punto más bajo en la carrera de un actor y que hoy es de culto
4Junto a Gastón Pauls y Leticia Brédice, el Festival de Málaga reconoció la obra de Fabián Bielinsky



