Film italiano sugerente como el rumor del mar
"Prefiero el rumor del mar" ("Preferisco il rumore del mare", Italia/1999). Dirección: Mimmo Calopresti. Con Silvio Orlando, Michele Raso, Paolo Cirio, Fabrizia Sacchi, Mimmo Calopresti, Andrea Occhipinti, Marcello Mazzarella. Guión: Mimmo Calopresti y Francesco Bruni. Fotografía: Luca Bigazzi. Música: Franco Piersanti. Montaje: Massimo Fiocchi. Presentada por Zeta Films. Duración: 84 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena.
Una expresión de uso corriente en la música -pianissimo- se ajusta al estilo que Mimmo Calopresti expone en "Prefiero el rumor del mar". Aquí no hay ráfagas ni temporales, sino una marea muda y constante que avanza y retrocede bajo la apariencia de la calma. Es un film que elige la discreción y la distancia, hasta tal punto que el observador moldeado en el vertiginoso cine del Hollywood actual -o el que espera salir de la sala con respuestas y no con interrogantes- puede juzgarlo apático, monótono, insípido y hasta falto de calor.
Sin embargo, conviene no confundir baja intensidad con ausencia de progresión dramática ni distancia con indiferencia. Hay en el trabajo del realizador italiano tanta sutileza como claridad de propósitos. Y en cierto sentido su historia adopta los rasgos del carácter de uno de sus principales personajes -tal vez el verdadero protagonista-: la introspección, la reserva, la emotividad que evita ponerse de manifiesto, un despojamiento que no excluye cierta poesía.
El cuento es, en apariencia, sencillo. De vacaciones en su pueblo natal, Luigi, un calabrés que ascendió económica y socialmente en Turín y ha accedido -por la vía matrimonial- a las jerarquías más altas de una poderosa empresa, se entera del desamparo de un lejano primo suyo -un adolescente de la misma edad de su hijo- y decide darle apoyo. Seguramente tiene en mente su propia historia cuando lo lleva al Norte, lo instala en una suerte de albergue comandado por un amigo suyo -sacerdote progresista- y promueve la amistad entre el recién llegado, Rosario, y su hijo, Matteo, típico niño consentido de clase media alta con el que no tiene una comunicación demasiado fluida.
Entre los dos adolescentes no hay nada en común, salvo el hondo malestar de los años de crecimiento; sin embargo, algún nexo afectivo se establece entre ellos y sobre ese vínculo avanza la historia. Pero el conflicto, en todo caso, no viene de sus diferencias, sino de los prejuicios y los complejos de Luigi respecto de su propio origen y del recelo que empieza a volcar sobre ese chico que le remueve el pasado, y cuya determinación alienta a Matteo a salir de su cómoda inercia.
Variedad de lecturas
A primera vista, el film parece centrar su atención sobre las diferencias entre el Norte y el Sur, entre la alta burguesía y la clase trabajadora, que no sólo se verifican en la realidad económico-social, sino también, particularmente, en lo cultural. El tema está, por cierto, bien presente, aunque -fiel a su estilo- Calopresti sólo lo traduce en las conductas de sus personajes: en ese terreno, la visión se enriquece porque entre Rosario -tradicionalista, religioso, altivo, taciturno- y Matteo -sobreprotegido, desganado, disperso-, está Luigi, a caballo entre un Sur cuya memoria preferiría borrar y un Norte que, como comprobará, nunca lo ha aceptado del todo.
Pero así como hay multiplicidad de puntos de vista expuestos en el film (sin necesidad de discursos, felizmente) los hay también para abordar su complejo contenido. Uno permite poner el acento sobre el tema de la siempre presente posibilidad del cambio, del renacimiento; otro, quizás el más interesante, es el de la elección que cada uno hace para sí del encuentro de la propia voz interior, ese "ser uno mismo" que de tan mentado ya parece haberse convertido en una expresión vacía. Y en esa clave hay mucho para observar en el comportamiento de los tres principales personajes y también en algunos de aparición más fugaz, como el sacerdote, la esposa de Luigi y su joven amante.
Todos los actores -especialmente Silvio Orlando, en cuyo frío aplomo cuesta descubrir al compasivo solitario de "Fuera del mundo"- responden al medio tono que Calopresti impone desde la dirección. Los dos debutantes -Michele Raso y Paolo Cirio- hacen apenas visibles sentimientos y emociones que el film mantiene en estado de sugerencia.
Calopresti evita los cierres y las explicaciones tranquilizadoras. No hay una clave que buscar -parece decir-: sólo cabe contar lo que sucede con estos personajes y el camino que se ha recorrido tratando de comprenderlo.
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