
Gabriel Nesci: "Soy claramente un músico frustrado"
El creador de Todos contra Juan debuta en cine con Días de vinilo, una comedia sobre los peligros de vivir de los recuerdos
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El guionista y director Gabriel Nesci, autor de Todos contra Juan , parece ser miembro de una pintoresca especie: la de quienes viven en clave de evocación y disfrutan desempolvando los fetiches y postales del pasado. Quizá para ejercitar la nostalgia, para reírse, para resignificar lo que fue o para repensar su presente. Así lo confirma, a sus 33 años, en Días de vinilo , su ópera prima, una comedia sobre la difícil tarea de "decidir qué cosas tomamos del pasado y de qué cosas nos desprendemos", que se estrenará mañana.
El film cuenta la historia de cuatro amigos que, en un episodio entre mágico y absurdo, reciben "del cielo" una colección de discos de vinilo. A partir de allí, la música comienza a ser el hilo conductor de sus vidas y lo que los mantendrá unidos, pese a sus diversas elecciones de vida. Ya en sus treinta y pico, y en vísperas del casamiento de uno de ellos, cada uno afronta su propia crisis: Damián (interpretado por Gastón Pauls) es un guionista de cine que, frustración amorosa mediante, intenta concretar su próxima película.
Marcelo (Ignacio Toselli) es el líder de una banda tributo a los Beatles que rehúsa embarcarse en una relación amorosa adulta. Luciano (Fernán Mirás) es un conductor de radio con tendencias obsesivas que se enamora de una egocéntrica cantante pop, y Facundo (Rafael Spregelburd) es un músico aficionado que trabaja en un cementerio privado y entra en conflicto con su inminente casamiento.
En diálogo con LA NACION, Gabriel Nesci, ansioso por el estreno de su primer largometraje luego de 10 años de trabajo, habla sobre su vocación por contar historias, su pasión por la música, su carrera en la TV y sobre las huellas que dejaron sus propios días de vinilo...
–La película se iba a llamar en un principio Todos necesitan amor , ¿por qué cambió el título?
–Me cuesta mucho ponerles nombre a las cosas, y entonces, casi jugando, le puse el nombre de una canción. Yo sabía que en algún momento iba a tener que ponerle el nombre de verdad. Ese título de alguna manera hacía referencia a las relaciones sentimentales, pero la película no habla sólo de amor, sino que también habla de vínculos de amistad, sueños profesionales, expectativas. Y desde que apareció la música como hilo conductor de la película, la verdad es que yo sentí que ponerle el título Días de vinilo era un poco más abarcativo. Y el final de esos "días de vinilo" para estos personajes es en el momento en el que el primero del grupo decide casarse, y eso revoluciona a todos. Además, el vinilo es un objeto romántico maravilloso que habla de música, pero también habla de ciertas cosas que están en el pasado. La película habla del momento en el cual tenemos que decidir qué cosas tomamos del pasado y de qué cosas nos desprendemos.
–¿Hay una suerte de álter ego tuyo personificado en la película?
–Yo creo que tengo lo peor de todos y todas [ríe]… No, si bien argumentalmente a mí no me pasó nada de lo que les pasa a los personajes, hay elementos que son de mi vida. Uno de los niños va a un cine continuado, donde pasan pelis de los ochenta, y yo eso lo hacía. Una vez fui al cine en el que se estrenaba Volver al futuro y después estaba E.T. Me rompieron la cabeza esas dos gemas. Ese día supe que quería dedicarme a contar historias. Entonces, esos momentos, esos climas, sí están presentes y son muy personales. Los chicos en la película reciben la música de una manera un poco mágica. Cae del cielo una colección de discos de vinilo, y a mí me pasó eso. No de una manera tan mágica, sino que me los regaló el padre de un amigo en un momento en el cual tenía una sed de investigar algo nuevo.
–¿Ves puntos en común entre tu película y Alta fidelidad?
–Para mí, el punto en común es la música como hilo conductor. Pero argumentalmente no veo mucho.
–Hay elementos de la película que recuerdan a recursos de Todos contra Juan , ¿te inspiró la serie para el guión de la película?
–El guión es anterior y también contemporáneo al programa. Lo empecé a escribir mucho antes y lo reescribí durante la serie. Tuvo muchas modificaciones, entonces es natural que se haya contagiado el tono cómico de uno con el tono cómico del otro. Pero más allá de eso, no hay mayores similitudes, quizá sí un aroma similar... Algo que tienen en común los personajes de la peli y los de Todos contra Juan es el tema de la negación. En el no ver, en el aferrarse a algo que ya pasó y en el no abrirse a tomar decisiones a futuro.
–¿En qué se diferencia la tarea de traspasar tu imaginario a la televisión de hacerlo en el cine?
–La primera diferencia entre la tele y el cine es el tiempo. Tiempo de pensar, de equivocarte. En la tele tenés algo bueno y malo: tenés eso de la inmediatez pero también tenés una revancha la próxima semana. Con una peli no tenés esa revancha, porque te casás con esas historias y con esos personajes que elegís por varios años. Entonces los personajes y las historias tienen que tener una verdadera resonancia en uno, y para lograr que esa resonancia siga actualizada es necesaria la revisión constante, y eso te lo da el tiempo.
–¿Por qué hay poca música nacional en la película?
–Hay música nacional original. El hit "Desde que no estás conmigo", que canta Emilia Attias, lo escribí yo, que claramente soy un músico frustrado y despunto el vicio escribiendo algunas canciones [ríe]...Pero una decisión que tomé es que estos personajes recibieran la misma música que yo recibí yo cuando era chico. Y la música es esa que está en la película. Ni más ni menos. A mí me encanta el rock nacional, pero yo llegué más tarde al rock nacional. En ese momento de mi vida, me encantaban los intérpretes que suenan en la película, con sus versiones originales: Queen, Morrisey, los Beatles, Rod Stewart, Marvin Gaye, Phil Collins.
–Quien escuche la banda de sonido, ¿estará escuchando la de tu vida?
–Absolutamente. De hecho, al personaje de Gastón Pauls en un momento le preguntan: "¿Cuál es la canción que más te marcó de chico?". Y el dice: "Groovy Kind of Love". Y a mí me pasó eso. Empezó a sonar en la radio –es de 1988, yo tenía 9 años– y esa canción tenía una magia que me envolvía, como una cosa hipnótica.

