Gato con Botas

Diego Batlle
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8 de diciembre de 2011  

Gato con Botas (Puss in Boots, Estados Unidos/2011) / Dirección: Chris Miller / Guión: David H. Steinberg, Tom Wheeler y Jon Zack / Música: Henry Jackman / Edición: Eric Dapkewicz / Diseño de producción: Guillaume Aretos / Distribuidora: UIP / Calificación: Apta para todo público / Salas: 2D y 3D.

Nuestra opinión: buena

Más allá de su simpático aporte como personaje secundario de la popular saga de Shrek , el Gato con Botas merecía "su" película. Surgido de varios cuentos populares del siglo XVII, formó parte del imaginario infantil de unas cuantas generaciones mucho antes de que se convirtiera en el fiel ladero del ogro gigante y del delirante burro en la franquicia animada de la productora DreamWorks.

Torpe, valiente y seductor a la vez, tierno por momentos y despiadado en otros, este felino espadachín y enamoradizo encuentra en esta producción en 3D una historia a puro vértigo y un despliegue visual a la medida de la criatura concebida para y por el español Antonio Banderas.

Por supuesto, hay en este guión "de manual" múltiples elementos fantásticos y humorísticos (la mayoría de los gags físicos y verbales funcionan bien), una contrafigura romántica intensa (una suerte de Gatúbela llamada Kitty que es interpretada por otra estrella latina como Salma Hayek) y personajes secundarios que sirven con fines cómicos (como el huevo Humpty Dumpty) o para llenar los espacios reservados a los gigantescos y brutales malvados de turno.

La película es un más que digno entretenimiento, la animación digital es de primerísimo nivel, los efectos estereoscópicos le otorgan una espectacularidad adicional (que los enemigos del 3D verán como lugares comunes), las coreográficas escenas de acción (y de baile con reminiscencias flamencas) tienen un ritmo y un acabado envidiables.

Pero más allá de sus incuestionables logros estéticos y técnicos, la narración termina siendo un poco caótica y parece alargarse cual chicle, como si los conflictos pergeñados dieran para un mediometraje y con esos elementos no demasiado creativos, audaces ni sorprendentes hubieran tenido que llegar sí o sí a los 90 minutos de rigor.

De todas maneras, no hay reparos que valgan cuando de llegada masiva se habla. Y este spin-off (desprendimiento) de Shrek (hasta el director elegido, Chris Miller, proviene de esa saga, ya que fue el responsable de la tercera entrega) tiene los atractivos y el despliegue de marketing necesarios como para continuar atrapando a chicos (y grandes). En pocas horas más se verá el resultado de esta invasión gatuna.

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