
Godard hace escuchar su propia música
Nuestra música , ( Notre musique , Francia-Suiza/2003, color; hablada en francés). Dirección, guión y edición: Jean-Luc Godard. Con Sarah Adler, Nade Dieu, Rony Kramer, Simon Eine, Ferlyn Brass. Fotografía: Julien Hirsch y Jean-Christophe Beauvallet. Música: Tchaikovsky, Sibelius, Arvo Pärt y otros. Presentada por Primer Plano. 80 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
Un film de Godard puede apasionar, comprometer, intranquilizar, perturbar, impacientar, urgir el pensamiento, inducir a la reflexión. Un film de Godard no busca entretener: apunta a la inteligencia y la sensibilidad alertas. Un film de Godard interroga, o mejor: es Godard quien interroga al mundo con los medios del cine y nos hace partícipes de su inquietud. Viene haciéndolo de distinto modo desde hace años, casi siempre con la misma lucidez y el mismo ánimo. Esta vez, quizá porque eligió una estructura articulada en tres partes (o reinos) inspiradas en las de la Comedia del Dante y porque ofrece la claridad y la simplicidad de imágenes que son constantes en su obra, su propuesta se percibe como más accesible, quizá la más accesible en bastante tiempo.
Provocativo, cáustico o poético, el film mezcla el drama con el ensayo filosófico o político. En un mundo en que el hombre, librado a sí mismo, da rienda suelta a su pasión destructora, Godard parece buscar las pistas de la reconciliación y el perdón (por eso construye todo el segundo capítulo, el más extenso, en el Purgatorio de Sarajevo), aunque en el final, su fantasía sobre un Paraíso futuro (una utópica pastoral donde hay quienes juegan a la pelota sin pelota y quien ofrece manzanas al paseante, todos rigurosamente custodiados por marines), contiene una fuerte dosis de ironía y destila una gravedad casi melancólica.
Realidad y cine
En el comienzo, es el Infierno: poco menos de diez minutos de imágenes que bombardean al espectador con su visión ininterrumpida de combates, armas, fuego, muerte y destrucción: son imágenes tomadas de archivos, pinturas, noticieros o ficciones y encadenadas sin ningún orden cronológico en una seguidilla en la que caben la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, las batallas contra los indios, la Guerra de Secesión o los crímenes nazis.
Desde el principio, Godard apunta por un lado a esta realidad atroz y por el otro al cine que ha sido incapaz de registrarla en su verdadera dimensión. Y ese doble objetivo se exterioriza aún más en el Purgatorio, una ficción en la que el propio Godard, llamado a intervenir en una conferencia en Sarajevo, toma contacto con otros extranjeros, entre ellos una joven estudiante de cine (la "única israelí dispuesta a dar su vida por la paz"), una periodista que ha viajado para ver "el lugar donde la reconciliación es posible", un traductor egipcio y un diplomático francés, además de intelectuales como el poeta palestino Mahmoud Darwich, el escritor español Juan Goytisolo y el francés Pierre Bergounioux, y de un trío de indígenas norteamericanos. La charla de Godard sobre las ramificaciones políticas y filosóficas del campo-contracampo opera a manera de síntesis de lo que se expone y discute en el film, del conflicto palestino-israelí y la paradoja de que para existir Palestina necesite de Israel a la posibilidad de la reconciliación: no puede haber un punto de vista correcto entre tantos puntos de vista equivocados. El film acepta múltiples aproximaciones: no se trata tanto de ver las imágenes sino de hacerlas dialogar, como propone el cineasta.
Como es habitual en Godard, abundan las sentencias, que más allá de cierto tono didáctico, suelen ser sustanciosas. Como ésta, rotunda, que expresa Goytisolo: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea: es matar a un hombre".
1
2Operación sombra: el regreso de Jackie Chan, en un film en donde conviven buenas intenciones y oportunidades perdidas
3De las ganas de Christian Bale de conocer la Argentina a la química entre él y Jessie Buckley: viaje al interior de ¡La novia!, de Maggie Gyllenhaal
4El cine en medio de la guerra: la titánica y valiente lucha de los directores iraníes para saltar la censura del régimen




