
Héctor Babenco: el director argentino más brasileño

"Soy el director de cine más brasileño de todos", repetía Héctor Babenco a quien quisiera escucharlo. El prestigioso realizador de Pixote, El beso de la mujer araña y Carandirú, entre otros recordados títulos, fallecido el miércoles por la noche en San Pablo, había nacido en nuestro país hace 70 años, pero vivió la mayor parte de su vida en el país hermano. Sólo cuando descubrió que tenía cáncer linfático y que iba a morir, decidió volver para hacer en su país de origen el que pensaba que iba a ser su último film, Corazón iluminado (1998). Pero no fue así, y pronto volvió al país que le había concedido la posibilidad de iniciarse y desarrollar su carrera cinematográfica y al que había llegado junto con su padre antes de cumplir 20 años y sin haber completado sus estudios secundarios. Es comprensible que se lo considere, pues, un cineasta brasileño. Suelen seerlo los personajes de sus películas.
Siguió luchando contra la enfermedad (lucha que incluyó un trasplante de médula) y todavía tuvo la posibilidad de filmar otras tres películas, entre las que se cuenta la que resultaría su más grande éxito, Carandirú. En ese film -que como la mayoría de los suyos se inspira en situaciones reales y a veces también contiene elementos autobiográficos-, reprodujo los trágicos acontecimientos acaecidos en 1992 en la Casa de Detenciones de San Pablo, la penitenciaría más grande de América latina y la más superpoblada. "Sólo los prisioneros, los policías y Dios pueden contarnos lo que realmente pasó allí", resumió el propio Babenco en 2003, cuando se produjo el estreno de la película, vista por más de cinco millones de espectadores en Brasil.
El 9 de octubre de 1992 se disputó un partido de fútbol entre reclusos e, inmediatamente después, los 7.800 presos (confinados en un espacio diseñado para 3.000) se amotinaron exigiendo una mejora en las condiciones de la prisión. Tropas policiales asaltaron los pabellones de la cárcel y el choque dejó un saldo de 111 prisioneros muertos, ningún policía herido, ninguno muerto.
¿Cómo ocurrió? En el film, Babenco no sólo reconstruyó los hechos, sino también, y sobre todo, el tipo de vida en prisión en los meses precedentes, su sistema organizativo, las pequeñas historias entrecruzadas de un grupo de presos, la lucha por la supervivencia en un espacio oscuro, superpoblado y anárquico. Todo visto por los ojos del doctor Drauzio Varella, el oncólogo que desarrolló una larga investigación en el presidio fruto de la cual escribió el libro en que se basó el film y fue durante años médico y amigo personal del cineasta.
"Comencé a ejercer mi profesión de director en Brasil; fue Brasil el país que me dio la oportunidad de trabajar y ahí he crecido", solía confesar. Y cuando se le preguntaba qué había quedado de su argentinidad después de tantos años de vivir allí, solía responder que había logrado extirpar todo lo que había de horroroso en el argentino y quedarse con lo mejor. Lo mismo que trató de hacer con virtudes y vicios de los brasileños.
Si hay algo en común en todas sus películas, señalaba, es que en ellas predominaba la fascinación por contar historias. Lo mostró desde el principio, cuando todavía era muy joven. Después de dedicar su primer trabajo a la figura de Emmerson Fittipaldi, filmó El rey de la noche, con espléndidos trabajos de Paulo José (el protagonista de Macunaíma) y Marilia Pera (Pixote).
Sus habilidades narrativas y la potencia dramática que volcaba en sus personajes se confirmarían en Lucio Flavio, el pasajero de la agonía y especialmente en Pixote, la ley del más débil, film sobre la infancia desprotegida que cosechó abundantes premios y lo consolidó como una delas figuras más potentes del cine brasileño de los 80. En 1985 tuvo su consagración internacional con El beso de la mujer araña, basada en la novela de Manuel Puig y que le dio a Babenco como director una nominación al Oscar, mientras premiaba a William Hurt con la estatuilla a mejor actor.
Sus films más recientes fueron El pasado, sobre la premiada novela de Alan Pauls, y Mi amigo hindú, donde otra vez su obra aparece estrechamente ligada con la enfermedad que finalmente terminó con su vida.
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