
Historia previsible con algunos momentos chispeantes
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"Dejala correr" (Argentina/2001). Dirección: Alberto Lecchi. Con Nicolás Cabré, Pablo Rago, Julieta Díaz, Florencia Bertotti, Fabián Vena y otros. Guión: Alberto Lecchi y Enrique Cortés, basado en el film "Rewind", de Nicolás y Rodrigo Muñoz Avia. Fotografía: Hugo Colace. Música: Iván Wyzsogrod. Presentada por Distribution Company. Duración: 86 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
Nadie duda de que Adrián Suar es un Midas para crear, por medio de su productora Pol-ka, algunos de los éxitos más resonantes de la televisión y del cine argentinos de los últimos tiempos. Sabe muy bien cómo acertar con el gusto del público masivo, y su intuición y su talento están siempre al servicio de temáticas cotidianas que llegan sin esfuerzo a un auditorio dispuesto a seguir sus llamativas, originales y, a veces, excelentes propuestas.
Claro que, como todo hacedor de sucesos masivos, Adrián Suar tiene derecho a equivocarse. Y "Dejala correr" quedará como un empeño bastante frustrado en su carrera. Para elaborar esta producción, Suar adquirió los derechos del film español "Rewind" y encomendó a Alberto Lecchi y a Enrique Cortés la adaptación de la trama a nuestro medio. La historia pretende ser original: un muchacho de barrio que reparte pizzas está locamente enamorado de Mónica, una atractiva y sofisticada vendedora de un negocio de antigüedades, y urde un plan para conquistarla. Un tonto pretexto le permite a Diego, el protagonista, organizar una cena íntima en su casa para concretar su deseo de declararle a Mónica el amor que siente por ella.
Pero lo que estaba fuera de su imaginación es que a esa reunión asistirían también una pareja amiga y un pretendiente de Mónica. El quinteto, además, no estará solo, ya que una cámara filmadora se encargará de registrar todos y cada uno de los actos del joven grupo y, como añadidura y mediante un mágico sistema, se rebobina y rebobina, al mismo tiempo, la realidad.
Poca magia y mucho tedio
La cámara se convierte así en la más fiel aliada de Diego, y él posee de pronto la posibilidad de acomodar cada minuto de esa reunión a satisfacer sus deseos de conquista. El guión no tarda en enquistarse entre la comedia apicarada, los disparates más inesperados y un final que ya se pronostica en las primeras secuencias.
Esta especie de cóctel con indefinido sabor está narrado en un estilo que, por momentos, se transforma en pura monotonía. Algún toque de sonrisa y contados diálogos chispeantes no son suficientes para entretener a los posibles jóvenes espectadores, destinatarios indudables del relato, y tanto la música como la fotografía y la dirección de arte demostraron eficiencia desde los rubros técnicos.
Alberto Lecchi, como director, hizo todo lo posible para aportar dinamismo a una narración que, lentamente, se va incrustando en la reiteración confundida con vueltas de tuerca.
Lo más interesante del film son los trabajos interpretativos de Nicolás Cabré, Pablo Rago, Julieta Díaz, Florencia Bertotti y Fabián Vena, fieles integrantes del "clan Suar", que se esfuerzan por aportar simpatía y nervio a un argumento que confunde sopor con imaginación. Como aditamento para los seguidores de Diego Torres, algunas de sus canciones sirven como música de fondo para convertir en realidad el romance de los protagonistas de esta fábula que apuesta a lo colorido y a lo informal y, en cambio, queda a mitad de camino entre el desenfado y un peligroso aburrimiento.





