
Historias de la tierra que no se abandona
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Sotuyo, sueños de un viejo cerro . Documental argentino (2005), dirigido por Eduardo López y Eliana Leira. Fotografía: Diego de Rose. Música: Gabriel Bajarlía. Hablada en español. Duración: 65 minutos. Calificación: apta para todo público, con reservas.
Nuestra opinión: buena
A trescientos kilómetros de Buenos Aires está Cerro Sotuyo, un pueblo que antiguamente tenía vida propia, sostenido por una gran cantera cercana. Actualmente, sin embargo, ese lugar es un recuerdo en el que cada vez más sus pobladores se van alejando del ruido y del polvo que las grandes maquinarias dejan a la vista. Sin embargo, Cerro Sotuyo posee todavía una memoria viva en don Silvio, un hombre de ochenta años, dueño de un desolado almacén, que rememora y sigue sintiendo a su pueblo como en plena época de su apogeo.
Don Silvio da a conocer en este documental la historia de esa tierra y la de sus últimos habitantes. Daniel, uno de los hijos del anciano, se ha ido del lugar hace años y tanto él como el resto de su familia intentan retirar a su padre de Cerro Sotuyo. No lo quieren ver morir en la desolación de un paisaje desértico, pero don Silvio sabe que irse de ese lugar es encontrarse con el fin. Cálido y sincero, el film transita lentamente por los pensamientos y los deseos de ese octogenario protagonista que, con su esposa, no desea dejar su pobre vivienda ni alejarse de la ruidosa cantera que hace temblar lo poco que queda del pueblo. Los noveles directores Eduardo López y Eliana Leira lograron contar con emoción la vida de ese hombre que, día tras día, se esfuerza por permanecer en el amplio espacio que lo vio nacer y crecer.
Con una hábil cámara, los realizadores lograron un retrato de ese espacio que truena al compás de la dinamita y se detiene en todo lo cotidiano de don Silvio y de su mujer, apegados a su propia identidad y siempre dispuestos a transitar por los campos que rodean la cantera en busca de la nostalgia nunca perdida. Este documental habla de la necesidad de no dejar el lugar en que transcurrió una vida y recrea con simpleza la existencia de esos protagonistas que buscan en su propio territorio la voluntad de aferrarse a un pasado que no quieren olvidar. Apoyado por una música de indudable calidad y por una excelente fotografía, Sotuyo, sueños de un viejo cerro es, como metáfora, lo que queda del sueño de muchos argentinos. Y es, también, el registro de aquellos hombres y mujeres que buscan en sus raíces la necesidad de no cambiar aquello que siempre los ligó a sus recuerdos.
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