Ifans, el villano menos pensado
El actor galés cuenta cómo llegó a un papel de gran exposición y habla de su relación con Hollywood
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CANCUN.- Sobran las muestras de cortesía y cordialidad en un encuentro mano a mano con Rhys Ifans. El actor galés que comenzó a ganarse un nombre propio interpretando a Spike, el amigo de Hugh Grant en Un lugar llamado Notting Hill, jamás levanta la voz y no se saca de encima las preguntas con lugares comunes: responde siempre a partir de una meditada elaboración.
Pero aun con este bagaje no puede disimular ni por un momento que se siente completamente ajeno a toda la maquinaria de Hollywood que se despliega a su alrededor para la presentación, ante la prensa internacional, de El sorprendente Hombre Araña, uno de cuyos puntos altos es la presencia como villano de este actor de genuina estirpe shakespeariana. Aquí, le toca a Ifans interpretar a un científico que experimenta una monstruosa metamorfosis, luego de la cual queda convertido en un reptil gigante, el Lagarto.
El actor llega a la entrevista con aire tranquilo y distraído y luce el aspecto típico de un rockero inglés (de hecho, también es músico; incluso fue el primer vocalista de la banda de culto Super Furry Animals). Y no hay mejor prueba de la distancia que voluntariamente quiere mantener respecto de Hollywood que las palabras que eligió para responder a la primera y natural pregunta acerca de cómo llegó a un papel que, con toda seguridad, le dará la mayor exposición de toda su carrera. "Fue como cualquier otro -contesta Ifans con algo de deliberada displicencia-. Fui convocado por el estudio, me tocó hacer una audición y esperé la llamada de mi agente para saber cómo había salido. A veces hay buenas noticias y a veces hay malas. En este caso fueron buenas."
-De cualquier manera, no se trata en este caso de cualquier papel. Usted aparece en una de las películas más ambiciosas del año en todo el mundo. ¿Cómo empezó su relación con este proyecto?
-Estaba en una isla muy tranquila del Mediterráneo cuidando a mis cerdos y a mis pollitos cuando de repente Hollywood llamó y me puso en un avión. Cuando uno deja un lugar tan bonito, rodeado de naturaleza, y llega al corazón de Hollywood para que le digan que va a interpretar a un hombre que se transforma en reptil, la reacción inmediata de mi parte es: "Yo puedo hacerlo, por supuesto".
-¿Cómo describiría a Curt Connors, el genetista que vive esta cruenta transformación?
-No es como los otros villanos de las películas de Batman o Superman. No es el príncipe del infierno con un disfraz. Connors es al principio la persona más agradable del mundo. Está convencido de que sus investigaciones beneficiarán a la humanidad. Hace ciencia real. Pero esa pasión y la codicia que muestra para llegar a ese objetivo lo más rápido posible lo llevan a olvidarse de la ética que todo compromiso de ese tipo exige. A veces pienso en personas como Oppenheimer, que a lo mejor soñaba con terminar la guerra, pero terminó involucrado en una acción que logró ese objetivo pero a costa de la muerte de cientos de japoneses. Sin duda alentó avances en la ciencia, pero a qué precio...
-¿Qué desafíos entrañó para usted este personaje?
-No tuve muchas complicaciones físicas. Trabajé mucho con la pantalla verde detrás y estuve cuatro o cinco días con máscaras prostéticas, pero siempre con la ayuda de un gran equipo detrás. Tal vez resultó más incómodo desde la interpretación mostrar cómo se produce el momento en que el Lagarto vuelve a adquirir formas humanas. Lo más difícil para mí fue encontrar durante el rodaje una pausa para fumar, porque el cigarrillo estaba prohibido en el set [risas].
-¿Y qué clase de vínculo tenía antes de la película con el Hombre Araña?
-Nunca fui un fan de los cómics, pero cuando era chico, en Gales, llegué a recortar una máscara del Hombre Araña de una revista. Lo bueno de este personaje es que se trata de un chico real, no un millonario que vive en una cueva o en una montaña, que refleja todas nuestras ansiedades. ¿Cuándo fue la última vez que apareció en el cine? ¿Seis, siete años atrás? Cada generación tiene su Hamlet, y este Hombre Araña interpreta mejor al mundo de hoy.


