
Jaco van Dormael: "La cultura de la religión no es solo de los creyentes"
El cineasta belga estuvo en Buenos Aires para acompañar el estreno de su nuevo y polémico film, El nuevísimo Testamento
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El singular cineasta belga Jaco van Dormael arribó a Buenos Aires hace dos semanas para acompañar el estreno de El nuevísimo Testamento, que todavía puede verse en algunas salas. Creador de un universo visual ocurrente y muy ligado al surrealismo, su película es audaz e irreverente: "llena de ideas que, en estos tiempos de cine previsible y calculado, se agradece", escribió desde estas páginas Diego Batlle en su crítica. Pese a su título, su provocador subtítulo (Dios atiende en Bruselas) y su estructura narrativa -una suerte de paráfrasis bíblica con su génesis, éxodo y capítulos destinados a los apóstoles-, Jaco van Dormael sostiene que su film no trata sobre la religión: "Sino sobre la dominación, que existe en la política, entre hombres y mujeres, entre adultos y niños y dentro de la familia". Nominada al Globo de Oro como Mejor Película Extranjera y ganadora del premio Magritte del cine belga al mejor film, El nuevísimo Testamento se permite una libre interpretación de la sociedad contemporánea presa tanto del determinismo como del teléfono celular, pero también juega con imágenes impensadas, como ver a una auténtica musa del cine como Catherine Deneuve en una cama acompañada por un inmenso gorila.
-Su película parece una crítica a la religión, pero también al racionalismo. Lo que es una paradoja porque el racionalismo reemplazó a la fe.
-Es difícil de responder porque nunca estudié filosofía, de hecho mi única filosofía es la del cine. Lo mío es más bien observar y relacionar cosas de una manera intuitiva, más como un neófito que como alguien que hubiera estudiado. Pero el cine es otra manera de pensar. Aunque es cierto que a menudo me dicen: "Hacés películas filosóficas", y yo no conozco nada de filosofía. Pero el cine es filosofía, de otra manera. Paso mi vida contando historias mientras pienso que la vida no es una historia y trato de hablar de la extraña experiencia de estar vivos en un planeta que gira alrededor del sol y nos preguntamos: ¿qué hacemos acá? y cuando uno elige sin saber por qué elige ¿se es libre verdaderamente?
-En esta película, en cambio, busca anular el principio de libre albedrío de algunos de sus otros films como Sr. Nadie (Mr. Nobody), El octavo día o La vida es una eterna ilusión, tal como se conoció en la Argentina a su ópera prima Totó, le héros...
-Aquí es más un cuento porque habla de transgresión, de miedo y de cómo no tener miedo. Es una construcción más episódica, un poco como en Don Quijote o Alicia en el país de las maravillas, donde cada momento debe ser importante. El nuevísimo Testamento es un relato crístico como Los siete samuráis o como muchos que se apoyan en la estructura del Nuevo Testamento. Amelie es un relato crístico también porque alguien va a hacer bien a otras personas y a abrirles los ojos.
-Quizás su película tenga puntos de contacto con el cine de Jean-Pierre Jeunet, es cierto que es imposible no pensar en Amelie.
-Sí, nos conocemos aunque no nos vemos a menudo. Pero hay otros directores que hacen películas que no se ven pero están en la misma senda y están fuera de los cánones del cine que ve todo el mundo. El nuevísimo Testamento no es una película cara, no hay muchos efectos especiales y nos inspiramos en imágenes religiosas con puestas frontales, simétricas, como las Iglesias pero sin signos religiosos. Está la voz en off de los apóstoles, se habla a la cámara como en los retratos de santos que miran al pintor.
-Siguiendo la idea de cuento, aquí el malo de la película es Dios...
-Hitchcock decía que para una buena película hace falta un buen malo y el switch de la película es: el padre es peligroso para la hija y ella para salvarse también va a salvar a los demás. Es un padre simbólico. Cuando yo era chico en mi educación católica y mi coguionista en su educación judía estábamos asombrados de que ninguna mujer hablaba, mientras que en nuestras casas nuestras madres hablaban mucho y tomaban decisiones. Entonces significa poner la historia en un contexto contemporáneo y real, y eso también le brinda un aspecto cómico y liberador.
-¿Teme que su película sea considerada blasfema o no le importa el asunto?
-Nunca quise que sea blasfema ni chocante, pero tampoco hice nada para que no lo fuera porque considero que la gente creyente es inteligente y que va a entender que el Dios de mi cuento no es el Dios en el que ellos creen. Es verdad que si hubiese hecho una película que se llame "Alá existe, vive en Bruselas", no tendría oportunidad de hacer entrevistas. Pero esto es algo que en mi opinión significa que la cultura de la religión no pertenece sólo a los creyentes, sino también a los que no creen porque se está inmerso en ello. Fui a una escuela donde había curas, pero era una de las escuelas más libertarias de Bélgica con curas bien locos y algunos que eran hasta revolucionarios. Mi hermano, que hacía la música de mis películas, era muy creyente. A la mañana abría la Biblia al azar, leía y decía que Dios tomaba su mano y escribía su música. Eso le daba fuerza y vivía en la ausencia de dudas, mi fuerza viene de la duda.
-¿Cuán importante es el surrealismo en su cine?
-Es muy importante porque vivo en Bélgica y es el país más surrealista que existe, no hay que inventar nada. Siempre hay algo extraño, es una especie de mezcla de idiomas, culturas y es un espacio de libertad porque siempre hay alguien que no va a estar de acuerdo. Pero ahora al conocer Buenos Aires debo confesar que también la encuentro un poco surrealista: nos llevaron a un hotel donde se había cortado la luz, entonces fuimos a otro en el décimo piso pero me llamaron para avisarnos que se había roto el ascensor pero cuando necesitáramos bajar el equipaje podíamos llamar para que nos ayudaran y en ese momento, se rompió el teléfono. Entonces dije: ¡me siento en casa!
-Es inevitable preguntarle por Catherine Deneuve porque si bien usted trabajó con grandes actores como Jared Leto o Daniel Auteuil, ella es un mito.
-La idea de pedirle a Catherine fue cuando, en el momento de manifestaciones contra el matrimonio igualitario, ella estaba en el noticiero de la noche y dijo: "Eso no le concierne a nadie, todos son libres de amar a quien quieran, no hay formas de amor que sean buenas y otras que sean malas". Ella es un ícono y podría haber evitado la respuesta, pero fue muy valiente, me dije: "Ella estaría muy bien con el gorila en la cama" (risas).
-¿El gorila ya estaba antes que Deneuve?
-Sí. Envié el guión a la gente de Catherine y aceptó, es alguien que no tiene miedo de nada y se divierte mucho. Ella es un Rolls Royce de la actuación, sólo hacen faltan dos palabras y sale disparada. Lo del gorila viene de un amigo que había invitado a su teatro a un cantante, pero él vive con una mona que duerme con él en su cama y no los aceptaban en ningún hotel. Entonces mi amigo los hospedó en su casa. Lo sorprendente es que ella era agresiva con todas las mujeres que se acercaban al cantante, los hombres podían hablarle pero las mujeres no.
-El surrealismo imita a la vida...
-Claramente.
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