
Jeanine Meerapfel, de estreno
"Annas Sommer", el film de la cineasta argentina, se verá en el festival de Berlín
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BERLIN.- Espíritus y recuerdos, imágenes y voces perdidas en los arcones del tiempo. Fragmentos de un pasado que, fundido en la cálida luz del Egeo, en la brisa fresca con olor a mar y a comida mediterránea, acompaña el sereno regreso de Ana Kastelano, personaje interpretado por la talentosa Angela Molina, a la paradisíaca Grecia de su infancia.
Lento y sutil transcurre este poético relato de Jeanine Meerapfel sobre la historia de una mujer madura, que tras las secuelas de los exilios de su familia judía (griega y española) emigrada a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, y las recientes muertes de sus padres y de su esposo alemán, intenta clavar un ancla en el sitio que más de cerca le late con el pulso de la vida. Allí, en una isla llamada Symi, donde se encuentra la casa de sus abuelos paternos (la que en principio decide poner en venta), las escenas de la memoria de Ana se deslizan, siempre mezcladas estéticamente con los tonos y sabores del paisaje, en un sugerente fluir de sensaciones. No hay ansiedad ni dolor, no hay sombras, sino una gran serenidad. Con mucha calma, Jeanine Meerapfel se sumerge en un placentero mundo de emociones, del cual nos entrega un profundo alivio y una reconciliación constante con las ganas de vivir.
También en Mar del Plata
Al lado de otras once importantes salas en distintas ciudades de Alemania, recientemente se estrenó en la Kulturbrauerei de Berlín (una antigua fábrica de cerveza reciclada y convertida en uno de los más movidos y mejor equipados complejos culturales de esta capital) el último film de la directora y guionista argentina Jeanine Meerapfel: "Annas Sommer" (El verano de Ana), con Angela Molina, Herbert Knaup y Dimitris Katalifos. Una coproducción alemana-griega-española, con cinco idiomas en su versión original, presentada por la Basis-Film-Verleih de Berlín, rodada en 35 milímetros y con 107 minutos de duración. El film, como ya lo anticipó La Nación , participará desde hoy en el festival de cine de Berlín; luego lo hará en el de Mar del Plata.
Muy bien recibida por la prensa local y bien acompañada por el público, la premiére en Berlín contó con un concierto en vivo de Floro Floridis, un destacado grupo de jazz griego (que además tiene a cargo la música de la película) y con un agasajo a la consagrada realizadora, ofrecido por la embajada argentina en Alemania. Si bien estaba anunciada la presencia de la actriz Angela Molina, una neumonía le impidió viajar hasta Berlín para presenciar la función. También la presentación en Colonia se desarrolló en el marco de una gran fiesta y tuvo una calurosa repercusión.
En diálogo con La Nación , el famoso actor alemán Otto Sanders, protagonista de "Las alas del deseo" de Wim Wenders, comentó al cabo de la proyección: "Es un film muy suave y tranquilo. Y hoy en día, tener el coraje de filmar una película que tenga tantos recuerdos y tanta naturaleza, resulta sorprendente. Cosas así se ven muy poco y a mí personalmente me ha gustado mucho esta película."
Exultante por el éxito del estreno, también Jeanine Meerapfel dialogó con LA NACION.
-¿Se trata de un trabajo autobiográfico?
-En realidad no es una historia autobiográfica, pero sí es muy personal, en el sentido de que todas mis películas, de una manera u otra, tocan el tema de la memoria y de la necesidad de encontrar un lugar a pesar de los exilios. Y en esta película, sobre todo, se trata del movimiento circular que tiene la vida. Es lo que yo quería contar: cómo la vida sigue a pesar de las muertes y separaciones; cómo la vida está llena de sorpresas, de pequeñas cosas, las recetas, los olores, los colores...
-¿Por dónde comenzaste a contar esta historia?
-Por la figura de Ana, esta mujer que está envejeciendo, que se da cuenta de que su piel ya no es la de una mujer de 20 años. Que ha perdido a su marido, que comprende que muchas cosas están terminando para ella, y que, a causa de eso, empieza a disfrutar profundamente de cada día, de cada sopa de pescado, de cada diente de ajo que le ofrece la vida.
-¿Cómo fue trabajar con Angela Molina?
-La conozco desde hace muchos años, ¡es casi mi hermana! y no es sólo una gran actriz, sino también una gran persona. Es madre de cuatro hijos, un ser humano profundamente familiar y cálido con el que me siento muy compenetrada. Tenemos los mismos sentimientos hacia la vida y hacia el arte que hacemos. Fue muy fácil trabajar juntas, nos reímos mucho, lloramos y la pasamos fantásticamente bien.
-Con este film participarás en la competencia del próximo Festival de Mar del Plata, ¿cuáles son tus expectativas?
-Estoy muy contenta porque, para mí, mostrar una película mía en la Argentina, es más importante que mostrarla en cualquier otro lado. Porque soy argentina y quiero que mi país vea lo que hago. Está clarísimo que el hecho de ir a Mar del Plata (no porque vayamos a recibir un premio, que sería muy lindo, claro), que el público argentino pueda ver la película y que tal vez se pueda distribuir, para mí es muy importante.
-En la evolución de tu carrera artística, ¿esta película tiene alguna característica especial?
-Hay mucho que es muy distinto de lo que había hecho hasta ahora. Había un ensayo o un experimento que yo quería hacer: contar una historia así como funciona la memoria. La memoria es desordenada y yo estructuré una película de manera no cronológica, porque sigue la emoción de un personaje. Estaba segura de que eso funcionaría. Es una forma de contar muy moderna, totalmente distinta de todo lo que había hecho, porque no hay flash-backs, sino varias historias paralelas. Es una estructura de tejido de memoria. Yo nunca conté así antes y es eso lo que principalmente me interesó hacer en esta película.
-Desde esta temática de la memoria y con casi cuarenta años viviendo en Alemania, ¿cómo es tu relación con la Argentina?
-Hice varias películas en la Argentina: "La amiga", "Amigomío", "Desembarcos". Es decir, hice co-producciones germano-argentinas y para mí era muy importante hacerlo, porque la Argentina es mi país y siempre será mi país, a pesar de que yo viva tan lejos. Es el país que cobijó a mis padres cuando escaparon de la guerra, es el país en el que nací y cuya habla es la mía. Es el lugar de mi infancia y eso no se pierde jamás. Pero también es doloroso porque no vivo allá. Es una relación muy compleja la que uno tiene con un lugar que ama y en el que no vive. Es complejo porque sospecho que yo no podría ya vivir en la Argentina, porque hice mi carrera, mi vida, mis amores acá. A la vez, esa añoranza, que es tan conocida por los argentinos, es parte de mi creatividad.
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