La Cenicienta en los tiempos de Internet
"La nueva Cenicienta" ("A Cinderella Story", EE.UU./2004, color, hablada en inglés). Dirección: Mark Rosman. Con Hilary Duff, Chad Michael Murray, Jennifer Coolidge, Regina King. Guión: Leigh Dunlap. Fotografía: Anthony B. Richmond. Música: Christopher Beck. Edición: Cara Silverman. Presentada por Warner Bros. Duración: 90 minutos. Apta para todo público.
Más de quinientas versiones del cuento de la Cenicienta han sido documentadas solamente en Europa, y conste que se habla de reproducciones literarias: nada se dice de las que se han registrado en otros territorios -una de las más antiguas llegó al papel en China y en el siglo IX-, ni de las que se han venido consumando en el teatro, la ópera, el ballet o el cine, sobre todo desde que Charles Perrault hizo popular su recreación a fines del siglo XVII, imponiendo alguna bienvenida innovación, como el famoso zapatito de cristal.
No es cuestión de hacer más historia, pero cualquiera sabe que entre los antecedentes más acreditados de la inmensa colección hay ejemplos tan diversos y recordados como la ópera de Rossini, el ballet de Prokofiev, el dibujo animado de Disney, la adaptación musical y parisiense de Stanley Donen con Audrey Hepburn y Fred Astaire, la que Francesco Rosi imaginó en la Nápoles de 1600 para Sophia Loren y Omar Sharif ("Y fueron felices...") o la más prosaica y relativamente reciente de "Mujer bonita". Sería muy arriesgado suponer que esta "nueva" Cenicienta ambientada en una escuela secundaria norteamericana de la actualidad y organizada en torno de la popularidad televisiva de Hilary Duff vaya a ocupar un lugar parecido en la memoria del espectador.
La novedad de esta adaptación, si así cabe llamarla, reside en cambiar al reino de leyenda por el muy californiano valle de San Fernando, al príncipe por el ídolo deportivo y romántico de la escuela, al hada madrina por un grupo de amigos generosos y al zapatito por un teléfono celular. Y algo más: la pobre Cenicienta sigue fregando pisos, en casa y en el restaurante de la familia, pero encuentra tiempo para estudiar (sueña con ser admitida en Princeton) y hasta algún rato libre para mantener una especie de romance vía Internet con un desconocido cuya identidad no es difícil adivinar.
En fin, todo lo demás es igualmente previsible, desde la madrastra grotesca y abusiva que lucha a fuerza de colágenos, lipoaspiraciones y bótox contra la fealdad y la vejez hasta las torpes y envidiosas hermanastras, pasando por el baile de máscaras del que la protagonista tendrá que huir indefectiblemente antes de la medianoche y el forzoso (y forzado) final feliz.
La dosis de ingenio invertida por el guionista Leigh Dunlap se agota en la búsqueda de equivalentes contemporáneos para la trajinada historia. El director Mark Rosman confía (demasiado) en el encanto de Hilary Duff, quizá sólo perceptible por los fans de la serie "Lizzie McGuire"; alterna situaciones típicas de comedia escolar con bromas tontas y esporádicos toquecitos románticos, y se preocupa por mantener cierto ritmo. Entre tanta rutina, lo único que puede generar alguna gracia es la caricaturesca y malvada madrastra de Jennifer Coolidge.
En fin, un programa sólo apto para preadolescentes con escasa experiencia cinematográfica y para admiradores de la nueva princesita del canal Disney, a quien, por supuesto, también puede oírse en dos o tres temas de la banda sonora.



