La crisis social y el adulterio
Una pasión y su trasfondo social en el nuevo film del director de Pan y tulipanes
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La luminosa Venecia de comedia en la que transcurría Pan y tulipanes quedó atrás. El realizador Silvio Soldini (1958) apeló a distintas ciudades italianas en sus films: para su debut con El aire sereno del Oeste , en 1989, recurrió a escenarios de su Milán natal, y en Sonrisas y lágrimas ( Giorni e nuvole ), estrenada en Buenos Aires el año pasado, situó la acción en Génova.
Con la reciente Cosa voglio di più , cuyo lanzamiento anuncia CDI, Soldini vuelve a darles a sus personajes un marco milanés. A partir de hoy conoceremos las alternativas del espinoso conflicto que viven esos seres en el nuevo film del realizador, uno de los más sólidos del panorama italiano actual.
"Una pasión extraconyugal es un asunto muy frecuentado, pero aquí intentamos rastrear con sentido realista el cómo de este adulterio", dice Soldini desde Milán, cuando La Nacion le requiere que anticipe algo sobre su nuevo trabajo. La propuesta apunta a una pareja de clase media baja, la de Anna y Alessio (la premiada Alba Rohrwacher y Giuseppe Battiston); la relación de estos dos jóvenes parece funcionar bien, al punto de considerar la posibilidad de tener un hijo.
Por una de esas trampitas que tiende la vida, a Anna se le cruza Domenico (Pierfrancesco Favino), camarero de un restaurante cercano a la oficina donde ella trabaja, y se produce el flechazo, al que le siguen encuentros furtivos y el enganche de una atracción física de infrecuente ardor.
Cabe recordar que hace un año, en Buenos Aires, en su paso por el evento MI-Cine (Cine Italiano de Milán), Soldini exhibió, a modo de anticipo, un par de secuencias de Cosa voglio di più , por entonces no estrenada aún en su país.
Estadísticas y química
Anna y Domenico trabajan en el centro de la ciudad, pero ambos viven en zonas periféricas, dato que, en el planteo de Soldini, aporta a la trama variantes socioculturales. "Es una relación entre personas que diariamente cumplen el penoso circuito «de casa al empleo y del empleo a casa» y que cuando regresan a sus hogares enfrentan dificultades económicas", corrobora el realizador.
-Según estadísticas, en Italia una persona de cada cuatro, en relación estable, engaña o ha engañado a su pareja. ¿Pesaron esos datos en tu elección?
-No, para nada. El film nació de la observación de la realidad, de aquello que les sucede o les ha sucedido a tantos, incluso a mí.
-¿Conociste algún caso específico?
-Sí. Justo cuando pensaba cómo continuar el discurso iniciado con Sonrisas y lágrimas (esto es, un relato realista de nuestro actual momento histórico), una amiga me confesó una relación suya. La historia de amor que estaba viviendo me impactó por las simultáneas dificultades económicas por las que atravesaba, además de la culpa. Lo hablé con Doriana Leondeff, mi guionista, a quien también le impactó. Eso disparó el estímulo que condujo a la historia de Anna y Domenico.
-¿Y en cuanto a modelos del campo de la ficción?
-En el cine, un modelo que seguramente influyó en el modo en que filmé Cosa voglio di più es Intimidad , de Patrice Chéreau.
-Hay escenas de sexo jugadas en tiempo real, riesgosas. ¿Cómo lograste que entre la Rohrwacher y Favino se generara esa química tan creíble?
-Esas escenas, como otras, fueron ensayadas y analizadas sobre la marcha. Decidimos de común acuerdo cada detalle durante los ensayos. Era la única vía para que los actores lograran ser personajes, más allá de su desnudez. No llevan al voyeurismo; son escenas que movilizan a la identificación.
-Una vez más te ha respaldado ese esforzado productor milanés que es Lionello Cerri. ¿Hay posibilidades de sostener una industria cinematográfica independiente en Milán?
-No creo que sea posible. Ya bastante cuesta que nuestra industria sobreviva en Roma. Y con las reiteradas restricciones que el gobierno italiano impone, no sé cómo se podrá continuar ejerciendo el oficio de cineasta.


