
La disyuntiva del amor, cuando el tiempo se acorta
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Nunca es tarde para amar (Wolke Neun, Alemania/2008). Dirección: Andreas Dresen. Guión: Andreas Dresen, Jörg Hauschild, Laila Stieler, Conny Ziesche. Fotografía: Michael Hammon. Edición: Jörg Hauschild. Con Ursula Werner, Horst Rehberg, Horst Westphal, Steffi Kühnert. Presentada por Primer Plano Film Group. Hablada en español. Duración: 98 min. Calificación: Para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena
La costurera Inge (Urusula Werner)lleva 30 años de casada con Werner (Horst Rehberg). Ella tiene 65 años cuando en su rutina cotidiana de arreglar pantalones conoce a Karl (Horst Westphal), un hombre bastante mayor que ella quien en un santiamén la flecha con su pasión (sin necesidad de ningún respaldo farmacéutico), velozmente llevada al campo de la acción, es decir a la de cuerpos que se conocerán con un fuego que la mujer creía apagado para siempre.
Inge no deja de amar a su esposo y esta situación le resulta contradictoria. Por un lado se siente más joven, pero por el otro se angustia. La manera de resolver esta disyuntiva es la que el cineasta Andreas Dresen pone en boca de su protagonista, el plantearse de qué manera se puede alcanzar una nueva forma de ser feliz sin abandonar los afectos de toda la vida. Dresen parece empeñado en querer demostrar que el sexo sigue existiendo incluso cuando los cuerpos ya no son dignos de las tapas de las revistas.
No es fácil encarar este tipo de historias, protagonizadas por sexagenarios y septuagenarios que generan más de una polémica, cuando se trata de temas como el amor y hasta el sexo tardío. Hay cuestiones que tienen que ver con prejuicios y hasta con conceptos estéticos que hacen difícil que propuestas como la de Dresen puedan concretarse con buenos resultados. En este caso, la sensibilidad, la calidez con la que se describen personajes y situaciones, algunas de un tono fuerte no obstante siempre con cuidada discreción, le permitieron a Wolke Neun (la novena nube, equivalente al séptimo cielo del erotismo) llevarse el premio de Una cierta mirada, en Cannes, y el del Festival de Trieste.
Por momentos algo reiterativa, no obstante siempre encuadrada con notable prolijidad, esta página a propósito de dilemas morales acredita actuaciones memorables. Werner, su figura central, de larga trayectoria en el cine y el teatro de la ex Alemania del Este, cumple un papel fundamental a la hora de dar al relato el tono dramático justo, igual que el grupo de actores que la secundan, tan veteranos como ella, conscientes de qué es lo que sus personajes necesitan transmitir sin caer en el ridículo ni en el mal gusto. No es sencillo, sin embargo lo consiguen, y el público (no importa su edad) seguramente sabrá agradecerlo.
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