La misma guerra, pero desde el frente opuesto
"Enemigo al acecho" ("Enemy at the gates", Alemania-Gran Bretaña- Irlanda- EE.UU./2000, color). Dirección: Jean-Jacques Annaud. Con Jude Law, Joseph Fiennes, Rachel Weisz, Bob Hoskins. Guión: Alain Godard y Jean-Jacques Annaud, inspirado en los libros "Enemy at the Gates", de William Craig, y "Vendetta", de Derek Lambert. Fotografía: Robert Fraisse. Presentada por United International Pictures. Duración: 125 minutos.
Nuestra opinión: buena.
Es casi inevitable pensar en "Rescatando al soldado Ryan" cuando desde las primeras escenas el film nos introduce sin respiro en la descarnada y fiera crudeza de la descomunal batalla de Stalingrado. Haciendo uso de convincentes efectos especiales, aprovechando un escenario reproducido con minuciosidad y movilizando a un verdadero ejército de extras, embarcaciones, trenes y tanques, Jean-Jacques Annaud parece dispuesto a componer una especie de respuesta europea a la superproducción de Spielberg que hizo volver la atención del cine sobre la Segunda Guerra Mundial.
No hay nada de censurable en tal decisión: al fin, Stalingrado no sólo fue el escenario de la batalla más grande de todo el conflicto bélico sino que esa encarnizada lucha que se inició en el verano de 1942 y concluyó en el invierno del 43, le costó a Alemania la destrucción de dos ejércitos completos y arrojó un saldo final de más de un millón de muertos. Además, frenó el avance nazi hacia el Este, alentó en los rusos la certeza de que la derrota del fascismo no era inalcanzable y asestó un duro golpe a la vanidad hitlerista.
La referencia al film de Spielberg se afirma más todavía cuando Annaud (y su colibretista Alain Godard) demuestran su intención de recortar una historia individual, la de un francotirador ruso y su duelo personal con el experto oficial que los nazis envían para hacerle frente.
Fluctuaciones
Pero el problema no está en esa relativa simetría con el film de Spielberg sino en la fluctuación entre aciertos y tropiezos, entre momentos de firme tensión y recursos remanidos, entre apuntes inteligentes y obviedades. El ánimo del espectador está sometido a ese vaivén desde el principio, cuando la vibrante acción se interrumpe para que una voz en off explique la importancia de la defensa de Stalingrado -la ciudad industrial del Volga que podía abrir el paso de los nazis hacia los yacimientos petrolíferos del Sur- mientras un mapa ilustra el desplazamiento de las tropas de Hitler.
Tales sobresaltos se repiten varias veces, como si Annaud hubiera prestado mayor atención a aquellas secuencias que resolvió en términos visuales -especialmente el largo duelo en una fábrica semiderruida- y hubiera descuidado la anécdota. Un ejemplo: Vassily, el francotirador, se ha vuelto un héroe muy popular desde que sus hazañas fueron objeto de la campaña propagandística dirigida por Danilov, el oficial que lo apadrina, y hay un chico ruso que lo admira tanto como para arriesgarse a jugar al doble espionaje. Cada día vuelve al refugio del héroe para decirle lo que ha logrado averiguar de su rival nazi, a quien sirve de mandadero. No se comprende por qué el alemán, que es experto y sabe que el chico ve a Vassily todas las noches, no se toma el trabajo de seguirlo para dar con su escondite.
Pasemos por alto la inexplicable variedad de criterios usados para diferenciar el inglés que hablan rusos, alemanes, judíos, nobles y campesinos mientras, por ejemplo, los diarios y los carteles se ven escritos en ruso y los oficiales nazis no se privan de gritar algún "¡Achtung!" Pero otras deficiencias son difíciles de soslayar como la abundancia de discursos sentimentales y/o patrióticos, el dibujo esquemático de los personajes y los altibajos del costado romántico.
Sin embargo, a "Enemigo al acecho" no le faltan elementos de interés. Es innegable la eficiencia con que han sido elaboradas las secuencias de la batalla. También debe anotarse en favor el impecable desempeño de los actores, lo que incluye desde la sólida autoridad de Ed Harris (el oficial alemán) y el poderoso carisma de Jude Law (Vassili), hasta el encanto de Rachel Weisz (la bella Tania), la sobriedad de Joseph Fiennes (Danilov) y el vigor sanguíneo de Bob Hoskins (Nikita Khruschev).
Es una lástima que Annaud-Godard no hayan sometido el guión a rigurosa revisión. El film pudo haberse beneficiado con mayor concisión y muchas de las torpezas mencionadas hubieran sido corregidas o eliminadas. Y lo que es más probable, al ajustarse el material, se habría dado relevancia a la cacería mutua de los dos francotiradores que, a pesar de dilatarse algo más de lo aconsejable, alcanza a demostrar las habilidades de Annaud y la concentración con que es capaz de cargar de tensión, a pura imagen, la soledad de los dos tiradores: la espera, el asedio, el silencio, la astucia de la cacería



