La relación del maltrato
1 minuto de lectura'
"Maldita sea (la hora)" , de Julio Chávez. Intérpretes: Nora Bitar, Leandro Castello, Carolina Gaetmank, María Laura Occhi y Ernesto L. Vacarezza. Voces en off: Elvira Villarino, Victoria Marroquín y Laura Spivak. Escenografía: Julio Chávez. Diseño de sonido: Gustavo Dvoskin. Diseño de luces: Gonzalo Córdova. Vestuario: Cecilia Allasia. Dirección: Julio Chávez. Duración: 50 minutos. En el Payró, San Martín 766 (4312-5922), viernes, a las 21.30.
Nuestra opinión: Bueno
Dentro del entorno familiar hay formas de convivencia y diferentes maneras en el trato. Es allí donde se conjugan la suma de individualidades y el afecto, mayor o menor, entre cada uno de los miembros del grupo.
Las pautas de la sociedad ideal determinan que en el núcleo primario (padres, hijos, hermanos) son imprescindibles el amor y el respeto. Son los ingredientes que aglutinan a las personas con lazos sanguíneos para un mejor desarrollo físico, afectivo y moral. Cuando esto no sucede, entonces la convivencia se transforma en un ámbito que favorece la agresividad, la violencia y el desprecio.
Este es el punto de partida de Julio Chávez para escribir un texto donde el maltrato es la moneda corriente que manejan los miembros de la familia de "Maldita sea".
Sin la intención de prejuzgar a cada uno de los personajes, el autor los instala en un espacio y desde el primer momento ellos se muestran como son, sin pretender justificarse. Simplemente son así.
El grupo está integrado por cuatro hermanos muy especiales: Dolores, que se presume es la mayor, con un defecto físico en la cadera, casada con Gerardo, un pseudo pintor que vive a costas de su suegra; Violeta, una joven desprejuiciada, que sólo busca el placer donde se le presente; Mario Eduardo, el único varón, con pretensiones intelectuales que sirven para ser menospreciado por sus hermanas, y Sofía, una adolescente discapacitada mental, pero con mucha vitalidad.
Arriba, en un dormitorio está la madre, que nunca aparece pero está omnipresente a través de un "baby call". El detalle que falta agregar es que todo el grupo vive a expensas de la madre, por eso soportan el maltrato y ninguno se rebela ni se va de la casa. El conflicto se insinúa en la preferencia que tiene la madre por Sofía, la más débil, pero al mismo tiempo la más incontrolable.
El acto de asear a la hermana menor permite a los demás personajes presentarse en su trato cotidiano, cargado de violencia, aunque no hay agresión física. No hace falta, porque con el insulto y el desprecio se puede lastimar de igual manera, y, durante el desarrollo, ya se anticipa que la tragedia será la conclusión de este drama.
Ritmo preciso
Desde el punto estructural, la duración es precisa y exacta, no se necesita mucho más. El reparo está en que el desenlace está muy precipitado en el minuto final y deja al espectador con la incertidumbre de si se trata de un intervalo o el final de la obra.
De cualquier forma es apenas un detalle, porque la obra tiene consistencia dramática y, además, una convincente interpretación a cargo de noveles actores, pero muy bien preparados para el juego de la violencia verbal. En el caso de Leandro Castello, necesita trabajar la dicción para que sus parlamentos sean inteligibles. Un reconocimiento aparte merece María Laura Occhi, como la discapacitada, por la difícil y verosímil composición.
En la dirección, Chávez le imprimió al juego de ltensiones, un ritmo acertado y equilibrado , lo que le señala un debut auspicioso.


