La verdadera habitación del pánico
John Cusack se luce en esta eficaz adaptación de un cuento de Stephen King
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1408 (Idem, EE.UU./2005, color; hablada en inglés). Dirección: Mikael Hafstrom. Con John Cusack, Samuel L. Jackson, Mary McCormack, Jasmine Jessica Atnhony. Guión: Matt Greenberg, Scott Alexander y Larry Karaszewski, sobre un cuento de Stephen King. Fotografía: Benoit Delhomme. Música: Gabriel Yared. Edición: Peter Boyle. Presentada por UIP. Duración: 94 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
La que lleva el número 1408 en el Dolphin Hotel de Nueva York es -ésa sí- la habitación del pánico. No porque sirva de refugio cuando entran delincuentes en casa, como las que han puesto de moda la inseguridad y la paranoia, sino todo lo contrario: a ésta hay que huirle. No se sabe si es una cámara de torturas, un espacio alucinatorio, un lugar fuera del tiempo, la sede de un club de fantasmas activos y malignos o la sala de juegos en la que el demonio se divierte con las flaquezas de los humanos, pero tiene una historia macabra. Han muerto allí más de cincuenta personas, incluidas algunas de muerte natural; nadie ha aguantado en ella más de una hora, y ni las mucamas ni los ordenanzas se atreven ya a cruzar el umbral. Por su parte, el señor gerente decidió cortar por lo sano: la declaró fuera de servicio y no está disponible para huéspedes.
Se comprenderá que con tales antecedentes resulte un bocado apetecible para Mike Enslin, el joven y descreído escritor que hace negocio vendiendo guías turísticas para fanáticos del terror. Un libro en el que pueda describir sus experiencias en la 1408 puede ser un best seller.
La inteligente adaptación del cuento de Stephen King prefiere el suspenso al susto, la tensión al sobresalto, el desconcierto a la truculencia; por eso demora en llegar a la escena central. A Mike, que no cree en espíritus, en ocultismo ni en ninguna otra cosa y asume el asunto como un trabajo, y en buena medida también como un chiste, le lleva un largo esfuerzo persuadir al gerente de que haga con él una excepción. Esa conversación ya viene cargada de enigmas y presagios, que la serena firmeza de Samuel L. Jackson no hace sino subrayar al contraponerla con el gesto escéptico y un poco burlón de John Cusack.
Eficacia
El director Mikael Hafstrom no innova demasiado, pero sabe tensar los nervios del espectador hasta el límite antes de encerrarlo durante un buen rato en la pesadilla claustrofóbica que vivirá el protagonista dentro de la habitación, donde a cada rato irrumpen los Carpenters cantando (y no por casualidad) "Recién hemos comenzado". Los tormentos que Mike padece vienen mezclados con su pasado, con su descreimiento y con sus culpas, de modo que no se sabe si lo que se presencia es realmente obra de un lugar embrujado, si el muchacho está pasando por el purgatorio en vida o si soporta las consecuencias de algún mal viaje con LSD.
Hay quizás algún abuso de efectos en este sector del relato, pero el interés se sostiene, la tensión no da tregua y a los autores siempre les queda algún truco más para seguir desconcertando. Felizmente, no se les ocurre dar explicaciones. Mucho más felizmente todavía, tienen a un gran actor como John Cusack para hacerse cargo de un papel que le exige presencia permanente, infinidad de recursos expresivos y ese aire tan personal que lo muestra a la vez un poco cínico y profundamente vulnerable.Buena





