
Las dos caras del versátil Fred MacMurray
Curioso caso el de Fred MacMurray. El actor cuya imagen definía Billy Wilder como la del "buen tipo que es amable con los perros, los chicos, las mujeres y las viudas" y ha quedado en la memoria como el atareado padre de familia de una de las series más duraderas de la historia de la televisión ( My Three Sons ) logró sus mejores creaciones cuando le tocó animar personajes ruines o francamente perversos. Fue precisamente Wilder el que lo sacó, en los años 40, de su papel de muchacho despreocupado para convertirlo en el asesino lascivo, mezquino y culposo de Pacto de sangre (1944) y el que volvió a proponerle una operación parecida dieciséis años después, cuando le confió, en Piso de soltero, el papel del ejecutivo de seguros mujeriego y canalla por cuya causa la joven ascensorista encarnada por Shirley MacLaine intenta suicidarse. En los dos casos, brilló.
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Quienes consideran que MacMurray, nacido un siglo atrás (exactamente el sábado) en Kankakee, Illinois, es uno de los actores más subestimados de su generación lamentan que el actor escogiera casi siempre papeles agradables en comedias livianas que no le pedían más que responder a su imagen de hombre bonachón y un poco blando. Otros opinan que su aspecto físico fue determinante: con agudeza no carente de crueldad, David Thomson escribió que "era un galán romántico construido de arena, un héroe propenso a traicionar, un amante predispuesto a ser abandonado". Quizá fue simplemente que MacMurray era un tipo simple, sin complicaciones, aficionado a las comedias familiares como las que interpretó durante su larga colaboración a partir de 1959 con Walt Disney, amigo personal para el que animó éxitos como Un papá con pocas pulgas o El profesor chiflado .
Desde chico, MacMurray quería ser músico, como su padre. Empezó como saxofonista y cantante e hizo giras con varias bandas, con las que llegó a Broadway y a Hollywood. Primero le confiaron papeles breves en toda clase de films y pronto encontró su camino en las comedias, sofisticadas o farsescas. Hizo siete con Claudette Colbert (entre ellos Confesión sincera y El huevo y yo ) y también actuó con Katharine Hepburn ( La mujer que supo amar ) y con Irene Dunne ( ¡Qué vida ésta! ), pero ocasionalmente incursionó en otros géneros: el melodrama Adiós amor mío , con Rosalind Russell como la aviadora Amelia Earhart, los westerns Milicias de paz y Entre la ley y mi amor , o grandes producciones como El motín del Caine (al lado de Bogart y José Ferrer) y Las lluvias de Ranchipur . Su último film fue El enjambre (1978), uno de los malogrados intentos de Irwin Allen por revitalizar el cine catástrofe. Ese mismo año, MacMurray se retiró a su rancho. Murió en Santa Mónica en 1991 dejando un par de trabajos memorables y la imagen del papá afectuoso que la TV consolidó.





