
Las fronteras del amor
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"Seres queridos" (Idem, España-Argentina- Reino Unido-Portugal/2004). Dirección y guión: Teresa de Pelegrí y Dominic Harari. Con Norma Aleandro, Guillermo Toledo, María Botto, Marian Aguilera, Max Berliner, Fernando Ramallo y otros. Fotografía: Danny Cohen. Música: Charlie Mole. Presentada por Buena Vista International. Hablada en español. Duración: 88 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Leni y Rafi forman una pareja feliz que decide trasladarse a Madrid para que el novio conozca a la familia de la muchacha. Nada parece romper esa relación nacida de ideales comunes y de momentos alegres que tienen como perspectiva la inminente unión matrimonial. Pero hay un pequeño detalle que, a poco de desembarcar en la capital de España, ambos decidirán ocultar a los parientes que le darán albergue en su departamento: él es de ascendencia palestina y los ancestros de ella son judíos. Gloria, la futura suegra, es tan inquieta como fisgona; su hijo está aferrado a las más estrictas costumbres judías y a cada paso se aparece un abuelo tan temible en su odio hacia los palestinos como en su costumbre de surgir inesperadamente en cada rincón de la casa.
Rafi ya intuye que decir en ese ambiente apegado a antiguas tradiciones que él proviene de Palestina le creará un problema casi insoluble, y cuando Gloria y su séquito familiar se enteran del secreto, la relación de la pareja comienza a navegar entre la duda de su futuro matrimonial y la comprensión que los jóvenes pedían para transitar la vida sin sobresaltos.
Las complicaciones no terminan aquí, sino que se agudizan en el momento en que Rafi, bastante nervioso por su situación, arroja por la ventana un tarro de sopa cubierta de hielo que da en la cabeza de un transeúnte. Y este transeúnte, al que todos dan por muerto, es nada más ni nada menos que el marido de Gloria, un parrandero incurable que esa noche, por casualidad, decidió llegar más temprano a su hogar.
Diversión y picardía
La historia, dirigida por la barcelonesa Teresa de Pelegrí y por el británico Dominic Harari, ambos en sus primeras armas en el largometraje, es tan divertida en sus desaforadas situaciones como pícara en sus jugosos diálogos, y su entramado invita a seguir las aventuras y desventuras de esta pareja y, al mismo tiempo, se convierte en una ácida sátira acerca de las personas de diferentes religiones que procuran olvidar agravios y vivir plenamente el amor.
Por momentos, el guión abusa de cierto gusto a vodevil algo trasnochado, pero la labor del dúo de realizadores supo guiar el timón para que el relato no pierda su sabor a comedia disparatada hasta arribar, entre disgustos, gestos amables y algunos pecados olvidados, lo que favorecen al marido supuestamente muerto, a un final en el que Cupido sabe cumplir con su obligación de hacer blanco en corazones tristes.
Norma Aleandro es la suegra dura y segura de lo que quiere, y sin dificultad sale airosa de su personaje, en tanto que Guillermo Toledo y Marian Aguilera aportan desenfado a la pareja separada por religiones diferentes. A ellos se les suman las buenas labores de María Botto -impecable en la piel de una muchacha decidida a ser feliz a pesar de su disipada existencia-, y de Max Berliner, como ese abuelo cascarrabias al que él sabe dotar de un innegable oficio. Tanto la fotografía como la música apuntalan con inteligencia esta comedia alocada que logró lo que se propuso: hacer pasar un rato de diversión a los espectadores que concurren al cine con el solo propósito de que no se les borre la sonrisa durante toda la película.
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