Las máscaras de Amy Adams

La nueva película de David O. Russell se estrena hoy con el respaldo de sus 10 nominaciones al Oscar; la actriz es el verdadero motor del film y una de las candidatas al premio
Javier Porta Fouz
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23 de enero de 2014  

Ante Escándalo americano (así se llama aquí American Hustle , que en España es La gran estafa americana ), de David O. Russell, pueden leerse y escucharse comparaciones con el cine de Martin Scorsese, en especial con Buenos muchachos ( Goodfellas ). Comparaciones parcialmente atinadas: hay unos cuantos factores que diferencian a Russell de Scorsese, y uno de ellos es fundamental, definitorio. Buenos muchachos -título emblemático- y gran parte de la filmografía de Scorsese orbitan alrededor de los hombres.

Escándalo americano tiene como pivot, como vértice, como principio activo, a una mujer, a la protagonista: Amy Adams, dueña de una de las 10 nominaciones al Oscar de esta película. Adams es Sydney Prosser, y también tiene otra máscara. Ellas el motor y también la conductora. Lleva todo a otro nivel, a los hombres a que enfrenten la realidad partan de donde partan (desde negarla hasta aceptarla con sabiduría), a que lleven su potencia a la concreción.

Sydney es quien conduce a cada uno a su destino. El gran movimiento narrativo de Escándalo americano parte de Sydney, de Amy Adams. Y hay una evidente decisión de Russell de hacer de Sydney su protagonista. Desde algo muy obvio: como actriz secundaria (también nominada al Oscar) está nada menos que Jennifer Lawrence.

Y a Lawrence, Amy Adams la eclipsa en términos de atractivo. No sólo porque su personaje es más fuerte, sino porque Russell deja que la cámara sea seducida por Adams. Vestuario, peinado y movimientos –de su personaje y de la cámara– están al servicio de que la experiencia–Adams de esta película sea subyugante. El escote profundo en "v" de sus atuendos –que replicó en la reciente entrega de los Globos de Oro– es un punto fuerte del plano, y lo sería aunque Russell no lo ubicara de forma privilegiada en los encuadres. Pero sólo un escote –está claro a estas alturas– no define a un personaje de esta riqueza, no define a una actriz. Amy Adams es mucho más.

Amy Adams tiene 39 años, 16 más que Jennifer Lawrence. Este año cumple los 40: nació el 20 de agosto de 1974, en Italia, de padres estadounidenses que estaban ahí por trabajo. Adams empezó a actuar a los 25 años, una edad por encima del promedio para las estrellas de Hollywood. Con 23, Lawrence lleva ganado un Oscar como actriz protagónica, tuvo una nominación en el mismo rubro y ahora esta nueva nominación como secundaria. Antes de los 25, Amy Adams trabajó en Hooters y en GAP.

Vale la pena buscarla en su debut en Drop Dead Gorgeous (1999), en un papel secundario detrás de Kirsten Dunst, Ellen Barkin, Kirstie Alley, Brittany Murphy, Allison Janney y Denise Richards. Después de eso, más papeles secundarios, hasta llegar su primer rol importante –por las compañías– en 2002. Junto a Leonardo DiCaprio y Tom Hanks, dirigidos por Steven Spielberg, en Atrápame si puedes. Era la enfermera rubia-colorada. "Strawberry blonde", es decir "rubio frutilla", llaman en Estados Unidos al pelo natural de Amy, que así aprovecha los beneficios de ser rubia y de ser colorada. En Escándalo americano enfatiza el colorado, que estalla en el momento de la permanente (¡esos setenta poblados de ruleros!).

Pero Atrápame si puedes no fue el espaldarazo definitivo para Amy. Un poco más de TV, algunos otros papeles en cine. Cumplió 30 y llegaron elogios, un premio en Sundance y su primera nominación al Oscar como secundaria por su papel en el drama independiente Junebug (2005). Pero para convertirse en estrella y despegar definitivamente tuvo que llegar Encantada (2007). Para ese papel de princesa que venía del mundo de los cuentos de hadas al mundo real tuvo que imponerse en un casting de 300 actrices, pero era obvio que tenía que ser ella. Estaba claro: su combinación (que habría vuelto loco a sir Alfred Hitchcock) de inocencia y rubio-colorada perversión.

Con destino de estrella

Con su capacidad de sonreír ampliamente, su nariz extrarrespingada, su facilidad para cantar y bailar. No habría más desvíos: Amy finalmente se convertía en la estrella que estaba destinada a ser. Y en estos siete años desde Encantada debe haber pocas carreras así de impresionantes. Algunos hitos: la monja de La duda junto a Philip Seymour Hoffman y Meryl Streep (segunda nominación como secundaria); Juego de poder, de Mike Nichols, junto a Tom Hanks, Julia Roberts y otra vez Philip Seymour Hoffman; un super éxito como Una noche en el museo 2 junto a Ben Stiller. Y luego de eso un nuevo salto: protagonizó junto a Meryl Streep (aunque sin compartir escenas) Julie & Julia, con un encanto difícil de exagerar. Estuvo por primera vez a las órdenes de Russell en El luchador (tercera nominación al Oscar como secundaria) y actuó nada menos que junto a Clint Eastwood en Curvas de la vida. Luego fue la protagonista humana de Los Muppets, por la que merecía todos los premios. Y en 2013 los cines argentinos nos ofrecieron a Amy por triple en En el camino, en El hombre de acero (Luisa Lane) y en su actuación inolvidable en The Master, de Paul Thomas Anderson (cuarta nominación como actriz secundaria).

La versatilidad de Adams es llamativa, de la dulzura en los Muppets a la ferocidad en The Master y mucho más: diferentes géneros, diferentes emociones, canto, baile, diálogos y gestos perfectos. También es llamativa la cantidad de décadas y mundos en las que sus personajes calzan perfectamente: su talento y su belleza clásica le permiten vivir una enorme cantidad de vidas posibles.

http://guia.lanacion.com.ar/cine/pelicula/escandalo-americano-pe5426

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