
Las recetas de Dolittle ya no son tan eficaces
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"Dr. Dolittle 2" (Idem, EE. UU./2001). Dirección: Steve Carr. Con Eddie Murphy, Kristen Wilson, Raven-Symoné, Lil´ Zane y otros. Guión: Larry Levin, basado en las historias escritas por Jugh Lofting. Fotografía: Daryn Okada. Música: David Newman. Duración: 86 minutos. Apta para todo público. Presentada por 20th. Century Fox.
Nuestra opinión: regular.
El doctor Dolittle, ese simpático médico que tiene el don de hablar con los animales, volvió al cine en 1998, tras aquel viejo film con Rex Harrison y el éxito de las tiras cómicas creadas por Hugh Loftins. La primera versión de Eddie Murphy fue un suceso de taquilla, lo que ya hacía suponer una segunda parte.
Y ésta llega ahora, siempre de la mano de Murphy, que otorga al personaje todo el encanto que el actor dispone sobradamente. Pero desapareció lo que en la primera parte de la saga fue sorpresa y franca comicidad. En su retorno a la pantalla, el doctor Dolittle y su múltiple fauna tropiezan con un guión bastante elemental, que gira en torno de la confrontación entre la naturaleza y el hombre. El facultativo es tan dinámico en atender tanto a pacientes de dos como de cuatro patas, pero debe hacer un alto en su múltiple tarea en momentos en que los enfurecidos animales del bosque se aprestan a salvar su hábitat natural de las manos de un grupo de inescrupulosos urbanistas.
Pero Dolittle, a pesar de sus preocupaciones hogareñas -sobre todo la vigilancia muy cercana a que debe someter a su pizpireta hija adolescente, a punto de escapársele de las manos-, siempre está dispuesto a rescatar de sus penurias a sus entrañables animalitos. Y así cierra con los ávidos empresarios un insólito negocio: halla a una osa pacífica de una raza en extinción que debe encontrar una pareja para demostrar que esos bichos pueden reproducirse normalmente en cautiverio. Este trato, de cumplirse, impedirá que el verde bosque se convierta en un mero terreno edilicio.
Ausencia de imaginación
La historia recorre puntillosamente los esfuerzos del protagonista y de su corte faunesca para que triunfe la ecología, y entre diálogos sin mayor brillo, algunas situaciones que se acercan peligrosamente a lo escatológico y ciertas pinceladas de ternura arriba a un final que se adivinaba desde las primeras escenas.
El director Steve Carr se esmeró en dotar de cierta inocencia a esa historia no demasiado imaginativa -se debe recordar que éste es un producto cinematográfico destinado al público menudo-, pero sus productores se aferraron a la ya desgastada fórmula de narrar con escaso margen para el total entretenimiento de niños y adolescentes, únicos destinatarios de este tipo de relatos.
En los rubros técnicos se destacaron la fotografía, la música y la buena utilización de los efectos especiales, en tanto que el resto del elenco supo salir indemne de su no demasiado difícil compromiso.
Aquello de que nunca segundas partes son buenas puede aplicarse a este film que, con el siempre inquieto Eddie Murphy a la cabeza, debía haber contado con una trama más perspicaz para lograr su propósito de seducción.





