
León: "Esta película es mi diario íntimo"
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La idea inicial del joven director teatral Federico León al editar su primera película, "Todo juntos", era comenzar con un plano larguísimo para que el espectador se sentara en su butaca con el film ya empezado. Pero esa idea la llevó al final de esta película filmada en 16 milímetros, de 65 minutos, que se estrenará mañana en el Malba: un plano de la pareja protagonista acompaña el correr de los créditos. Las luces se encienden y ellos siguen ahí en su largo final, tomando un café con leche, mientras el espectador duda de si dejarlos así, de si dejar el cine o no.
De todos modos, después de un falso comienzo en video sobre la matanza de un chancho, esta particular película sobre la disolución de una joven pareja arranca ya con la noción de que el espectador llegó tarde para entender qué pasó entre ellos. "Es que todo lo que sucedió, sucedió antes de que la película empiece -señala Federico León a LA NACION en un bar del barrio del Abasto-. Los llantos, las recriminaciones... Uno no puede averiguar cuál es el conflicto, por qué se están separando. La película está empezada en todo sentido. Eso es similar a mis obras de teatro: el relato es la relación entre personajes en un lapso de tiempo y el devenir de esos personajes."
"Todo juntos" es la silenciosa y larga conversación de esta pareja interpretada por Federico León y Jimena Anganuzzi. Está filmada en la claustrofobia de bares nocturnos y cabinas de locutorios, e interrumpida sólo por silencios o llamadas telefónicas de padres y amigos. Los diálogos de la película remiten al absurdo de "Silvia Prieto", de Martín Rejtman, que es uno de los productores de esta película filmada con el apoyo del Kunsten Festival des Arts, de Bélgica.
-¿Cuál fue el punto de partida?
-La película fue construida de la misma manera que una obra de teatro. Yo no suelo trabajar con un texto previo sino que el texto se fue construyendo con los actores durante el proceso de ensayo, que duró un año y medio, mientras se construía el guión. En general, los puntos de partida para empezar algo no tienen que ver con que me interese un texto o un actor sino atravesar un proceso. La idea rectora de la película fue una pareja que cuando decide separarse...
-Se vuelve a juntar...
-Sí, para mí hay algo de unión después de la violación.
-¿Por qué la brutalidad del comienzo?
-Es la historia de una pareja que está intentando separarse, vemos un mundo de sentimientos, café de por medio todo se puede conversar, analizar, y en contraposición hay una brutalidad, una bajada de realidad que relativiza el conflicto de esta pareja. El mismo personaje que mata a un chancho después va a contener a su novia.
-El cambio de registro con la situación que se plantea con el tercer personaje (Luis Machín) sorprende...
-Esa escena es una violación a la película. De repente, viene de una pareja en bares y aparece un elemento muy arbitrario, extremo, que propone otro mundo. Para mí hay un puente entre el chancho y la violación. El chancho es una especie de experiencia dirigida para él, y la violación es la experiencia de ella. El conflicto es anterior. Nada va a cambiar entre ellos, hasta esa violación podrá ser conversada.
-Hay insatisfacción sexual entre ellos; parecen hermanos...
-Sí, la película para mí plantea intentos de salir al mundo. Y esa violación es como una especie de bautismo para salir a la vida separados. Una especie de curiosidad morbosa sobre cómo va a ser el futuro.
-¿Pensaste en hacer una obra de teatro con esta situación?
-No. Me parecía que justamente el espacio del cine era más interesante porque a su vez podía erradicar lo que el cine me podía dar: están en un bar porque dicen que están en un bar, porque hay un reflejo o una palabra que dice "Bar" y uno tiene que imaginar el resto del espacio.
-Simples datos de la realidad devienen en elementos significativos: una llamada telefónica o salir a comprar cigarrillos...
-Porque me parece que la película es una gran subjetiva de esta relación. Es cómo observan ellos el mundo, cómo ellos no pueden dejar de verse a ellos mismos porque están totalmente encerrados. La película empieza empezada y muestra este largo final.
-¿Pensaste en ser dirigido por otro o en dirigir a otro actor?
-Ser dirigido por otro no, porque la película la quería hacer yo. Pero sí pensé en dirigir a otro. Siempre una obra tiene que ver con cómo fue hecha. En "Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack" había un lavatorio que se cayó dos veces en los ensayos y quedó la marca. Esa es la metáfora de cómo es la obra: uno va a ver el remanente, las huellas del proceso. Entonces en la dinámica de la dirección quería que Jimena estuviera más expuesta, que se sometiera a una cantidad de marcas como si la relación actriz-director fuera en algún punto la relación de esta pareja.
-Ustedes fueron pareja. ¿Hay retazos de situaciones pasadas?
-Sí. Para mí la película es mi diario íntimo, pero no únicamente de mi relación con Jimena, de relaciones anteriores. Ese era otro motivo por el cual yo tenía que hacer esta película: trasladar la relación director-actriz, y por otro lado mi relación real con ella.
De gira
- La incursión de Federico León en el cine no es un indicador de que el director de "Cachetazo de campo" y de "Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack" deje el teatro. Ya antes de dirigir, León había pensado en hacer cine, y de hecho inició sus estudios en el Cievyc. "Dejé el cine porque en ese momento era más posible para mí realizar mis ideas en teatro. Pero siempre me interesó y pienso que lo que hago en teatro está muy conectado con el cine. Esta es mi primera película, pero para mí es mi quinta obra, es una continuación. Después vendrá una obra de teatro, una instalación u otra película", señala León, quien en tres semanas saldrá de gira europea con "El adolescente", su última obra, que piensa reestrenar el año próximo en Buenos Aires. Dice que le interesa el cine de Fassbinder, Herzog, Favio, Cassavetes y Lynch. Y que podría armar un film con partes de muchas películas argentinas, aunque prefiere no mencionarlas.





