
Llegan los excéntricos Tenenbaum
Pasado mañana se estrenará en la Argentina el film dirigido por Wes Anderson
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Los vínculos familiares son un territorio clave en el trabajo del joven cineasta independiente Wes Anderson. Pero su mirada irónica y humor mordaz alrededor de la familia, amigos y vecinos no han hecho del director de "Tres es multitud" y "Los excéntricos Tenenbaum" uno de los hijos más repulsivos entre los descarriados de la industria hollywoodense.
Es que este texano amable y simpático de 32 años, que hace sólo las películas que le gustan y consigue que grandes estrellas trabajen para él (como Gene Hackman, Anjelica Huston y Gwyneth Paltrow), no se propone con sus comedias horrorizar al establishment como Todd Solondz ("Felicidad") o Harmony Korine ("Julien Donkey Boy"), ni provocar como Kevin Smith ("Lo opuesto del sexo"), ni tampoco conquistar Hollywood con sus propias armas como David O. Russell ("Tres reyes") o Paul T. Anderson ("Magnolia").
"A mí me gusta que mis películas diviertan, que sean visualmente atractivas, pero que en el fondo hablen sobre la familia, porque es la manera en la que ésta impacta en nosotros la que nos hace adultos", dice Wes Anderson a LA NACION, por teléfono, desde sus oficinas en Nueva York. Como cineasta independiente y frente al sistema de estudios, Wes Anderson toma posición y dice: "En mi situación, que venía de hacer una película con cierto éxito de público y contaba con un buen guión y gente que quería hacerlo, las cosas resultan un poco más fáciles. Yo no tengo que lidiar con Hollywood como muchos actores, por ejemplo, que tienen que hacer dos o tres películas por año, les gusten o no. Yo hago una cada dos, y del modo en que quiero, como sucedió con "Los excéntricos Tenenbaum"", que se estrenará este jueves en la Argentina.
Es que en la atribulada historia de de la genial familia Tenenbaum (que bien podría entenderse como una visión modernizada, menos gótica aunque más apocalíptica que la de los Locos Adams), no hay un solo detalle que Wes Anderson no haya querido exponer -de lo narrativo a lo visual- en la elaboración de sus años de infancia.
Todos sus caprichos se llevaron al campo de lo real, desde que el jefe de la familia debía sí o sí interpretarlo el actor Gene Hackman hasta que el personaje de Ben Stiller usara la mayor parte del film un equipo Adidas (como sus dos hijos en la ficción). Pero Anderson reconoce que su situación es "un poco rara" como realizador. "Es que estoy haciendo películas para los grandes estudios que son básicamente películas independientes -agregó-. Mis películas son más pequeñas que las de los grandes estudios, pero tienen mayor presupuesto que las que se hacen fuera del sistema. Y esto se traduce en libertad personal."
Una familia muy normal
Así entonces, la familia Tenenbaum se cuenta como si fuera una fábula, increíble pero real, que parte de lo general a lo particular. Con la narración en off del actor Alec Baldwin, las páginas de esta historia de comportamientos "salingerianos" avanzan desde la presentación de la mansión familiar, una detallada descripción de quién es quién en la familia, y qué sucede con cada cual tras los dos eventos cruciales en la vida de los Tenenbaum y allegados: cuando el matrimonio decide divorciarse y la soledad se apodera de sus integrantes y cuando el patriarca (Hackman) decide volver para recuperar y reunir a la familia, alegando "una enfermedad terminal". Etheline (Anjelica Houston), su ex mujer, es una antropóloga que ya ha formado pareja con el contador de la familia (Danny Glover). Y el panorama de los hijos genios es el siguiente: Richie (Luke Wilson), ex campeón mundial de tenis, vive aislado al no haber podido superar una crisis nerviosa durante un campeonato mundial. Margot (Gwyneth Paltrow) es una depresiva dramaturga que atraviesa una crisis de pareja con su marido (Bill Murray). Y Chas (Ben Stiller), que supo ser un exitoso hombre de negocios y tiene dos hijos, nunca pudo superar la accidental muerte de su mujer. Y a ellos se suman los condicionales a la familia: un amiguito de los mejores años de los Tenenbaum que creció con ellos, Eli Cash (Owen Wilson), el amigo de Royal (Seymour Cassel) y el mayordomo Pagoda (Kumar Pallana).
-¿Por qué elige el excentricismo para enmascarar sus historias?
-Es cierto que "Tres es multitud" (Rushmore) tiene su crueldad en un marco de comicidad, y que "Los excéntricos Tenenbaum" es divertida, pero en el fondo presenta a seres que se sienten abandonados. En realidad, mi trabajo es siempre muy intuitivo. Y esta última película también lo ha sido, desde su historia hasta sus aspectos visuales. Todo esto viene de mi propia infancia, del período en que mis padres se divorciaron y mis hermanos y yo experimentamos esa explosión. Pero así como se trataba de contar una historia muy personal también quise hacerlo en forma de fábula, con elementos muy artificiales en cada uno de los personajes que integran ese mundo.
-¿Influyó la familia Adams?
-No tanto. Mi hermano era el fan de la serie. En realidad, "Los Adams" vienen de los dibujos de Charles Adams en The New Yorker. Y, en este sentido, debo decir que mi película está muy influida por los escritores de esa revista. Y también por dramaturgos como George Kaufman y Moss Hart. Hay muchas asociaciones literarias.
-¿Su familia esperaba que usted fuera un genio?
-No (se ríe). Mi madre fue una persona muy estimulante pero no creo que ella esperara eso de nosotros. En donde sí me identifico plenamente es en la cuestión teatral. Cuando yo era chico estaba muy interesado en la actuación, algo que finalmente nunca hice. Por eso, hacer películas ha sido una extensión del acto de contextualizar cosas. Así me puse a escribir historias que me permitieran hacer real eso que imaginaba.
-En "Tres es multitud" como en "Los excéntricos Tenenbaums" un personaje quiere ser adoptado por una familia. ¿En su vida personal quiso pertenecer a otra familia, tal vez más excéntrica que la tuya?
-Sí, hay un poco de eso. Creo que me hubiera gustado tener una familia más... cosmopolita. Porque si bien la mía ha sido muy contenedora, no puedo negar que ha sido muy conservadora, no muy bohemia. Yo nací en Texas, mi madre era arqueóloga, mi padre siempre trabajó en publicidad, y tengo dos hermanos; uno de ellos, Eric, trabaja conmigo y participó en el arte de la película. Creo que los tres hijos en la película tienen mucho de mí en cuanto a los aspectos que sufre "el hijo del medio", que se siente abandonado y cree que siempre tiene que defenderse a sí mismo.
-En su vida profesional usted también construyó una especie de familia, bastante heterogénea. ¿Por qué recurre generalmente a los mismos actores, que curiosamente provienen de medios tan diferentes?
-Me divierte tener amigos en el set. Y como mis películas tratan sobre la familia y los amigos, es bueno que todos se sientan muy cercanos. Aun así, no me molesta la heterogeneidad. Por ejemplo, escribí el guión pensando en Hackman en el centro de la historia. Entonces luego pensé que necesitaría actores fuertes a su alrededor. Así la película se escribió para estrellas de cine. Pero, por otra parte, siempre trabajo con Seymour Cassel, Bill Murray, Danny Glover y con los hermanos Wilson. Y la experiencia fue muy buena. Hubo una gran interacción entre todos los actores. El gran desafío en la integración creo que fue Gene Hackman, porque si bien él es muy flexible, su forma de actuar es muy fuerte y decidida.
-¿Y cómo fue la experiencia de trabajar con su amigo Owen Wilson, como actor y coguionista?
-Desde que filmé mi primera película, "Botlle Rocket", siempre pensé en él como actor porque tenemos mucha empatía. Pero, en realidad, la parte del guión que escribimos juntos fue sólo en la que él intervenía como actor, porque el resto la escribí solo.
-¿Cómo construyó la personalidad visual de la película, que está tan colmada de detalles?
-Fue un trabajo muy intuitivo también. Esos detalles en el universo de los Tenenbaum ya formaban parte del guión que había escrito. Lo que hice fue combinar diferentes aspectos de gente que me rodeaba cuando yo era chico. Entonces fue un trabajo muy divertido. Encontrar la casa de la familia fue muy especial, al igual que el vestuario que elegí para cada uno de los personajes. Me gustó la idea de que los personajes vistieran la misma ropa en la adultez porque estoy convencido de que esos chicos genios no han podido aceptar las frustraciones de la vida y finalmente no han podido madurar.
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