Los frescos de Otar Iosseliani
Los trabajos del director radicado en Francia van desde el documental hasta magníficos films corales Nació en la Unión Soviética, pero la censura lo obligó a exiliarse "Lundi matin" y "Hogar dulce hogar" son dos de sus últimas películas Su humor es irónico, sagaz e impiadoso
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En sus cinco ediciones, el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) ha tenido el acierto de presentar retrospectivas integrales dedicadas a varios de los más grandes directores del mundo. En años anteriores llegaron las filmografías completas del italiano Nanni Moretti, del norteamericano John Cassavetes, del germano-austríaco Michael Haneke y del taiwanés Hou Hsiao-hsien. Este año es el turno de otro realizador contemporáneo de primerísimo nivel: el georgiano -actualmente radicado en Francia- Otar Iosseliani.
Si bien en los cines argentinos se vieron (fugazmente) dos de sus trabajos -el documental "Y la luz se hizo" (1989) y esa encantadora y agridulce comedia parisiense que es "Hogar dulce hogar" (1999)-, la posibilidad de acceder al surgimiento, al desarrollo, a la evolución y consagración de una obra tan sofisticada, cambiante y distintiva como la de este director de 69 años con más de cuatro décadas de trayectoria constituye un verdadero hallazgo.
Antes de estudiar cine, Iosseliani se graduó en su Tbilisi natal en composición y dirección de orquesta, se convirtió en un elogiado pintor y poeta, luego incursionó en la universidad en las carreras de matemática y mecánica, hasta finalmente recalar en la Vgik, donde tuvo como maestro a pioneros del séptimo arte soviético como Aleksandr Dovzenko y Mikhail Romm. Le bastó un puñado de cortos y mediometrajes rodados a fines de los años 50 y los 60 -varios de los cuales se están proyectando en el Bafici, aunque lamentablemente sin subtítulos o con subtítulos en francés- para distinguirse dentro de los realizadores de su generación, pero ya con el mediometraje "Abril" tuvo el primer enfrentamiento con la censura de su país, que lo perseguiría obstinadamente hasta su exilio definitivo.
Iosseliani -dicen quienes lo conocen- es tan irónico, sagaz e impiadoso en persona como a través de sus films. Frecuentemente comparado con Luis Buñuel y Jacques Tati, el maestro georgiano cita entre sus influencias en primer lugar a Roberto Rossellini, seguido de Vittorio De Sica, Jean Vigo, René Clair y -entre los soviéticos- Boris Barnet. Entre los norteamericanos rescata a John Ford, Orson Welles y Buster Keaton, mientras que asegura que Cassavetes es el último director estadounidense que admiró. A la hora de los rechazos, se atreve con varios pesos pesados: Charles Chaplin, Federico Fellini y Luchino Visconti. A estos dos últimos los catalogó de "provinciano" y "estetizante", respectivamente. Sin embargo, suele relativizar bastante el tema de las herencias, ya que -asegura- "en mi oficio podemos estar afectados por cualquier cosa, salvo por el cine, porque no creo que el cine haya acumulado suficiente bagaje metafísico como para influir en otros directores".
El de Iosseliani es un cine sin palabras ("la mejor película es aquella que no necesita subtítulos para ser entendida", asegura) porque sus imágenes son por demás elocuentes. Sus historias, bellamente coreografiadas, tienen códigos y reglas propias y ofrecen una mirada agridulce en la que el pesimismo convive con el optimismo, la comedia irónica con el melodrama y el romanticismo con la melancolía propia de un artista exiliado. "Siempre creí que las mejores cosas estaban en otro lado", confiesa.
Este inclasificable autor tiene una marcada predilección por los antihéroes, los marginados, los perdedores. Entre un mundo lleno de aristócratas y vividores profesionales, él siempre rescatará a los borrachines, los presos, los bohemios, las prostitutas, los campesinos más simples o los sobrevivientes de la revolución tecnológica, dotándolos de una gracia, de una humanidad y de una vitalidad realmente envidiables.
Problemas en Georgia
Su debut en el largometraje se produjo en 1966 con "La caída de las hojas", película que se presentó en la Semana de la Crítica en Cannes, donde obtuvo el premio de la crítica Fipresci. En esta historia de dos amigos que manifiestan sus diferencias ideológicas frente a los nuevos métodos de producción en una cooperativa vitivinícola, Iosseliani ya anticipa sus críticas al régimen comunista, que se irían acentuando en su siguiente proyecto: "Había una vez un mirlo cantarín". Este film de 1971 está completamente alejado de los cánones del cine soviético de la época y parece más ligado a la nouvelle vague francesa con un protagonista que llega siempre tarde a su trabajo, persigue a las muchachas y se pasa el día charlando en un café con los amigos. Por supuesto, la película fue prohibida y determinó la salida de Iosseliani de Georgia.
Tampoco tuvo suerte el director con "Pastoral" (1976), que sólo se pudo estrenar seis años más tarde. Considerado uno de los títulos clave de su carrera, se centra en una anécdota mínima (la llegada de unos músicos de Tbilisi a un pueblo rural), para construir un relato de enorme armonía, elegancia y felicidad.
Su siguiente proyecto fue "Euzkadi été 1982" (1983), documental realizado para la televisión francesa sobre la vida campestre en el País Vasco; un año más tarde filmó otro de sus grandes trabajos, "Los favoritos de la Luna", con el que obtuvo el premio especial del jurado en Venecia. Film coral -una constante en su carrera- con gran variedad de historias de engaños y robos, este largometraje recorre desde la Revolución Francesa hasta el París contemporáneo, con personajes que van desde un traficante de armas hasta un policía, pasando por un anarquista y un herrero.
En 1989 subvierte todos los códigos y lugares comunes del género documental con "Un petit monastére en Toscane" e "Y la luz se hizo", excepcional retrato de un día en la vida de una comunidad senegalesa también premiado en Venecia. En "La caza de las mariposas" (1992) reaparece otra de las obsesiones de su filmografía como el choque de culturas. En este caso, tres japoneses representantes de una corporación intentan por todos los medios compran un castillo del siglo XVII en las afueras de París propiedad de una noble aunque decadente familia rusa.
"Seule, Géorgie" (1994) es un documental en tres partes (cuatro horas en total) sobre la historia, la cultura, la arquitectura y los avatares políticos de su país, mientras que "La mujer ha salido para engañar a su marido" lleva esas cuestiones al terreno de la ficción con tres poderosas subtramas intercaladas (las desventuras de un rey, las purgas, las delaciones y las torturas del régimen comunista, y la guerra civil reciente) que marcan el sino trágico y violento de su patria.
Así llegamos a sus dos últimas joyas, "Hogar dulce hogar", donde se lucen como pocas veces las calles parisienses y los tradicionales bistrós se convierten en cybercafés, y "Lundi matin" (2002), que le valió el premio al mejor director y el de la Fipresci en Berlín. Esta nos lleva de viaje por Italia y Grecia de la mano de un obrero que abandona su fábrica y a su familia en busca de otra vida.
Siguiendo sus huellas
- Y la luz se hizo: hoy, a las 23.45, en el Hoyts 7.
- Seule, Géorgie: hoy, a las 13.30, en el Cosmos; jueves, a las 12.15, en el Hoyts 8.
- Lundi matin: hoy, a las 11, en el Hoyts 12; martes, a las 17.15, en el Hoyts 11; miércoles, a las 17.45, en el Lorca .
- Los favoritos de la Luna: mañana, a las 12, en el Lorca.
- La mujer ha salido a engañar a su marido: mañana, a las 16, y el miércoles, a las 16.30, en el Hoyts 6.
- Un petit monastére en Toscane: martes, a las 12, y viernes, a las 18, en el Malba.
- La caza de las mariposas: martes, a las 16.15, en el Lorca.
- Había una vez un mirlo cantarín: jueves, a las 13.15, y sábado, a las 21, en el Hoyts 12.
- La caída de las hojas: viernes, a las 11.15, y el sábado, a las 16.15, en el Hoyts 12.
- Pastoral: viernes, a las 13.45, y sábado, a las 18.45, en el Hoyts 12 .





