
Los maestros del disfraz
Son "Los simuladores", cuatro expertos en solucionar a cualquier costo los problemas de sus clientes
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No son Superman, ni Robin Hood, ni Batman, ni el Chapulín Colorado, pero están dispuestos a salvarnos, sobre todo, del fatal adocenamiento que hoy por hoy padece la televisión. Porque con más creatividad que presupuesto, con menos estelaridad que eficacia, "Los simuladores" irrumpirán hoy, a las 23, en Telefé. Será el profesionalismo su arma, la imaginación su herramienta, la sofisticación su táctica, y la risa la estrategia para ganar espectadores.
Pero, en definitiva, ¿quiénes son? Serían un grupo operativo a la manera de "Misión imposible" si no fuera porque los casos internacionales están totalmente fuera de su alcance. Se parecerían a "Los ángeles de Charlie" de no ser cuatro y, además, hombres. Y recordarían al cuarteto de "Brigada A" si no fuesen, en el fondo, tipos comunes y corrientes que solucionan de forma sofisticada asuntos de carácter doméstico: el problema de impotencia de un esposo, el rescate de un padre de familia de la amenaza de un prestamista, o lograr que un señor mayor recupere su empleo.
Y estos cuatro hombres jóvenes, encarnados por Federico D´Elía, Diego Peretti, Martín Seefeld y Alejandro Fiore, con más maña que fuerza, lo lograrán. Como esta noche, en el primer capítulo, donde este equipo de expertos conseguirá lo que ni la policía ni la Justicia ni el mejor psicólogo pueden: que una esposa vuelva a enamorarse de su marido, un hombre desesperante y desesperado.
El cerebro del equipo
-¿Qué es lo que ustedes pueden hacer para que yo recupere a mi mujer? ¿Qué le van a poner, un revólver en la cabeza?
-Es una posibilidad.
-Le estoy preguntando en serio. Discúlpeme, pero es raro que usted me diga que pueden hacer algo para que yo recupere a mi mujer, ¿o no?
-Sí, es raro.
-Entonces, ¿qué hacen? ¿Un plan, una misión?
-Un operativo.
-¿Un operativo como SWAT?
-Usted trae un problema. Usted necesita que su mujer le dé una segunda oportunidad. ¿Es así?
- (Asiente.)
-Bueno, entonces, lo primero que hacemos es investigar.
-¿A quién? ¿A ella o a mí?
-A ella. A usted ya lo investigamos.
Así, frío e intrigante, es el primer contacto con Mario Santos (Federico D´Elía), el cerebro del grupo, que tomará el caso para luego ponerlo en manos del resto del equipo: el rudo Pablo Lamponne (Alejandro Fiore), el sentimental Gabriel Medina (Martín Seefeld) y el creativo Emilio Ravenna (Diego Peretti). Todos juntos: cabeza, cuerpo, corazón y espíritu de un mismo cuerpo.
Pero la fuerza de "Los simuladores" no radica en los encantos individuales de un personaje o de otro. Ni siquiera en el carácter del conjunto. Su hallazgo ha sido anteponer la calidad de la historia y del elenco (los actores invitados son gente de teatro, conocidos o no a través de trabajos televisivos), al impacto superficial. Se trata de un producto sustentado en el guión y la dirección actoral, cuyo sólido resultado está a la altura del estricto género "serie", poco explorado por la TV local, muy proclive a las "licencias".
De modo que existe otro cerebro detrás de esta organización: Damián Szifron, un director de 25 años (también está rodando "El fondo del mar", su opera prima cinematográfica), que concibió la idea, la compartió con sus amigos (los cuatro protagonistas más un sexto compinche, Esteban Student, que participa en el guión del episodio debut) y es, a juzgar por la calidad del primer capítulo exhibido a la prensa, el eje de esta alianza creativa.
Y está claro que, además de participar en la cooperativa que coproduce la serie con Telefé (el canal les paga una suma fija por entrega que dividen en partes iguales), Szifron es quien con más precisiones expone la esencia del proyecto:
-Antes de ver el primer episodio podía pensarse que "Los simuladores", en el sentido del simulacro, tenía algo de "Misión imposible".
-La idea es recuperar cierto espíritu de serie policial, de serie que diga: "El episodio de hoy es..." Pero en este caso es todo un simulacro a partir de un conflicto dramático. El abordaje que los simuladores hacen del problema, una vez que los contratan, es policial en un sentido muy clásico del estilo de "Misión imposible", porque es detectivesco tecnológico. Pero esa inteligencia es aplicada no a casos de intriga internacional sino a conflictos que tienen que ver con, por ejemplo, un tipo que quiere recuperar a su mujer. Eso da como resultado la comedia, porque ves a cuatro tipo muy serios, intercomunicándose muy sofisticadamente, al servicio de cosas domésticas para las que la policía ni los abogados ni la política tienen soluciones.
-¿Ellos cobran?
-Cobran por su trabajo. Tienen la moral del mercenario. No son ángeles de la guarda, aunque terminan siéndolo de alguna manera. Y más allá de pagar el operativo, toda la gente a la que ayudan queda en deuda con ellos. Si ayudaron a un médico y para el próximo caso necesitan una clínica, entonces el médico tiene que poner su clínica al servicio de los simuladores.
-En lo que hace a la dirección, aun para quien tiene experiencia en cine, la TV es otro mundo...
-Yo pienso en forma de cine, pero me gusta el cine practicable en la tierra, un cine con posibilidades comerciales. En TV dirijo pensando en alguien que siga el capítulo de punta a punta.
-Eso sólo sucede cuando la historia atrapa al espectador.
-Bueno, son trece capítulos y estamos pensándolos como trece películas independientes, que cierren de la mejor manera posible, que estén actuadas de la mejor manera posible, y que haya tela para cortar. La gente no está para ver pavadas. Así como hoy una persona solamente compra lo que necesita, también se da cuenta de que no necesitaba tanto. Es verdad, no puede comprar, pero se da cuenta de que no necesita todo eso que creía que la iba a hacer feliz. Con la TV pasa lo mismo. El elemento menemista de la TV o los programas de griterío hoy parecen desubicados porque la gente no está con la cabeza para mirar esas cosas.
-¿Es por razones de presupuesto que la serie maneja más el suspenso que la acción?
-Lo filmo en tono de suspenso como si fuera lo más serio del mundo para lograr, en contraste con el contenido, el tono cómico. Pero, además, el programa es muy chiquito. No tiene nada de mega ni se gasta plata en delirios. Hay algunos tiros y un poco de acción, pero no una catarata de explosiones. Y como lo que nos importa es el producto, buscamos al actor adecuado para cada personaje y no a una estrella que convoque. Los actores a los convocamos como invitados, por lo poco que pagamos, vienen contra la lectura del libro y cuando lo leen, como les gusta, lo hacen. Eso genera una energía diferente. "Los simuladores", la verdad, es poco farandulero y no hay actores que cobren 800 mil dólares al año. Es un programa hecho, en todo sentido, desde la buena fe.
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