El film, disponible en HBO Max, cuenta con la firma de un experto en nordic noir, el guionista y director islandés Thordur Palsson
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Los malditos (The Damned, Reino Unido/Islandia/Irlanda/Bélgica/2024). Dirección: Thordur Palsson. Guion: Thordur Palsson, Jamie Hannighan. Fotografía: Eli Arenson. Edición: Tony Cranstoun, Nathan Nugent. Elenco: Odessa Young, Joe Cole, Siobhan Finneran, Rory McCann, Turlough Convery. Duración: 89 minutos. Disponible en: HBO Max. Nuestra opinión: buena.
Siguiendo la línea de Robert Eggers en El faro (2019), el islandés Thordur Palsson aprovecha la geografía del Ártico para situar un cuento de horror a fines del siglo XIX. Es un poco folk horror, otro poco relato de fantasmas, y otro quizás una historia de culpa y castigo, que tiene como enclave -y eje de la historia- el punto de vista de una mujer en un mundo regido por la supervivencia y la fuerza masculina.
Lo que hace Palsson es conjugar algo de su experiencia como guionista y director del nordic noir -Los asesinatos de Valhalla- con la potencia del clima frío y la geografía inhóspita de una virgen Islandia, para sembrar el desconcierto y la creciente confusión de sus personajes, asediados por el hambre, la soledad y la intemperie, y promover una lucha por la supervivencia hasta el límite de poner en duda la propia condición humana.
Hace un año que Eva (Odessa Young) ha quedado viuda y luego de la muerte de su marido ha heredado una estación de pesca en el extremo más elevado del Ártico. Este invierno parece más duro que los anteriores y la pesca más escasa. Los cinco pescadores que habitan en la pequeña estación y se aventuran en alta mar también se emborrachan para olvidar la mala fortuna y apuestan en secreto cuánto tiempo aguantará Eva en ese desierto de hielo antes de regresar con su familia originaria. Helga (Siobhan Finneran) es la otra mujer que la acompaña, dedicada a la cocina y a la superstición, custodio de todos los amuletos del mar que compiten con la protección divina. Antes de la salida a la pesca, Eva divisa a lo lejos una embarcación dañada y pronta a hundirse. Ante el estupor por el accidente y el deber moral del rescate, el timonel Ragnar (Rory McCann) convence a la tripulación, con el apoyo de Eva, de soslayar el auxilio y preservar sus escasas provisiones y su amenazada integridad. El silencio oculta la culpa y todos se retiran a dormir.

A la mañana siguiente Eva divisa un barril con alimentos en la costa y convence al grupo de acercarse a la embarcación hundida para recoger otros restos del naufragio. Sin embargo, cuando navegan en las cercanías de promontorio que ocasionó la colisión, divisan a varios supervivientes refugiados entre las rocas. Asustados, deciden abandonar a los desesperados náufragos para evitar un posible vuelco de su embarcación. Lo que sigue es el asedio de una culpa cada vez más espesa y el inicio de una posible maldición. Es Helga, quien había anunciado la tragedia con un cuento de dos hermanos -una especie de Caín y Abel nórdicos-, la que sugiere la llegada del draugr, una criatura de la mitología nórdica, un cadáver convertido en la encarnación del Mal y en espejo de la mala conciencia de los hombres. Para alejarlo no bastarán los amuletos y será esa insidiosa pestilencia la que asedie la estación y siembre el inminente caos.
La estrategia de Los malditos es bastante previsible, pero en su favor juega una estética que declina el golpe de efecto en virtud de un progresivo estado de inquietud que tiene como punto de entrada la mente de Eva. Es ella el filtro de los acontecimientos, y a menudo nos preguntamos si lo que vemos existe o emana de su mente, alterada por la culpa, el duelo y la desesperación. A ello se suma su cercanía con Daniel (Joe Cole), quien ofrece un consuelo prohibido y pecaminoso. Al estilo de El Horla de Guy de Maupassant -con el que comparte varios elementos, desde la presencia de la embarcación, la fiebre como síntoma, y el control de la mente que ejerce la criatura-, el objetivo de Palsson consiste en sembrar en el espectador la duda constante, oscilando entre la presencia de lo infrahumano y el asedio de la locura, bajo la forma de un misterio inasible.

Lo más interesante es el ejercicio de introspección guiado por las decisiones de Eva, a menudo condicionadas por el aislamiento del lugar, la responsabilidad de una tarea que no ha elegido, la sinuosa convivencia con los pescadores -donde asoma el deseo incipiente por Daniel- y el peso del recuerdo de su marido. Lo que al inicio es un intento de afirmar su autoridad ante la demanda del timonel, luego se convierte en la propia codicia disfrazada de un bienestar común, para luego devenir en el deseo de acallar su culpa con la justificación de que no tenía alternativa. Por el contrario, lo que más desilusiona de Los malditos es su pobre resolución final, o más bien la forma torpe y poco imaginativa para dar respuesta a algo que podía haber permanecido en la ambigüedad. La vocación de vacuo realismo del cine contemporáneo a menudo anula la condición fantástica del propio lenguaje que es más que capaz de convivir con el misterio, e incluso encarnarlo.
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