
Los misterios de Fellini
Su amigo Tullio Kezich agregó nuevos datos a la historia
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Cuando hace poco hubo que aclarar por qué y cómo Pier Paolo Pasolini y Federico Fellini se habían distanciado, después de que el genio de "La dolce vita" rechazó en 1960 la posibilidad de producirle al debutante PPP el rodaje de "Accatone", ahí apareció Tullio Kezich para decir: "Yo fui testigo de esa discusión, y les voy a contar qué pasó". El veterano Kezich es algo más que el decano de los críticos cinematográficos de Italia; es la presencia y la memoria viva de casi todo lo que aconteció en los momentos clave de la cinematografía peninsular, desde la posguerra en adelante.
Amigo personal del cineasta que dejó una de las obras centrales del cine del siglo XX, publicó una voluminosa biografía, "Fellini" (Rizzoli, 1987, reeditada en 1996), que ahora se completa con un nuevo volumen que acaba de ser publicado en Roma y que se titula, más familiarmente, "Federico". Columnista del Corriere della Sera, de Milán, e incansable documentador y analista de los festivales del mundo, Kezich vive en Roma; se mantiene atento a todo lo nuevo que se produce, pero no deja de frecuentar a los próceres de la cinematografía de su país, algunos ya legendarios, como la guionista Suso Cecchi D´Amico.
Resulta inevitable convocar a este patriarca de la crítica para que nos cuente algo de su nuevo libro. En Roma son casi las diez y media de la noche y allá es otoño avanzado; el matrimonio Kezich acaba de cenar cuando llega la llamada telefónica de LA NACION a la que se prenderá fervorosamente, con su proverbial cordialidad, para revivir algunas de las experiencias que consigna en su nueva biografía del maestro que había nacido en Rimini en 1920 y que se apagó en Roma, bastante amargado por la indiferencia de los productores, en 1993.
¿Por qué volver sobre Fellini? "Es que aquel otro libro, el de 1987 -explica Kezich-, fue hecho con Federico vivo, con Giulietta viva, con los amigos vivos; ahora han desaparecido todos y entonces, con mucho respeto y sin entrar en conventilleos indiscretos, he reconstruido las imágenes verdaderas, humanas, de estos dos personajes y su entorno, y los asuntos un tanto cómicos de este matrimonio. Sobre todo tratándose de un tipo tan apasionado como F.F., que tuvo tantas oportunidades mundanas de rapport con señoras que, después, quedaron muy desilusionadas. Se trata, si se quiere, de un aspecto menor del maestro, pero entrar en estas cuestiones y en esta dimensión lo torna más humano."
La biografía anterior -hace notar el crítico- se titulaba "Fellini" y esta nueva, en cambio, "Federico", señal que delata su intención de abordar ahora un aspecto más cotidiano y familiar del personaje. Kezich ha intentado un aggiornamento ante los datos y documentos salidos a la luz en los últimos años. "Es que antes -hace notar- no se conocían tantos detalles de eso que que hoy se llama el backstage (o retroscena). Por ejemplo, que "El Sheik" ("Lo sceicco bianco", 1952) nace de un argumento de Michelangelo Antonioni, fígúrese, Fellini y Antonioni trabajando juntos. Y sobre el famoso film nunca realizado "El viaje de Mastorna" conseguí toda la correspondencia entre Fellini y De Laurentiis (con mi mujer Sandra hicimos una biografía de Dino De Laurentiis que salió el año pasado). Pude saber que el proyecto para este film nace de un cuento de Dino Buzzati, de 1938. Fellini, que a los 18 años había leído este cuento en Rimini, viajó a Milán para pedirle al autor que colaborara en la adaptación. Entonces reconstruí esa relación entre Fellini y Buzzati que desembocó en el trabajo conjunto en un guión que después, lamentablemente, no se filmó (aunque Manara lo transformó en un libro de fumetti, de historietas). Esta gravitación de la narrativa de Buzzati en su estética es algo que Federico olvidó y ésa era una tendencia suya, borrar las huellas del camino; olvidarse de la gente que lo había ayudado en la gestación era su punto débil."
Esta debilidad de F.F. ya la conocíamos por el testimonio de Marcello Mastroianni, quien lamentaba la condición de "olvidadizo" de su amigo. "Cierto -confirma ahora Kezich-, y me he ocupado de eso en el nuevo libro, en qué consistía esa rara relación entre Mastroianni y el director. F.F. celaba mucho a M.M., no toleraba que trabajara con otros directores, y sin embargo a veces deliberadamente prescindía de él. M.M. tenía que estar siempre listo para él; incluso hizo grandes sacrificios para cumplir con esa exigencia. Tuvo que renunciar a la segunda temporada teatral de "Ciao Rudy", un musical sobre Rodolfo Valentino, pagando una multa enorme para la época, porque FF. lo reclamó para filmar "El viaje de Mastorna", que después no se hizo. El actor estaba siempre a disposición suya, pero F. a un cierto punto lo abandonaba. M. hubiera hecho gustoso el protagonista de "E la nave va", aquel periodista que viaja en el barco, ve lo que ocurre y después es el único que sobrevive al naufragio. Pero M. era muy discreto, nunca se autopostulaba, se hacía desear un poco y F. finalmente tomó a aquel actor inglés, muy correcto pero que carecía de ese carácter que habría aportado el rostro de M.M. (los amigos se lo dijimos), pero él no quería incluirlo demasiado a menudo porque decía que podían pensar que era imposible un film suyo sin M.M.; esto daba fastidio y lo perjudicó más de una vez."
Era una amistad muy estrecha y muy especial; Kezich, que conocía esa relación de cerca, cuenta en su libro que, sin embargo, había una disparidad notoria en cuanto a confidencias. "Marcello tenía una vida sentimental muy complicada -puntualiza el crítico- y a Federico le divertía escuchar el anecdotario e incluso ir a cenar con el actor y sus distintas amantes. ¡Tantas veces he estado yo presente en esas cenas...! Pero en cambio Federico no contaba nada, me decía Marcello."





