
Ludivine Sagnier, la nueva elegida de Claude Chabrol
La nueva femme fatale del cine francés, de 29 años, compone a una oscura y ambiciosa mujer dividida entre dos hombres en el más reciente film del cineasta
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MILAN ( Corriere della Sera ).- Si una rubiecita de rostro algo pálido por dos ojos con algo de hipertiroidismo logra transformarse en la pantalla en una etérea "lolita" de perturbadora inocencia y erótica castidad, hay en ella estirpe de diva. Y estirpe es lo que tiene para ofrecer mademoiselle Sagnier, la divina Ludivine, como se la conoce en Francia.
En el país que la vio nacer hace 29 años -que cumplió el 3 del actual- esta joven actriz de luminosa palidez y curvas invisibles sólo en apariencia logró en muy poco tiempo convertirse en la estrella sexy de la República, la predilecta de los directores más prestigiosos: desde el mítico Alain Resnais, que la descubrió cuando apenas tenía diez años, hasta Claude Miller, artífice de su transformación en La pequeña Lili . Sin mencionar a François Ozon, su auténtico Pigmalión, que la hizo brillar en La piscina y la mezcló con superestrellas en 8 mujeres .
Después de volver a la infancia como Campanita en el Peter Pan de P. J. Hogan y exhibirse como poético fantasma romántico en Les Chansons d amour , de Christophe Honoré, Ludivine ahora se pone en manos de Claude Chabrol. El maestro del cine negro francés, el Simenon de la pantalla grande, especialista en descubrir rincones de infamia e hipocresía en medio de la serena vida provinciana.
Durante casi tres décadas, la musa cruel de las historias imaginadas por Chabrol siempre fue Isabelle Huppert. Ahora, a los 77 años, el viejo Claude coloca a Ludivine en el centro de su nuevo thriller, Una mujer partida en dos , y descubre en ella al nuevo estandarte de esa feminidad incandescente que Alfred Hitchcock utilizó mucho tiempo como fetiche. Como el maestro del suspenso, Chabrol también parece haber quedado sujeto al hechizo de las rubias.
"Chabrol conoció de verdad a Hitch. También frecuentó a Truffaut, a Godard, a Orson Welles. Es el último gran nombre de la nouvelle vague . Como nací demasiado tarde como para haber vivido esa etapa, trabajar con Chabrol fue como zambullirme en un gigantesco libro sobre el cine", dice Sagnier, y suspira casi extasiada. Se trata de un libro complejo, nada fácil de descifrar para ella. "Detrás de ese aire jovial que siempre muestra, Claude es una persona particularmente reservada. Muy sutil, muy discreta. También muy púdica", asegura.
Sin embargo, en Una mujer partida en dos , Sagnier aparece en una escena de infrecuente significado erótico. Y a Chabrol no le debe de haber resultado fácil convencerla de que aceptara rodarla. "Es que después del nacimiento de mi hija Bonnie me había prometido no volver a aparecer desnuda en una película. En el fondo, también aquí pude mantener ese compromiso, pero hay una escena que sugiere muchísimo por más que no se vea casi nada. En el fondo, esa escena es la clave de lo que significa el verdadero erotismo. Y también, por supuesto, es la clave del estilo Chabrol", subraya la actriz.
Convertida en dama oscura a partir de su propio personaje (llamado Gabrielle Deneige, una visible alusión, en francés, al frío candor de la nieve), Sagnier se zambulle en la piel de una grácil meteoróloga de un canal de televisión regional, ambiciosa hasta el punto de llevar la determinación de sus decisiones más allá de cualquier límite. Entre sus previsiones, la prioridad está ocupada por la búsqueda de un lugar laboral bajo el sol en primera fila. Para lograr su propósito, no duda en seducir a todos los que están a su alrededor y se casa con un millonario psicópata, pero termina enamorándose de un escritor de espíritu libertino.
Queda, así, como una mujer partida en dos. "Dividida entre dos hombres o, mejor, entre los dos rostros de un mismo hombre. Esto ocurre seguido en el amor, sobre todo cuando hay mujeres como Gabrielle, dispuestas a ser cortejadas todo el tiempo", dice la actriz, que parece saber bastante sobre el tema. Es que a Ludivine todo le ocurrió muy rápido: debutó en el cine a los 10 años; se fue a vivir sola a los 17; se convirtió en estrella a los 20. Y a partir de allí, los estrenos, las fotos, los viajes a los festivales de Cannes y Berlín, el contacto permanente con otros famosos...
"Los directores que más me gustan son Takeshi Kitano y Quentin Tarantino, pero sigo mucho el cine italiano. Pasolini me marcó profundamente gracias a Teorema y a El evangelio según San Mateo . También me agradan mucho Moretti, Giordana, el de La mejor juventud , y Crialese. Después de ver Nuovomondo, envidié profundamente a Charlotte Gainsbourg. Quería ocupar ese lugar."



